Capítulo 38
Lo que arde bajo la piel
Zúrich, 2022
Clara Wexler Rothmann sostenía la carta entre los dedos como si ardiera.
No lo decía en voz alta, pero algo en sus manos temblaba.
Había esperado toda la vida que alguien más se encargara del pasado; que la verdad, si es que existía, la contara otro.
Pero ahora estaba sola. Y la verdad la miraba fijamente desde el papel, desde las fotos en blanco y negro, desde los nombres impresos en tipografías olvidadas.
—Esto no puede ser verdad —murmuró.
Pero lo era.
Lo era en cada cifra, en cada firma, en cada cadáver olvidado entre los legajos.
Allí estaban los informes de ensayos clínicos realizados sin consentimiento en Europa del Este y las listas de pacientes fallecidos.
Correspondencia con altos cargos políticos.
Facturas de suministros médicos enviados a zonas de conflicto bajo nombres falsos.
Contratos con agencias de inteligencia, acuerdos de confidencialidad con gobiernos.
Un documento con el logotipo de Blackroot revelaba la existencia de un compuesto experimental: el IN-73, probado en poblaciones vulnerables sin haber sido aprobado por ninguna autoridad sanitaria.
Malik no solo había heredado el imperio. Lo había rearmado pieza por pieza. Con método. Con visión. Con una frialdad que no dejaba margen alguno para la inocencia.
Clara sintió un vacío seco bajo el esternón.
En su cabeza aún quería creer que podía hacer algo distinto, que no estaba hecha de la misma materia que los hombres de su familia.
Pero algo en su sangre la traicionaba. Un pulso antiguo.
Una sombra en la nuca. Algo que no había elegido, pero que ya la habitaba.
En el fondo de la caja, Alexander había dejado una nota manuscrita, sin fecha:
«Todo lo que ves aquí construyó tu mundo. Ahora tú decides si sigues sosteniéndolo… o lo haces arder.»
Firmaba: A. W.
Por la noche, sola en su apartamento, Clara volvió a leer la carta. Luego la rompió en pedazos. No la quemó. No la guardó. Solo dejó caer los fragmentos sobre la mesa.
Y por primera vez, comprendió el dilema de su padre.
«Ser buena no basta. No cuando has nacido con el nombre equivocado.»