Capítulo 29
EL JUEGO INVISIBLE
I. La llamada de la Organisation Gehlen
El sonido del teléfono en la mesa de trabajo de Malik quebró la rutina de la madrugada con una estridencia calculada. Al descolgar el auricular, una voz metálica, exenta de inflexiones emocionales, dictó la advertencia sin preámbulos:
—Herr Malik Wexler. Le habla el coronel Weber, de la Organisation Gehlen. Poseemos indicios fehacientes de que determinadas firmas de inversión con sede en Zúrich están canalizando activos logísticos hacia redes vinculadas al bloque oriental. Requerimos su concurso operativo.
Malik mantuvo el pulso firme.
Comprendía lo que aquella llamada significaba. Una puerta acababa de abrirse hacia circuitos de información a los que jamás habría tenido acceso por sus propios medios.
Y precisamente por eso resultaba peligrosa.
—¿Qué clase de colaboración solicitan?
—Acceso, análisis y discreción. Nada más.
Malik guardó silencio unos segundos.
—Acepto la directriz —respondió finalmente—. Con una premisa innegociable: no milito en ninguna doctrina. Opero de manera independiente.
Al otro lado del cable se extendió un silencio helado.
—Eso ya lo sabemos, Herr Wexler.
La línea quedó interrumpida.
Malik permaneció con el auricular en la mano unos instantes antes de colgar.
Había conseguido lo que buscaba: una entrada legítima en los circuitos de inteligencia de la Europa de posguerra.
Pero ignoraba todavía algo fundamental.
No era el único que estaba utilizando aquella llamada para abrir una puerta.
II. Los archivos de Claire
Días más tarde, Claire lo convocó en un modesto apartamento de la periferia de Lausana. Sobre la mesa de madera reposaba un casillero de cartón ajado por el uso, desprovisto de fotografías familiares o recuerdos sentimentales. Contenía únicamente expedientes amarillentos.
—Has llegado en el momento preciso —expresó ella con gravedad—. El alcance de la situación supera con creces el enfrentamiento personal con tu padre.
Malik examinó los documentos: nomenclaturas corporativas, balances de transferencias bancarias hacia instalaciones en América del Sur, registros farmacéuticos y contratos de ensayos clínicos avalados por filiales indirectas de la Fundación Wexler.
—¿De qué naturaleza es esta documentación? —preguntó Malik, aunque las iniciales de los expedientes ya sugerían la respuesta.
—Representa la fase oculta de la expansión de Alexander —murmuró Claire—.
No se limita al monopolio de minerales o a la especulación bursátil.
Operan sobre la manipulación biológica. Ensayos clínicos clandestinos en seres humanos, experimentación con prisioneros y desplazados políticos, todo ello protegido por la cobertura financiera de sus firmas fantasma.
Malik ojeó los folios con los nudillos blancos por la tensión. Entre los sellos oficiales reconoció marcas de autenticación corporativa que él mismo había examinado en los archivos de aduanas.
El litigio contra su padre, concebido inicialmente como una estrategia de demolición financiera, adquiría de repente una dimensión criminal que excedía cualquier cálculo personal.
Claire lo sostuvo con una mirada cargada de advertencia.
—Dispones de los medios para infiltrarte en sus centros de decisión. Pero si asumes esta ruta, la transformación será irreversible.
Malik cerró la carpeta con un golpe seco.
—En ese caso, ya me encuentro al otro lado —sentenció.
Comprendía que el dominio absoluto no residía únicamente en las reservas de lingotes ni en los arsenales convencionales. También podía construirse sobre el conocimiento de aquello que hacía vulnerable al ser humano.
—¿Por qué me revelas esta información en este momento exacto? —inquirió Malik.
—Porque necesitas conocer la dimensión real del adversario para no confundir la destrucción con la justicia —respondió Claire—. Debes destruirlo sin replicar su naturaleza.
Malik asintió.
Pero no respondió.
Guardó los documentos en el casillero y cerró el cierre metálico.
Por primera vez, la venganza dejó de ser suficiente.
Ahora tenía que decidir qué clase de hombre quería ser después de conseguirla.