La Sangre del Fiordo (Vayrkan nº 1) Capítulo 27 Vardek
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Capítulo 27 Vardek

Vardek no intentó escapar.

No podía.

Tenía las manos atadas, dos hombres vigilándolo y la nave enemiga bajo control. Aun así, mantenía la cabeza alta.

Annetha lo encontró sentado cerca de popa.

Fredh estaba con él.

—¿Ha hablado? —preguntó.

—Lo justo para no decir nada útil.

Vardek sonrió.

—No necesitáis mucho más.

Annetha se quedó frente a él.

—No.

—Entonces, ¿para qué has venido?

—Para cerrar lo que falta.

Vardek la miró.

—Creía que ya lo habías hecho.

Annetha no respondió a la provocación.

—Preguntaste por nuestras rutas.

Silencio.

—Conseguiste información sobre Vayrkan.

Nada.

—Preparaste la emboscada.

Vardek ladeó la cabeza.

—Eso dices tú.

—Naok sabía cómo escapamos.

Por primera vez, Vardek dejó de sonreír.

Muy poco.

Fue suficiente.

—No necesitaba saberlo —continuó Annetha—. Pero lo sabía.

Vardek miró a Fredh.

—Mi hijo habla demasiado.

Fredh no respondió.

Annetha sí.

—Eso nos ha ayudado.

—Siempre fue menos prudente.

No sonaba como un padre preocupado.

Sonaba como alguien evaluando un error.

Annetha sintió rechazo.

—Queríais destruir Vayrkan.

Vardek volvió a mirarla.

—Queríamos cambiar algunas cosas.

—Matándonos a todos.

—A veces las cosas no cambian solas.

Fredh dio un paso.

Annetha levantó una mano.

No quería que aquello terminara en golpes.

No lo necesitaba.

—Después sobreviví.

Vardek no dijo nada.

—Y Naok vino al fiordo.

Silencio.

—No para casarse conmigo.

—Eso dependía de ti.

—No.

Annetha se acercó un poco.

—Dependía de que yo fuera lo bastante ingenua para creer que él quería ser mi marido y no mi dueño. Vardek sonrió otra vez.

—Tu padre te enseñó demasiadas cosas.

Annetha sintió la rabia.

La dejó pasar.

—Mi padre no tiene nada que ver con que fueras incapaz de entenderme.

—Gorghot era previsible.

Fredh se tensó.

Annetha mantuvo la voz baja.

—Y aun así sobrevivimos.

Eso borró la sonrisa de Vardek.

—Por suerte.

—No.

Annetha negó.

—Por hombres que hicieron su trabajo. Por una nave que respondió. Por una tripulación que no se rompió. Miró a Fredh.

—Y porque tu plan no era tan perfecto como creías.

Vardek apartó la vista.

Annetha continuó:

—También preguntaste por mi madre.

Él volvió a mirarla.

—No hice nada.

—Porque no tuviste tiempo.

—Entonces no puedes acusarme de algo que no ocurrió. —No necesito hacerlo.

Annetha lo observó.

—Lo que sí ocurrió basta.

Vardek guardó silencio.

No iba a confesar más.

Tampoco hacía falta.

Las piezas estaban ahí.

Emboscada.

Información previa.

Naok.

El incendio.

La huida.

Los hombres.

Las embarcaciones.

Todo apuntaba al mismo lugar.

Fredh habló.

—¿Algo más?

Annetha negó.

—No.

Vardek soltó una risa corta.

—¿Eso es todo?

—Sí.

Se volvió.

—Esperaba más.

Ella se detuvo.

No giró.

—Ese ha sido tu problema desde el principio. Vardek calló.

Annetha siguió hacia Hakon.

Seguía consciente.

Eso bastaba por ahora.

—¿Cómo está? —preguntó.

El hombre que lo atendía negó con la cabeza.

—Necesita llegar al fiordo.

Annetha miró a Jhoserk.

—¿Cuánto?

—Menos que antes.

—No es una respuesta.

—Es la única que tengo.

Annetha asintió.

—Entonces seguimos.

Vayrkan puso rumbo a casa.

Esta vez llevaba prisioneros.

Vardek.

Sus hombres supervivientes.

Y una nave enemiga asegurada detrás.

No había celebración.

Tampoco alivio completo.

Todavía faltaba demasiado.

Hakon.

Naok.

La sentencia.

El daño del incendio.

Los muertos de la emboscada.

Gorghot.

Pero el enemigo ya no estaba fuera.

Horas después aparecieron las montañas.

Annetha las vio antes que nadie se lo dijera.

El fiordo.

Otra vez.

La tripulación cambió de ánimo.

Muy poco.

Solo lo suficiente para notarlo.

Hakon abrió los ojos cuando el agua empezó a calmarse. —¿Llegamos?

Annetha estaba junto a él.

—Sí.

—Bien.

—No intentes moverte.

—No pensaba.

Ella lo miró.

—Eso sí sería nuevo.

Hakon sonrió apenas.

Fredh se acercó.

—El muelle ya nos ha visto.

Annetha levantó la cabeza.

Había gente reuniéndose.

Entre ellos distinguió movimiento rápido.

Sanadores.

—Que suban en cuanto atraquemos.

—Ya están preparados.

Vayrkan tocó tierra.

Los sanadores entraron.

Annetha se apartó solo lo necesario para dejarlos trabajar con Hakon. Después miró hacia Vardek.

Lo bajaron vigilado.

La gente lo observó.

No hubo gritos.

No todavía.

Naok seguía preso en el asentamiento.

Padre e hijo volverían a estar juntos.

Pero esta vez ninguno tenía plan.

Ni salida.

Ni acceso a Annetha o Mharilya.

Fredh se quedó a su lado.

—Se acabó.

Annetha miró a Vardek mientras se lo llevaban.

—La lucha sí.

Fredh asintió.

—Queda lo demás.

Annetha volvió la vista hacia Hakon.

Los sanadores ya lo trasladaban.

—Sí.

Quedaba lo demás.

Vardek había sido detenido.

Naok seguía preso.

La verdad estaba casi completa.

Y por primera vez desde la emboscada, el hombre responsable de la muerte de Gorghot estaba dentro del fiordo.

No como vencedor.

Como prisionero.

PARTE V

LO QUE HACEMOS CON LO HEREDADO