Capítulo 25 El precio de proteger
La primera flecha cayó corta.
La segunda golpeó la borda.
—¡Escudos! —ordenó Annetha.
La cubierta se cerró.
Fredh tomó el centro.
Jhoserk mantuvo la nave en ángulo.
Vardek había dejado de huir.
Su embarcación giraba ahora para presentar el costado. —Quiere obligarnos a frenar —dijo Jhoserk. Annetha lo vio.
—No frenamos.
Fredh la miró.
—¿Abordamos?
—Todavía no.
Vayrkan siguió avanzando.
La distancia disminuyó.
Otra lluvia de flechas.
Una golpeó un escudo.
Otra desapareció en el agua.
Annetha mantuvo la vista en la nave enemiga. Había más hombres de los que esperaba.
No demasiados.
Los suficientes.
—Nos está esperando —dijo Fredh.
—Que espere.
La embarcación de Vardek empezó a moverse otra vez. Jhoserk frunció el ceño.
—Va hacia las rocas.
Annetha miró la costa.
—¿Puede pasar?
—Él sí.
—¿Nosotros?
Jhoserk tardó un instante.
—También. Pero tendremos menos espacio.
Fredh entendió.
—Quiere quitarnos la maniobra.
Annetha tomó la decisión.
—No entramos detrás de él.
Jhoserk la miró.
—Entonces puede escapar.
—No si le cerramos la salida.
Señaló hacia el exterior de la ensenada.
—Lo rodeamos.
Fredh asintió.
—Bien.
Vayrkan corrigió.
La nave enemiga desapareció parcialmente tras una formación rocosa. Annetha sintió la urgencia.
No cedió.
—Mantén distancia —dijo a Jhoserk.
—Eso hago.
Vayrkan avanzó paralela a la costa.
Durante unos momentos perdieron de vista a Vardek.
Después apareció.
Exactamente donde Annetha esperaba.
La nave enemiga intentó salir de la ensenada.
Se encontró con ellos.
Fredh sonrió.
—Ahora sí.
Annetha levantó la voz.
—¡Preparados!
Los hombres ocuparon sus puestos.
Hakon estaba con Fredh.
Espada en mano.
La herida del hombro parecía olvidada.
Annetha lo vio.
No dijo nada.
No podía dirigir el combate pensando solo en él.
Las naves se acercaron.
Esta vez no hubo engaño.
El choque llegó de frente.
Madera contra madera.
Ganchos sobre la borda.
Gritos.
Annetha desenvainó las dagas.
—¡No dejéis que entren!
El primer hombre saltó.
Fredh lo recibió.
Hakon cubrió su lado.
Annetha avanzó hacia otro atacante.
Una lanza.
Retrocedió.
La punta pasó cerca.
Esperó el segundo movimiento.
Entró.
La daga larga alcanzó el costado.
El hombre cayó hacia atrás.
No miró más.
La cubierta se llenó de lucha.
No era ordenada.
Nunca lo era.
Annetha gritó una instrucción hacia popa.
Un grupo respondió.
Jhoserk intentaba mantener Vayrkan fuera de las rocas mientras los cascos seguían unidos. —¡Fredh!
Él volvió la cabeza.
—¡Corta los ganchos de proa!
Fredh empujó a un hombre y llamó a dos tripulantes.
Hakon cubrió el hueco.
Annetha vio movimiento en la nave contraria.
Un grupo trataba de llevar algo hacia popa.
—Vardek está ahí.
Fredh miró.
—Lo veo.
Un hombre apareció delante de ellos.
Después otro.
La presión aumentó.
Annetha bloqueó un golpe con la daga corta.
Dolor en la muñeca.
Respondió con la larga.
Retrocedió.
No podía quedarse atrapada.
—¡Espacio!
La tripulación empezó a recuperar terreno.
Uno de los ganchos cayó.
Después otro.
Las naves se separaron unos palmos.
Jhoserk gritó:
—¡Annetha!
Ella miró.
La corriente estaba empujándolos hacia roca.
—¡Más fuera!
—Necesito espacio.
—Créalo.
Jhoserk actuó.
Los remos de un lado entraron.
Vayrkan giró.
La nave de Vardek intentó aprovecharlo.
Fredh lo vio.
—¡Van a embestir!
Annetha giró.
La otra proa venía hacia ellos.
No para romper Vayrkan.
Para empujarlos contra la roca.
—¡Remos a babor!
Los hombres reaccionaron.
Demasiado lento.
El impacto llegó.
Annetha cayó de rodillas.
Una cuerda se soltó.
Parte del aparejo cedió.
Algo pesado cayó desde arriba.
Un tripulante gritó.
Annetha levantó la cabeza.
Una pieza pesada del aparejo colgaba suelta sobre cubierta. Si terminaba de romperse, alcanzaría a Fredh, al hombre que estaba ayudando y a dos remeros que aún intentaban sacar a Vayrkan de la línea de las rocas.
—¡Fuera de ahí!
La mayoría retrocedió.
Fredh no.
Estaba ayudando a un hombre caído.
Hakon lo vio.
Corrió.
—¡Fredh!
La madera cedió.
Hakon empujó a Fredh y al tripulante caído fuera de la trayectoria.
Con el impulso logró desviar también el extremo de la pieza lo suficiente para que no cayera sobre los remeros.
Hakon no tuvo tiempo.
La pieza lo golpeó.
El sonido fue seco.
Hakon cayó.
Annetha lo vio.
Todo dentro de ella se detuvo.
Solo dentro.
La cubierta siguió moviéndose.
Los hombres siguieron luchando.
Jhoserk gritó algo.
Fredh se levantó.
—¡Hakon!
Annetha dio un paso.
Se obligó a detenerse.
No.
No podía.
—¡Fredh!
Él la miró.
—¡Sácalo de ahí!
Fredh entendió.
Dos hombres fueron con él.
Annetha giró hacia Jhoserk.
—¡Fuera de las rocas!
—Lo intento.
—No lo intentes. Hazlo.
Vayrkan volvió a moverse.
La nave enemiga intentó otro golpe.
Annetha vio la maniobra.
—¡Ahora!
Los remos entraron.
Esta vez Vayrkan giró antes.
El enemigo pasó demasiado.
Fredh apareció otra vez.
Tenía sangre en la cara.
—Está vivo.
Annetha sintió el golpe de esas palabras.
No podía permitirse más.
—¿Puede moverse?
—No sé.
—Que lo atiendan.
Fredh asintió.
—¿Y nosotros?
Annetha miró la nave de Vardek.
Habían perdido posición.
Pero también la habían ganado.
El barco enemigo había quedado peor orientado. —Ahora abordamos nosotros.
Fredh sonrió sin alegría.
—Eso quería oír.
Annetha levantó la voz.
—¡Conmigo!
Los Whalfaye avanzaron.
Esta vez fueron ellos quienes lanzaron los ganchos. Las naves volvieron a unirse.
Annetha saltó.
Cayó sobre cubierta enemiga.
Fredh detrás.
Otros hombres los siguieron.
El combate fue corto.
Más brutal por eso.
Los hombres de Vardek estaban cansados. Habían perdido el control de la posición.
Uno soltó el arma.
Otro intentó llegar a popa.
Fredh lo derribó.
Annetha avanzó.
Entonces lo vio.
Vardek.
No necesitó que nadie se lo señalara.
Estaba cerca del timón, rodeado de dos hombres. Intentaba alcanzar una pequeña embarcación auxiliar. —¡Vardek!
Él volvió la cabeza.
Por primera vez se miraron.
Annetha sintió la rabia.
Gorghot.
La lanza.
El fuego.
Naok.
Todo estaba allí.
No corrió.
No perdió la cabeza.
Señaló a los hombres con ella.
—Cerradle el paso.
Fredh se movió por un lado.
Dos tripulantes por el otro.
Vardek entendió que no saldría.
Sacó un arma.
Annetha levantó las dagas.
—No hace falta.
—Para ti quizá.
Vardek avanzó.
No llegó lejos.
Fredh bloqueó el primer golpe.
Annetha entró por el costado.
La daga corta desvió su muñeca.
La larga quedó en su garganta.
—Suéltala.
Vardek respiraba con fuerza.
—Mátame.
Annetha sostuvo la hoja.
Durante un instante quiso hacerlo.
Mucho.
Después recordó que Hakon estaba tendido en Vayrkan. Que Fredh seguía allí.
Que su gente esperaba órdenes.
—No.
Vardek sonrió con desprecio.
—No tienes valor.
Annetha apartó su arma de una patada.
—No sabes nada de lo que tengo.
Fredh lo sujetó.
Los últimos hombres enemigos empezaron a rendirse. Annetha miró hacia Vayrkan.
Hakon seguía en el suelo.
Aquello acabó con todo lo demás.
—Asegurad a Vardek.
Fredh asintió.
Annetha volvió a su nave.
Saltó la distancia entre ambas cubiertas.
Casi corrió hacia Hakon.
Se detuvo a mitad.
Jhoserk estaba llamándola.
—¡Annetha!
Ella se volvió.
—¿Qué?
—Seguimos demasiado cerca de las rocas.
Annetha cerró los ojos un instante.
Solo uno.
Después miró a Hakon.
Vivo.
No sabía cuánto.
Volvió hacia el timón.
—Primero la nave.
La voz le salió rota.
Pero la orden salió.
Y Vayrkan volvió a obedecer.