Capítulo 24 Vayrkan sale de caza
Vayrkan dejó atrás el muelle con rapidez.
No hubo despedidas.
Tampoco tiempo para ellas.
Annetha permaneció cerca de popa mientras Jhoserk seguía la línea de costa y Fredh terminaba de distribuir a los hombres.
Hakon ocupó su lugar entre la tripulación.
Nada más.
Sin puesto.
Sin trato especial.
Annetha lo agradeció.
—Rumbo —dijo.
Jhoserk señaló hacia el norte.
—Si mantienen la costa, tenemos ventaja.
—¿Y si se abren al mar?
—Los veremos antes, pero será más difícil alcanzarlos.
Fredh se acercó.
—La gente está lista.
Annetha miró la cubierta.
Armas aseguradas.
Remos preparados.
Cuerdas revisadas.
No necesitaba preguntar tres veces.
—Mantenemos velocidad mientras podamos.
Jhoserk asintió.
La vela estaba bien tomada por el viento.
Vayrkan avanzó.
Durante la primera hora no encontraron nada.
Annetha no se impacientó.
Eso también había cambiado.
Observó la costa.
Entradas pequeñas.
Roca.
Bosque.
Puntos donde una embarcación podía desaparecer durante un rato.
—¿Dónde lo esconderías? —preguntó a Jhoserk.
Él señaló una ensenada más adelante.
—Ahí podría intentarlo.
—¿Y después?
—Tendría que salir otra vez.
Fredh escuchaba.
—No puede quedarse escondido para siempre.
—No quiere esconderse —dijo Annetha—. Quiere ganar distancia. Jhoserk asintió.
—Eso creo.
Annetha miró hacia delante.
—Entonces no entramos en cada rincón.
Fredh sonrió apenas.
—Bien.
—¿Qué?
—Nada.
—Esa cara.
—Otra vez con mi cara.
Annetha lo ignoró.
Pasaron la ensenada.
No había nave.
Siguieron.
El viento cambió un poco.
Jhoserk corrigió la vela.
Annetha dejó que lo hiciera sin intervenir.
Hakon estaba más adelante, ayudando con una cuerda. Fredh lo llamó.
—Más tensión.
Hakon ajustó.
—Así.
—Un poco más.
—¿Quieres hacerlo tú?
—Quiero que lo hagas bien.
Hakon tiró otra vez.
Fredh asintió.
—Ahora sí.
Annetha los oyó.
No dijo nada.
Aquella era la posición que quería para Hakon.
Trabajando como cualquier otro.
Si algún día ocupaba otro lugar, tendría que ganárselo. Una voz sonó desde proa.
—¡Vela!
Todos miraron.
A lo lejos, cerca de la costa, aparecía una embarcación. Jhoserk entrecerró los ojos.
—Podría ser.
Annetha se acercó.
—¿Distancia?
—La suficiente para que aún no nos hayan visto bien. Fredh miró hacia la nave.
—Si es Vardek, intentará correr.
—Entonces no le regalamos la advertencia.
Annetha dio la orden de reducir un poco la vela.
Fredh la miró.
—¿Menos velocidad?
—Durante un rato.
—¿Para qué?
—Si nos ve venir a toda vela, sabrá exactamente qué queremos. Jhoserk sonrió.
—Tiene sentido.
Annetha miró hacia él.
—No saques conclusiones.
Mantuvieron distancia.
La embarcación siguió su rumbo.
Jhoserk observó durante varios minutos.
—Es del tamaño esperado.
Fredh añadió:
—Y va cargada.
Annetha lo vio también.
La nave se movía más pesada de lo normal.
—Nos acercamos.
Esta vez Vayrkan ganó velocidad.
La distancia empezó a reducirse.
La otra embarcación tardó poco en reaccionar.
Cambió rumbo.
—Ya nos han visto —dijo Fredh.
—Bien.
Annetha miró a Jhoserk.
—¿Qué opciones tiene?
—Si mantiene costa, podemos cerrarlo antes.
—¿Y si sale fuera?
—Tendrá más espacio.
Annetha tomó la decisión.
—Lo empujamos hacia tierra.
Fredh empezó a dar instrucciones.
Vayrkan corrigió.
La nave de Vardek hizo lo mismo.
Annetha sonrió sin humor.
—Es él.
—Parece —dijo Jhoserk.
—No parece.
Annetha señaló el cambio de rumbo.
—Está huyendo.
La cubierta se preparó.
Escudos.
Armas.
Nada de gritos innecesarios.
Hakon se acercó.
—¿Dónde me quieres?
—Con Fredh.
Él asintió.
—Y recuerda lo que te dije.
—Obedecer.
—Exacto.
Hakon se marchó.
Fredh lo recibió sin ceremonia.
Annetha volvió la vista al frente.
La distancia era menor.
Ya podía distinguir hombres sobre la otra cubierta.
Aún no a Vardek.
Pero estaba allí.
Tenía que estar.
Vayrkan siguió ganando terreno.
Por primera vez desde la muerte de Gorghot, Annetha no pensó en cómo habría hecho él aquella maniobra. No necesitaba hacerlo.
Jhoserk le daba distancia y rumbo.
Fredh coordinaba a la tripulación.
Ella decidía.
Vayrkan respondió a cada orden.
No era ya la nave de Gorghot llevada por su hija.
Era Vayrkan bajo el mando de Annetha.
Y aquella vez no salía a buscar supervivientes.
Salía a impedir que el hombre que había matado a su padre desapareciera.