La Sangre del Fiordo (Vayrkan nº 1) Capítulo 22 Todavía estoy vivo
67%

Capítulo 22 Todavía estoy vivo

Hakon estaba terminando de ajustar una correa cuando Annetha lo encontró junto a Vayrkan. —Fredh dice que saldremos pronto.

—Fredh habla demasiado.

—Eso también lo dice él de ti.

Annetha se apoyó en la borda.

—Entonces está aprendiendo.

Hakon sonrió.

La herida del hombro seguía molestándole. Annetha lo notaba cuando levantaba el brazo demasiado rápido o cuando creía que nadie estaba mirando.

—Deberías descansar.

—Estoy descansando.

—Estás trabajando.

—Despacio.

—Eso no lo convierte en descanso.

Hakon terminó con la correa y la dejó a un lado.

—¿Has venido a vigilarme?

—No.

—Qué decepción.

Annetha lo miró.

Desde la conversación con Mharilya algo había cambiado.

No en Hakon.

En ella.

Ya no intentaba buscar una explicación cada vez que él se acercaba demasiado o cuando le sorprendía mirándolo.

Lo deseaba.

Había aceptado eso.

No significaba que supiera qué hacer con ello.

—¿Qué? —preguntó Hakon.

—Nada.

—Llevas un rato mirándome.

Annetha apartó la vista.

—Estaba pensando.

—Eso explica la cara.

—Ten cuidado.

Hakon se acercó un poco.

—¿Con qué?

—Conmigo.

Él levantó las cejas.

—Eso suena bastante serio.

Annetha lo miró.

Había humor en su expresión.

Pero no solo eso.

Los dos llevaban demasiado tiempo moviéndose alrededor de algo que ya era evidente. —¿Sigues pensando en marcharte? —preguntó ella.

Hakon perdió parte de la sonrisa.

—A veces.

La respuesta le molestó.

—Podrías decir que no.

—Podría mentir.

Annetha cruzó los brazos.

—Siempre eres así de útil.

—Lo intento.

Hakon la observó unos segundos.

—También pienso en quedarme.

Annetha no respondió.

—Eso parece gustarte más.

No necesitaba responder; la expresión bastó.

—No hace falta.

Él dio otro paso.

Annetha permaneció donde estaba.

—No te emociones —dijo.

—Todavía no.

La frase la hizo sonreír.

Fue entonces.

Hakon se inclinó y la besó.

Rápido.

Apenas un contacto.

Cuando se apartó, Annetha seguía inmóvil.

Lo miró.

Hakon pareció decidir que quizá había cometido un error.

—Bueno.

Annetha entrecerró los ojos.

—¿Bueno?

—Todavía estoy vivo.

Ella le dio un empujón en el pecho.

No fuerte.

—Eres idiota.

Hakon soltó una risa.

—Eso no suena a que quieras matarme.

—No saques conclusiones.

Annetha sentía el corazón demasiado rápido.

Y lo peor era que quería que volviera a hacerlo.

Hakon la miró.

Esta vez no avanzó.

—¿Me he equivocado?

Annetha podría haber aprovechado la pregunta.

Podría haber retrocedido.

Cerrar aquello.

Decirle que no.

No lo hizo.

—No.

Hakon esperó.

—Pero no vuelvas a hacer eso sin avisar.

—¿Avisarte?

—Sí.

—¿Cómo?

Annetha frunció el ceño.

—No sé.

—Entonces va a ser complicado.

Ella intentó mantener la expresión seria.

No pudo.

Hakon sonrió al verla.

Annetha señaló su hombro.

—Y sigues herido.

—Eso no tiene relación.

—Todo tiene relación cuando te empeñas en comportarte como si nada pudiera hacerte daño. Hakon bajó la mirada un instante.

—Me salvé.

—Esta vez.

—Annetha.

—No.

La ligereza desapareció.

—Te metiste entre fuego y madera sin pensar.

—Tu madre estaba allí.

—Lo sé.

—Lo volvería a hacer.

Annetha apretó la mandíbula.

—Ese es el problema.

Hakon la miró.

—No quería que le ocurriera nada.

—Yo tampoco.

—Entonces entiendes por qué fui.

—Entiendo por qué.

Annetha sostuvo su mirada.

—No significa que me guste.

Él asintió despacio.

—Bien.

—¿Bien?

—Estoy intentando aprender.

Annetha recordó lo que él le había enseñado con la espada. Distancia.

No entrar siempre de frente.

Quizá Hakon también tenía cosas que aprender. —Hazlo —dijo.

—Lo intentaré.

Hubo un silencio.

Esta vez cómodo.

Hakon miró hacia Vayrkan.

—¿Vas a perseguir a Vardek?

—Si confirma que intenta huir.

—Voy contigo.

Annetha giró la cabeza.

—Eso no lo decides tú.

—Lo sé.

—Entonces no lo anuncies como si estuviera decidido. Hakon sonrió.

—¿Puedo pedirlo?

—Sí.

—Quiero ir contigo.

Annetha lo observó.

No quería que fuera.

Precisamente porque quería que fuera.

Porque ahora conocía demasiado bien el miedo a verlo caer.

—Lo pensaré.

Hakon asintió.

—Eso es más de lo que esperaba.

—No abuses.

Annetha empezó a alejarse.

—Annetha.

Se volvió.

Hakon tenía otra vez aquella expresión divertida.

—¿Qué?

—La próxima vez avisaré.

Ella lo miró durante dos segundos.

—La próxima vez puede que no te dé tiempo.

Hakon dejó de sonreír.

Annetha siguió caminando.

Solo cuando estuvo suficientemente lejos permitió que apareciera la sonrisa que llevaba conteniendo desde el beso.