Capítulo 18 También iban a matarnos
Annetha encontró a Jhoserk en Vayrkan.
Estaba revisando una cuerda nueva cuando ella subió a bordo. Levantó la vista.
—Fredh me lo ha contado.
Annetha se detuvo.
—¿Todo?
—Lo suficiente.
Jhoserk dejó la cuerda.
—Naok sabía cómo salimos del cerco.
—Sí.
—Eso no estaba fuera de esta tripulación.
—No.
Jhoserk miró hacia cubierta.
Las tablas habían sido reparadas, pero algunas marcas del ataque seguían allí. —Entonces estuvo allí.
—O alguien que estuvo se lo contó.
—No cambia mucho.
Annetha apoyó una mano sobre la borda.
—Cambia si queremos saber quién más participó.
Jhoserk asintió.
Fredh apareció poco después.
Había ido a comprobar que Naok continuaba vigilado.
—Sigue sin hablar.
—No esperaba que lo hiciera —dijo Annetha.
Fredh se colocó junto a ellos.
Durante unos segundos ninguno dijo nada.
La nave estaba tranquila.
Eso hacía más fácil recordar cómo había sido aquel día.
Annetha miró hacia popa.
Allí había caído Gorghot.
—No buscaban a mi padre.
Fredh la miró.
—No solo a él.
Annetha apretó la borda.
—Querían destruir Vayrkan.
Jhoserk asintió.
—Y a quienes íbamos a bordo.
—A todos.
La palabra quedó flotando entre ellos.
Fredh apartó la vista.
—A ti también.
Annetha lo sabía.
Aun así, oírlo fue distinto.
Ella había sido la heredera de Gorghot.
Matarla junto a él habría dejado el señorío sin sucesión directa.
Pero Fredh no era heredero de nada.
Jhoserk tampoco.
Los demás tripulantes, menos aún.
—¿Por qué vosotros? —preguntó.
Fredh volvió la cabeza.
—¿Qué?
—Si querían matar a Gorghot y a mí, ¿por qué arriesgarse a destruir toda la tripulación? Jhoserk respondió primero.
—Para que nadie regresara.
—Eso también.
Fredh frunció el ceño.
—O porque Vayrkan sin su tripulación no era la misma amenaza.
Annetha pensó en ello.
Gorghot.
Fredh.
Jhoserk.
Hombres que llevaban años navegando juntos.
Una nave conocida fuera del fiordo.
No habían intentado descabezar solo a una familia.
Habían intentado borrar una parte entera de los Whalfaye.
La rabia llegó despacio.
Peor así.
—Voy a volver con Naok.
Fredh se interpuso.
—No.
—Apártate.
—No hasta que me escuches.
—Ya lo hemos escuchado bastante.
—Precisamente.
Annetha dio un paso hacia él.
—Ese hombre ayudó a matar a mi padre.
—Probablemente.
—Sabía cómo escapamos.
—Sí.
—Y anoche intentó quemar el asentamiento.
—También.
—Entonces no entiendo qué estás defendiendo.
Fredh no se movió.
—No lo defiendo.
Su voz era baja.
—Te estoy frenando a ti.
Annetha sintió un golpe de ira.
—No necesito que me frenes.
—Ahora mismo sí.
Jhoserk no intervino.
Annetha miró a Fredh.
—¿Qué quieres que haga? ¿Esperar a que decida confesarnos todo?
—Quiero que averigüemos con quién estaba.
—Puedo obligarlo a hablar.
Fredh sostuvo su mirada.
—¿Y si miente?
Annetha calló.
—¿Y si te da un nombre solo para que dejes de presionarlo?
Ella no respondió.
Fredh continuó:
—Sabemos que no actuó solo. Sabemos que conocía la emboscada. Eso ya es más de lo que teníamos ayer. Annetha apartó la mirada.
No quería admitirlo.
Pero tenía razón.
—Necesitamos saber cómo consiguieron información sobre la ruta de Vayrkan —dijo Jhoserk. Annetha volvió hacia él.
—¿Cuánta gente podía conocerla?
—No demasiada antes de salir. Mucha más después de pasar por puertos.
Fredh asintió.
—Comerciantes. Marineros. Gente que nos vio.
Annetha pensó.
—Entonces empezamos por ahí.
Fredh relajó los hombros.
Muy poco.
—Sí.
—Quiero saber quién sabía que Vayrkan regresaba por aquella costa. Quién preguntó por nosotros. Quién pudo seguir nuestros movimientos.
—Eso llevará tiempo.
—El necesario.
Fredh la observó.
Annetha lo notó.
—¿Qué?
—Nada.
—Habla.
—Hace unas semanas ya habrías entrado ahí y habrías intentado arrancarle respuestas. Annetha lo miró.
—Sigo queriendo hacerlo.
—Pero no lo vas a hacer.
Ella volvió la vista hacia la puerta del almacén donde Naok permanecía preso, visible desde parte del muelle.
—No.
La palabra le costó.
—Primero quiero saber quién está detrás.
Jhoserk recogió la cuerda.
—Eso parece más útil.
Annetha señaló hacia él.
—No empieces tú también.
Por primera vez desde que habían subido a bordo, Fredh sonrió.
Duró poco.
Annetha volvió a mirar Vayrkan.
La emboscada ya no era un recuerdo aislado.
Tenía una intención.
Una preparación.
Personas detrás.
Y una pregunta que hasta entonces no habían sabido que debían hacerse.
Quién había querido que ninguno de ellos regresara al fiordo.
Annetha soltó la borda.
—Empezamos hoy.
Fredh asintió.
—¿Por dónde?
Ella miró a Jhoserk.
—Por la ruta.
Después a Fredh.
—Y por todos los lugares donde alguien pudo saber que Vayrkan iba a pasar por allí. Esta vez no iba a correr detrás de la primera respuesta.
Iba a encontrar la correcta.