Capítulo 10 Naok
Naok llegó al día siguiente.
Annetha lo recibió en la misma estancia.
Esta vez Fredh no estaba.
Mharilya sí.
Naok parecía haber preparado bien la visita.
Vestía con cuidado, hablaba con seguridad y sabía cuándo sonreír. No había nada en él que resultara desagradable de inmediato.
Eso hizo que Annetha prestara más atención.
—Mi padre habla bien de los Whalfaye —dijo Naok.
—¿Ha estado aquí?
—Hace años.
Annetha asintió.
—¿Y tú?
—No.
—Entonces tendrás que formarte tu propia opinión.
Naok sonrió.
—Eso espero.
La conversación empezó de manera fácil.
Familia.
Trabajo.
Viajes.
Naok conocía el comercio costero, sabía combatir y parecía entender lo suficiente de navegación como para no presumir de más.
Annetha pensó que, al menos, no tendría que echarlo antes de terminar la primera bebida. —¿Por qué quieres casarte? —preguntó.
Naok apoyó el vaso.
—Porque llega un momento en que un hombre debe formar una casa.
—Eso suena como algo que podría decir cualquiera.
—A veces cualquiera tiene razón.
Annetha lo aceptó.
—¿Y por qué conmigo?
Naok miró el broche.
Solo un instante.
—Eres Señora.
Ahí estaba.
Annetha esperó.
—Eso ya lo sabía.
—Y yo podría serte útil.
—¿En qué?
—Gobernando.
Mharilya dejó de coser.
Annetha no apartó la vista de Naok.
—Continúa.
Él pareció interpretar el silencio como interés.
—No deberías tener que cargar sola con todo.
—No lo hago.
—Pero las decisiones importantes recaen sobre ti.
—Sí.
—Podríamos repartirlas.
Annetha apoyó los antebrazos sobre la mesa.
—¿Cómo?
Naok se inclinó un poco hacia delante.
—Tú conoces a tu gente. Yo puedo ocuparme de asuntos que quizá te resulten menos naturales. —¿Cuáles?
Él dudó.
—Defensa. Comercio. Negociaciones con otros hombres.
Annetha mantuvo la expresión neutra.
—Navego.
—Lo sé.
—Combato.
—También lo sé.
—Y comercio.
Naok sonrió.
—No he dicho que no puedas hacerlo.
—Has dicho que podrías ocuparte tú.
—Para ayudarte.
Annetha miró a su madre.
Mharilya seguía callada.
—Imaginemos que estamos casados —dijo Annetha.
Naok pareció relajarse.
—Bien.
—Hay que decidir una expedición. Jhoserk recomienda una ruta. Fredh otra posibilidad. Yo tomo una decisión.
—La hablaríamos primero.
—¿Por qué?
Naok frunció ligeramente el ceño.
—Porque seríamos marido y mujer.
—Eso no responde.
—Una decisión así afectaría a ambos.
—Afectaría a los Whalfaye.
—Y yo formaría parte de ellos.
—Como muchos otros.
Naok tardó un instante.
—No sería uno más.
—¿Qué serías?
Él sonrió de nuevo, pero esta vez la sonrisa no le gustó. —Tu marido.
—Eso no es un cargo.
El silencio cambió.
Naok se recostó.
—No hace falta convertirlo en una disputa.
—No estoy disputando nada.
—Solo digo que un matrimonio funciona mejor si ambos tienen voz. —Voz, sí.
Annetha tocó el broche con dos dedos.
—Autoridad, no.
Naok miró el gesto.
—No creo que sea sano que una sola persona decida todo. —Yo tampoco.
Él pareció sorprendido.
Annetha continuó:
—Por eso escucho a quienes saben más que yo en cada asunto. —Entonces estamos de acuerdo.
—No.
Naok dejó de sonreír.
—No veo la diferencia.
—La diferencia es que escucho y después decido.
—Eso parece bastante rígido.
—Es mi responsabilidad.
—Podría ser nuestra.
Annetha se quedó quieta.
Ahora sí.
Ya no había nada más que averiguar.
—No.
Naok frunció el ceño.
—¿No?
—No sería nuestra.
—Creo que estás entendiendo mal lo que propongo. —Lo estoy entendiendo perfectamente.
Annetha se levantó.
Naok la siguió con la mirada.
—Solo quiero estar a tu lado.
—No.
Ella señaló el lugar que él había ocupado. —Quieres estar delante.
La expresión de Naok cambió.
Muy poco.
Pero suficiente.
—Eso es injusto.
—Puede ser.
—Apenas me conoces.
—Te he preguntado cómo entiendes el matrimonio. Annetha sostuvo su mirada.
—Y has respondido.
Naok se levantó.
—Podrías pensarlo.
—Ya lo he hecho.
—Tu gente espera que elijas a alguien.
—Eso no significa que tenga que elegirte a ti. Mharilya levantó la vista.
Naok miró primero a una y luego a la otra. —Mi padre no esperaba que fueras tan difícil. Annetha sintió algo frío.
No miedo.
Rechazo.
—Entonces puedes explicarle que lo soy.
Naok apretó la mandíbula.
—No pretendía ofenderte.
—Bien.
Annetha abrió la puerta.
—Porque no habría mejorado tu situación.
Naok se quedó inmóvil un segundo.
Después salió.
Annetha cerró.
Mharilya esperó.
—¿Qué?
—Nada.
—Tienes cara de querer decir algo.
—Creo que ya has dicho bastante por las dos. Annetha volvió a sentarse.
—¿Fui demasiado rápida?
Mharilya negó.
—No.
—Podría haberse explicado mal.
—No.
Annetha soltó aire.
—Eso también pensé.
Mharilya retomó la costura.
Annetha miró la puerta.
Hakon había llegado queriendo saber quién era ella. Naok había llegado sabiendo ya qué lugar quería ocupar. Y no era a su lado.