La saga de la larga noche – Libros I, II y III XII #15
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XII #15

La carga moral era inmensa, amenazaba con quebrarlo.

Pensó en su hija, en el futuro que quería para ella, y en el futuro que podría verse obligado a elegir.

¿Y si la inacción era el pecado mayor? ¿Y si permitir que esta amenaza continuara desencadenaba una cadena de acontecimientos mucho más devastadores?

La imagen de su propia nación bajo ataque, vulnerable e indefensa, afianzó algo en su interior.

No fue una revelación repentina, sino una aceptación lenta y escalofriante.

El peso no se había aliviado; se había asentado, pesado y permanente, en sus entrañas.

Pero con ese peso llegó una claridad sombría.

No estaba eligiendo el mal menor; estaba eligiendo el único camino que ofrecía siquiera un destello de esperanza de supervivencia para su nación, para el futuro.

Era una elección trágica, una carga que llevaría para siempre.

Pero era su elección, su responsabilidad. Él era el presidente.

Un sutil pitido de su portátil seguro lo sacó de sus pensamientos. La pantalla se iluminó y se desbloqueó automáticamente mediante reconocimiento facial. Era un mensaje cifrado: un revoltijo indescifrable de caracteres llenaba los campos de remitente, asunto y cuerpo.

Sin dudarlo, activó el protocolo de seguridad. Una luz verde de escáner le barrió el iris mientras un sensor biométrico en el borde del dispositivo le leía la huella dactilar. En cuestión de segundos, el mensaje se descifró:

Kyle Foster | Consulta al Congreso - URGENTE Sr. Presidente, plan discutido con los líderes. Aprobado por unanimidad. Solicitamos que el plan se use solo como último recurso, pero siempre priorizando la seguridad de nuestra nación.

Con una respiración profunda y estremecida, un sutil enderezamiento de hombros —no en triunfo, sino en sombría aceptación—, se volvió y salió de la habitación, cada paso cargado con el peso del mundo.

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USS Sequoia - Mensaje Cifrado

DE: Comando de Mount Weather ASUNTO: Operación SILENT CURRENT - Orden de Ejecución PARA: USS SEQUOIA.- CAPITÁN JAMES MITCHELL CLASIFICACIÓN: ALTO SECRETO // EXCLUSIVO DESTINATARIO

Capitán Mitchell,

El presente mensaje constituye su ORDEN DE EJECUCIÓN para la Operación SILENT CURRENT. Queda autorizado para desplegar una ojiva W88 modificada conforme a las siguientes instrucciones:

1 - OBJETIVO: Punto ALFA (coordenadas transmitidas por canal SPECAT independiente).

2 - CONDICIONES AMBIENTALES: Temperatura del agua: 14 °C. Corriente: 3 nudos, dirección este. Propagación acústica: óptima para los parámetros de la misión.

3 - ARMA: Ojiva W88 modificada (tubo n.º 2). Confirmar que el número de ensamblaje de la ojiva coincide con el código de verificación NOVEMBER-DELTA-858-XRAY.

4 - PARÁMETROS DE DESPLIEGUE:

Profundidad de detonación: 700 metros

Velocidad de descenso: 15,5 metros/minuto una vez superado el umbral de 90 metros

Ajuste del temporizador: 45 minutos desde el lanzamiento hasta la detonación

5 - PROCEDIMIENTO DE LANZAMIENTO:

Situar el submarino a 90 metros de profundidad

Abrir compuerta exterior del tubo dos

Ejecutar protocolo de autenticación para liberación de armas nucleares

Obtener autorización presidencial de liberación mediante EAM

Giro de llave simultáneo por dos oficiales

Arma fuera tras confirmación

6 - PROTOCOLO POSTERIOR AL LANZAMIENTO:

Abandonar inmediatamente el datum a velocidad de emergencia

Alcanzar la distancia mínima de seguridad (55 km) en un plazo de 30 minutos

Mantener una profundidad de 180 metros durante la salida

Ejecutar protocolo de comunicaciones AJCREDSA#23 DELTA

Esta operación está autorizada por Orden Presidencial y ha sido designada Prioridad Crítica de Seguridad Nacional. El éxito de la misión es imperativo.

Confirmar recepción con código de autenticación: COLDWATER-SIERRA-58-HOTEL

DESTRUIR ESTE MENSAJE TRAS SU LECTURA. NO SE AUTORIZAN COPIAS DIGITALES NI FÍSICAS.

//FIN DE TRANSMISIÓN//

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Ala Médica, Base de la Fuerza Aérea MacDill, Tampa - Mañana

Emily y Chris corrieron por los pasillos del ala médica; sus pasos resonaban contra las paredes desnudas. Por encima de ellos, el rugido de los cazas se hacía más frecuente, más urgente.

—La sala de resonancia tiene que estar por aquí —dijo Emily.

—¡Eh, alto ahí!

Se giraron y vieron a un hombre en pijama quirúrgico que salía de una puerta.

—¿Quiénes son? —preguntó, más confundido que alarmado—. ¿Qué hacen aquí?

—Dra. Winter —dijo Emily, avanzando—. Soy del Equipo Eléctrico. Y este es Chris, un cadete. Colabora con nosotros por orden del general Edwards. ¿Y usted?

—Dr. Wilson.

Bajó un poco la linterna mientras los estudiaba.

—¿Los envía el general Edwards? ¿Qué está pasando ahí fuera?

—Mire, necesitamos su ayuda con algo —dijo Emily.

—Últimamente todo el mundo parece necesitar mi ayuda... —dijo el Dr. Wilson con ironía—. Menos mi exmujer, que se largó con mi dinero... Esa no necesita ayuda de nadie...

El comentario desconcertó a Emily por un momento, pero respiró hondo y continuó.

—Necesitamos encontrar la sala de resonancia, doctor —dijo Emily—. Ya.

—Vale, tranquilos... —respondió el doctor—. Está al fondo.

—Gracias, doctor. Es todo lo que necesitamos.

—Pero me temo que han venido en balde. Está muerta desde que nos alcanzó el pulso. No hace falta que les explique que todo lo electrónico se ha frito.

—No hay problema, doctor —dijo Emily, ya en movimiento—. No necesitamos encenderla. Necesitamos lo que hay dentro.

—Un momento.

El Dr. Wilson los siguió.

—¿Quieren desmontar la resonancia? ¿En medio de todo esto? Es un equipo muy valioso.

—Lo sé, doctor. Y podría salvarnos a todos.

El Dr. Wilson retrocedió un paso.

—Necesitamos el conjunto de bobinas de gradiente y los desfasadores —explicó Emily—. De cualquier equipo de imagen que tengan.

—No pueden simplemente...

—Doc, por favor —interrumpió Chris—. Ella sabe lo que hace. Ya sé que parece absurdo, pero créame... tiene sentido... para todos.

La sala de resonancia estaba a oscuras. El Dr. Wilson empujó la puerta y los haces de las linternas rasgaron la oscuridad.

—Por aquí. Necesitaremos más luz; los generadores no están preparados para el equipo de imagen.

—No importa, doctor.

—No soy técnico —continuó el Dr. Wilson—, pero los técnicos me dijeron que la resonancia se había frito sin más. No sé muy bien qué significa eso.

—Ya lo veremos, doctor. Gracias.

Emily ya estaba examinando los paneles de acceso.

—Chris, ayúdame con esta tapa. Doctor, ¿puede indicarnos dónde se conecta el sistema de refrigeración?

Trabajaron a la luz de las linternas mientras el Dr. Wilson los guiaba por la compleja anatomía de la máquina.

—Ahí.

Emily señaló hacia el corazón de la máquina.

—Ese conjunto cilíndrico.

Un estruendo retumbó en el exterior. Se quedaron inmóviles.

—¿Qué demonios está pasando ahí fuera? —susurró Chris.

Los dedos de Emily volaban entre las conexiones, liberando metódicamente los componentes. Pese a la prisa desesperada, no podía arriesgarse a dañar su única esperanza. El doctor permaneció en la sala, sintiéndose responsable de lo que estaba ocurriendo.

—Lo tengo —anunció—. Chris, levanta a la de tres.

Juntos extrajeron el conjunto. Emily lo examinó bajo la cruda luz de la lámpara y asintió con decisión.

Una alarma empezó a sonar por toda la base: una sirena estridente que llegaba desde fuera del ala médica.

—¿Y ahora qué? —refunfuñó el Dr. Wilson. Miró por la ventana y vio gente corriendo hacia el patio central—. ¿Alarma de incendio?

Emily miró a Chris.

—Ha empezado la evacuación, Dra. Winter.

Emily asintió.

—¿Evacuación? ¿Qué demonios...? —dijo el Dr. Wilson, desconcertado.

—Gracias, doctor —dijo Emily deprisa, sin dar más explicaciones. Sus manos se detuvieron un instante—. Estas piezas... podrían marcar la diferencia entre la vida y la muerte para todos los que estamos aquí.

El doctor se limitó a asentir y los vio salir a toda prisa hacia el pasillo.

—Dra. Winter... Chris... —los llamó el Dr. Wilson. Los dos se detuvieron y se volvieron hacia él—. Pase lo que pase... cuídense.

Emily cruzó la mirada con él y esbozó una sonrisa pequeña pero sincera.

—Lo haremos, doctor. Gracias... por todo.

Salieron de la sala. Lo único que el doctor podía oír era la sirena estridente, el trueno lejano de los cazas y el bullicio de gente confundida. El tiempo se agotaba, y todos lo sentían.

371

Llamada entre el presidente Thomas Lowell y la primera ministra del Reino Unido, Amelia Langford

La línea segura crepitó y la imagen de la primera ministra Langford apareció en la pantalla de Lowell.

—Primera ministra Langford —saludó el presidente Thomas Lowell con un gesto de cabeza—. Espero que aguante el tipo.

—Presidente Lowell —respondió Amelia Langford con la misma mezcla de formalidad y familiaridad—. Nos las arreglamos.

—Quería agradecerle su apoyo durante los recientes ataques. Marcó la diferencia.

—Lograron lo necesario —dijo Langford con tono neutro—. Estamos en el mismo barco.

—¿Cómo está la situación en Europa? —preguntó Lowell.

Langford suspiró.

—Europa se está desmoronando. España y Francia lidian con conflictos internos: luchas de poder manipuladas desde fuera. Viejas divisiones están resurgiendo.

Hizo una pausa.

—Y Alemania... bueno, ambos lo sabemos.

—Sí —dijo Lowell—. Alemania está perdida.

—Exacto. Luchamos en todo el mundo mientras intentamos mantener unidos nuestros propios países.

La estática llenó el silencio momentáneo entre ellos.

—Suena diferente, Lowell —observó ella—. Esto ya no es solo por México. ¿Qué ocurre?

Lowell se recostó en la silla, con la mirada fija en el techo. Tras un momento, volvió a mirar la pantalla.

—Estados Unidos ya ha sufrido bastante —dijo, con el agotamiento evidente en la voz—. Necesitamos acabar con esta guerra. Ya.

—De acuerdo.

—Millones de estadounidenses apenas sobreviven —dijo Lowell—. Nos enfrentamos a las fuerzas aéreas de Venezuela, Ecuador y Brasil. Y ahora, además, a una amenaza biológica.

—¿Biológica?

—Sí. Mi equipo le enviará los detalles.

—Supongo que tiene un plan —insistió Langford—. Si es así, necesito oírlo.