XII #5
En las últimas 48 horas se ha identificado un patógeno biomodificado avanzado (designación: UBA-3452214) en Tampa, Florida, tras informes de muertes causadas por fallo multiorgánico fulminante.
La investigación condujo al descubrimiento de una instalación china clandestina en la ciudad que albergaba un laboratorio donde se desarrollaba esta sustancia.
Los servicios de inteligencia apuntan a una conexión directa con comunicaciones cifradas que mencionan el 12 de diciembre a las 14:00 h (hora del Este).
La instalación fue asegurada durante una operación en la que se detectaron fuerzas extranjeras hostiles, identificadas como unidades paramilitares chinas. Dichas fuerzas fueron neutralizadas conforme a los protocolos establecidos.
UBA-3452214 es un agente aerosolizado diseñado para ataques respiratorios selectivos.
Presenta una tasa de mortalidad cercana al 100 % en un plazo de 4 a 12 horas tras la exposición.
Aunque no se transmite de persona a persona, la rápida progresión y letalidad del patógeno lo convierten en una amenaza sin precedentes.
DIRECTIVAS DE ACCIÓN
1. VIGILANCIA NACIONAL E IDENTIFICACIÓN DE INSTALACIONES
Todos los mandos deben priorizar de inmediato la identificación de instalaciones susceptibles de albergar laboratorios bioquímicos.
Cada base recibirá imágenes satelitales y datos topográficos detallados de sus respectivas Áreas de Responsabilidad (AOR).
Identifiquen todas las ubicaciones en un radio de 50 kilómetros de su instalación y en las proximidades de los principales núcleos de población que puedan albergar laboratorios clandestinos similares al descubierto en Tampa.
Prioricen ubicaciones que presenten cualquiera de las siguientes características: (1) Proximidad a infraestructura existente (energía, agua, transporte), pero con signos de desuso o modificaciones inusuales.
(2) Indicios de generación de energía independiente o suplementaria (generadores, paneles solares) no conectada a la red principal.
(3) Entregas inusuales o frecuentes de equipamiento de laboratorio, productos químicos o materiales de riesgo biológico.
(4) Sistemas de ventilación incompatibles con el uso declarado de la instalación.
(5) Medidas de seguridad reforzadas incompatibles con el uso declarado de la instalación (vallado perimetral, vigilantes, sistemas de vigilancia).
(6) Actividad anómala de drones, especialmente nocturna o en zonas restringidas.
2. USO DE LA FUERZA
Se autoriza el uso de fuerza letal para neutralizar cualquier amenaza que representen individuos vinculados a UBA-3452214 o cualquier instalación sospechosa de producir o desplegar el agente. Esta medida constituye un acto de legítima defensa.
Actúen con extrema precaución para minimizar daños colaterales, pero la prioridad es eliminar la amenaza del arma biológica.
Incrementen el nivel de fuerza según sea necesario para garantizar la protección de los ciudadanos estadounidenses y prevenir bajas catastróficas.
3 . INFORMES:
Cualquier ubicación o actividad sospechosa relacionada con UBA-3452214 deberá comunicarse INMEDIATAMENTE al Estado Mayor Conjunto a través de canales seguros.
CONCLUSIONES Y PRIORIDAD
El Presidente ha sido informado y ha autorizado todas las acciones necesarias para proteger a Estados Unidos y a sus ciudadanos. La vigilancia, la acción decisiva y el compromiso inquebrantable con el deber de cada uno de ustedes son primordiales.
POR ORDEN DEL ESTADO MAYOR CONJUNTO,
General Hawley
CLASIFICACIÓN: ALTO SECRETO / INMEDIATO - EXCLUSIVO DESTINATARIO
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Comedor, Base de la Fuerza Aérea MacDill, Tampa - Amanecer
El coronel Jameson atravesaba el abarrotado comedor, zigzagueando entre soldados y civiles exhaustos. El insomnio le martilleaba las sienes. Llevaba más de treinta horas sin pegar ojo, y el descanso no parecía cercano.
Pensó en su esposa y sus cuatro hijos —dos niñas, dos niños— a salvo en sus dependencias de la base. Chloe seguramente estaría preocupada, pero cuando se marchó, más de veinticuatro horas antes, ella comprendió que no volvería hasta que la situación estuviera resuelta.
Y «resuelta» seguía siendo una perspectiva lejana.
Tras recoger su café y un cuenco de avena —nutritivo pero nada apetecible—, divisó a tres adolescentes sentados solos en un rincón: Sarah, Laura y Jack.
Sus bandejas estaban casi intactas. Sarah se encorvaba hacia delante, con los hombros encogidos en gesto protector.
Jack removía la comida con el tenedor, la mirada perdida.
Laura miraba al frente, con los ojos reflejando una desesperación silenciosa que se había vuelto demasiado familiar.
Se acercó a su mesa.
—¿Os importa si me uno?
—Claro —respondió Sarah, corriéndose para hacerle sitio.
Jameson se dejó caer en la silla, agradecido de poder sentarse. Dejó la bandeja sobre la mesa.
—¿Dónde están vuestros padres? —preguntó.
—Se quedaron en la habitación, hablando —explicó Sarah—. Nos pidieron que nos adelantáramos a desayunar.
—Esos dos tramando algo... me da escalofríos —dijo con una leve sonrisa, arrancando sonrisas similares a los tres.
Luego se volvió hacia Sarah y Laura.
—Buen trabajo, vosotras dos —dijo con tono sereno—. Ayer llegó mucha gente, pero todo salió bien gracias a ayuda como la vuestra.
Asintieron, con los ojos aún velados por temores que no se atrevían a expresar. Se volvió hacia Jack.
—Y tú, Jack, espero que hayas podido descansar algo —dijo Jameson—. Me dijeron que el médico lo recomendó. Tu padre mencionó que el viaje fue... difícil.
Jack se irguió; un destello de orgullo asomó entre su fatiga.
—Lo fue. Pero ya estoy bien —afirmó, aunque se le tensó la mandíbula y le tembló ligeramente la mano.
—John me contó lo del almacén. Demostraste auténtico valor, chico. Tu rapidez de reflejos le salvó la vida a tu padre —dijo Jameson.
A Jack se le iluminó la cara con el cumplido.
Jameson levantó el tenedor, pero se detuvo al notar que Sarah y Laura cruzaban una mirada.
—¿Coronel Jameson? —comenzó Laura, estrujando una servilleta entre los dedos.
—Jameson a secas —dijo, y le dedicó una sonrisa.
—¿Ha sabido algo sobre mi madre?
Jameson dejó el tenedor; se le había quitado el apetito.
—Todavía no. Pero tengo a alguien investigando. En cuanto sepa algo, te lo diré.
Laura intentó sonreír, pero no pudo. Se le humedecieron los ojos con lágrimas que se negaba a derramar.
Jameson se inclinó hacia ella y habló con voz suave.
—Lo más difícil es la incertidumbre. Te lleva a pensar cosas que no deberías.
Laura asintió, con los labios tan apretados que se le pusieron blancos.
—Oímos que la operación en Harbor Island fue dura —dijo Sarah. Jack le puso la mano en el hombro—. ¿Es verdad?
—Lo fue —Jameson midió sus palabras—. Pero ya terminó. Ahora estamos más seguros, en gran parte gracias a la información de vuestra vecina.
—Emma —añadió Sarah en voz baja.
—Sí, Emma. Pero no tenéis que preocuparos. Tenemos Tampa bajo control, incluida Harbor Island. Los rebeldes han desaparecido.
A Laura le tembló el labio. Jack apretó la mandíbula, luchando por aferrarse a esa sensación de seguridad.
—¿Cuántos murieron? —preguntó Jack a bocajarro.
Jameson le aguantó la mirada.
—No te voy a mentir. Hubo bajas importantes. No tengo cifras exactas, pero la mayoría salió ilesa.
Los adolescentes bajaron la mirada.
—Los soldados siguen trabajando en la zona. Tendré cifras más precisas después —señaló su uniforme arrugado con una leve sonrisa autocrítica.
Comieron en silencio durante un rato; el simple hecho de compartir la mesa les proporcionaba un consuelo que las palabras no podían ofrecer.
Jack levantó la vista, con la cuchara suspendida sobre el cuenco.
—¿Sabemos de verdad qué va a pasar a las dos de la tarde? ¿Estamos a salvo?
Jameson notó que varios soldados cercanos aguardaban su respuesta, con sus propios temores reflejados en la tensión de sus cuerpos. Sopesó bien sus palabras.
—No tienes que preocuparte, Jack —dijo, con más convicción de la que sentía—. Ninguno de vosotros. Esta noche estaréis en casa, sanos y salvos.
Intercambiaron miradas preocupadas, deseando con todas sus fuerzas poder creerle.
—Intentad mantener una actitud positiva. No es solo cuestión de sentirse mejor; nos ayuda a pensar con claridad.
Laura lo miró. Sus palabras le ofrecían un atisbo de esperanza, y en ese momento, la esperanza de que su madre regresara sana y salva era todo lo que tenía.
353
Base de la Fuerza Aérea MacDill, Tampa - Mañana
John salió de la habitación, dejando a Emily ducharse, o al menos hacer lo que pudiera dadas las limitadas condiciones de la base. Caminó por los barracones hasta encontrar a quien buscaba.
El capitán McKinley estaba hablando con un pequeño grupo de soldados cerca de la entrada de uno de los almacenes junto al comedor.
El capitán lo vio y con un breve gesto indicó a los soldados que se dispersaran, y luego se dirigió hacia John.
Había una sutil pesadez en la postura de McKinley, señal visible de su agotamiento.
—John —dijo con cansancio—. ¿Qué pasa?
—Capitán —comenzó John—, me gustaría repasar la última misión una vez más.
McKinley suspiró. Parecía desesperado por un momento de paz. Lo único que quería era dormir, solo una hora, quizás dos si tenía suerte. Pero eso parecía imposible. Además, sabía de qué quería hablar John. Lo mismo que inquietaba a John también lo inquietaba a él. Algo no encajaba.
—Claro. Entremos.
Hizo un gesto hacia el interior del edificio y guio a John a una de las oficinas. Una vez dentro, McKinley cerró la puerta con un chasquido suave.
—Lo siento —dijo John, tomando asiento frente al capitán—. Solo quiero revisar todo de nuevo. Algo no me cuadra. Quizás esté siendo terco o paranoico, o ambas cosas, pero...
—No hace falta que te disculpes.
McKinley esbozó una leve sonrisa.
—Sé cómo te sientes. Aunque no estoy seguro de tener nada que añadir a lo que dije en el informe.