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En la sala de conferencias de la Base Aérea de Luke, los tenientes se habían congregado alrededor de una mesa, con rostros marcados por la fatiga. El capitán Marshall permanecía apartado de ellos, el uniforme impecable a pesar de las largas horas, los ojos revelando la tensión de la crisis.
El silencio de la sala se rompió cuando la unidad de comunicaciones de la mesa emitió un pitido.
—Base Luke, aquí Mount Weather. Solicitamos confirmación, cambio.
El capitán Marshall se inclinó hacia delante.
—Mount Weather, Bravo Alpha. Capitán Marshall al habla. Adelante, cambio.
—Bravo Alpha, necesitamos un informe de situación inmediato sobre el avance de la evacuación.
La voz de Andrew sonaba cortante, urgente.
Marshall se irguió.
—Recibido, Mount Weather. Hemos dividido el área en tres zonas operativas: la Zona 0 cubre hasta 32 kilómetros desde la planta; la Zona 1 va de 34 a 48 kilómetros; la Zona 2 se extiende de 50 a 80 kilómetros.
Consultó las notas.
—Los primeros equipos de respuesta se desplegaron a las 0830 tras la alerta de las 0815, con rumbo a la Zona 0. No está densamente poblada salvo Buckeye, con unos 80.000 residentes. A algunos los estamos trasladando en nuestros vehículos a la base. Otros se desplazan a pie.
Marshall continuó:
—La Zona 1 incluye Litchfield, Avondale, Goodyear, Tolleson y El Mirage: unas 200.000 personas en total. Los equipos indican a los residentes que caminen hasta nuestra base o usen cualquier transporte disponible. Según las proyecciones actuales, lograremos evacuar quizás un 60 % para final del día.
El peso de esa cifra quedó suspendido en el aire. Nadie en la sala necesitaba poner en palabras lo que significaba para el otro 40 %.
—La Zona 2 sigue protocolos similares. Hablamos de más de 2 millones en el área ampliada, con unos 500.
000 en la trayectoria de peligro inmediato.
Los dirigimos hacia el este, hacia Phoenix y nuestra base.
El acatamiento es desigual: calculamos que alrededor del 50 % sigue las órdenes de evacuación.
Andrew intervino:
—¿Cómo gestionan la logística del desplazamiento?
—Hemos establecido tres puestos avanzados entre Palo Verde y Luke, situados a 48, 64 y 80 kilómetros. Cada uno cuenta con suministros médicos y agua.
Marshall se frotó los ojos.
—Tuvimos una situación de pánico en uno de los puestos cuando empezaron a correr rumores. Desplegamos un equipo de psicología junto con líderes comunitarios locales para estabilizar la situación.
Y añadió:
—También nos enfrentamos a familias separadas. Hemos establecido un sistema de registro en cada punto de triaje para facilitar las reunificaciones.
—¿Qué hay de los casos de exposición a radiación? —preguntó Andrew.
La voz de Marshall se tensó.
—Señor, hemos identificado casos de contaminación en un radio de 16 kilómetros. Los síntomas incluyen lesiones dérmicas, hinchazón ocular y fatiga severa. Los equipos con trajes de protección aíslan y tratan a las víctimas como pueden.
Hizo una pausa.
—El recuento actual de víctimas mortales asciende a 83.
La línea quedó en silencio. Cada número representaba a una persona: alguien que no volvería a casa.
—En resumen, señor secretario: a pesar de las complicaciones, proyectamos evacuar aproximadamente al 50 % de las tres zonas para mañana al mediodía a ubicaciones seguras.
Andrew suspiró. Dada la magnitud de lo que afrontaban, sabía que los equipos se estaban esforzando más allá de sus límites. Algunos pagarían con su salud —quizás con la vida— por adentrarse en zonas contaminadas.
—Capitán —dijo Andrew, con voz firme pese a la distancia—, excelente trabajo dadas las circunstancias. Asegúrese de que su gente sepa que la nación reconoce lo que están haciendo. Estamos orgullosos de todos ustedes.
—Se lo agradezco, señor. Solo hacemos lo que hay que hacer —respondió Marshall, con la postura inquebrantable pese al agotamiento evidente en cada línea de su rostro.