BLOQUE 2
Leandro llamó esa misma tarde.
Sebastián vio su nombre en la pantalla y entendió que no podía postergar indefinidamente aquella conversación.
El acuerdo de colaboración había terminado.
Eso no borraba el lugar de los Velasco dentro de la historia documental.
La familia había conservado piezas auténticas y había sostenido durante generaciones una búsqueda incompleta.
Sebastián atendió.
—Leandro.
—Estás en La Rioja.
No lo formuló como pregunta.
Sebastián guardó silencio.
—Encontraron las fotografías —continuó.
Mauro levantó la vista.
Sebastián eligió las palabras.
—Encontramos documentación gráfica de una campaña de revisión y pudimos identificar el volumen.
Hubo una pausa.
—Mi padre buscó esas imágenes durante años.
—Lo sabemos.
—Nunca consiguió unir la ficha con una toma concreta.
—Llegó cerca.
Leandro no respondió enseguida.
Cuando volvió a hablar, su voz tenía menos tensión.
—¿Ya pueden demostrar que regresó?
Sebastián miró el mapa.
—Sí.
El silencio fue más largo.
—¿Adónde?
Sebastián no contestó.
—No voy a darte una localización mientras no resolvamos cómo debe manejarse institucionalmente esta información.
Leandro soltó una risa breve.
—Entonces la tienen.
—Tenemos una conclusión histórica.
—Es San Millán.
Sebastián no respondió.
—¿Suso?
Nada.
—¿Yuso?
Sebastián mantuvo el silencio.
Leandro entendió hacia dónde conducía la investigación.
No había sido una confirmación verbal.
Pero conocía suficientes piezas para reducir por sí mismo las posibilidades.
—Mi padre creía que había vuelto.
Sebastián recordó las notas familiares.
Nunca habían pasado de hipótesis.
—Tu padre consideró esa posibilidad.
—Entonces tenía razón.
—Tenía una hipótesis correcta.
Leandro dejó escapar el aire.
—Para vos siempre hay una diferencia.
—La hay.
La conversación regresó inevitablemente al lugar de la familia.
Leandro recordó la custodia histórica documentada.
Sebastián no la negó.
Tampoco estaba dispuesto a convertirla en un derecho hereditario.
—Si el volumen reaparece —dijo Leandro—, nuestra familia tiene algo que decir.
—Tiene una historia que debe ser reconocida.
—No hablo solo de reconocimiento.
Sebastián entendió.
—Y yo no puedo prometerte intervención sobre el manuscrito.
La tensión regresó.
Leandro planteó entonces la posibilidad de que el volumen hubiera quedado abandonado bajo una descripción irreconocible.
Sebastián respondió sin confrontación.
—No sabemos que esté abandonado.
—No aparece.
—No aparece bajo la identidad que reconstruimos.
—Eso es suficiente para demostrar que el sistema falló.
—Demuestra una pérdida de identidad catalográfica. No crea un derecho privado.
Leandro guardó silencio.
Después preguntó:
—Van a buscarlo.
—Con la institución responsable, con criterios de conservación y con registro. No vamos a convertir esto en una carrera.
Leandro entendió.
—Una carrera conmigo.
—No estoy compitiendo con vos.
La llamada terminó sin una ruptura nueva.
Leandro ya podía sospechar Yuso.
Eso no cambiaba las obligaciones del equipo.
Irene lo resumió después:
—Si él llega antes a una referencia, no tenemos que correr. Tenemos que proteger mejor el proceso.
Sebastián escribió:
LOCALIZACIÓN HISTÓRICA: DEMOSTRADA
Debajo:
LOCALIZACIÓN ACTUAL: NO ESTABLECIDA
Y añadió:
NO INICIAR BÚSQUEDA FÍSICA SIN COORDINACIÓN INSTITUCIONAL
Fray Julián leyó las tres líneas.
—Bien.
Mauro señaló los inventarios.
—¿Y si la referencia actual está acá, a pocos metros?
Sebastián los miró.
—Entonces seguirá estando cuando sepamos exactamente cómo buscarla.
No necesitaban ganar una carrera.
Necesitaban evitar que la búsqueda destruyera el contexto documental que podía demostrar el hallazgo.