CAPÍTULO 33 El lugar al que había regresado
BLOQUE 1
Sebastián volvió a ordenar la ruta completa antes de permitir que la conclusión final quedara escrita.
No dudaba de Yuso.
Desconfiaba, en cambio, de cualquier conclusión que pareciera inevitable solo porque todos deseaban verla cerrada.
Extendió sobre la mesa únicamente las piezas necesarias para demostrar el recorrido material y las equivalencias documentales imprescindibles.
Fray Julián permanecía frente a él.
Irene revisaba las descripciones físicas.
Mauro había preparado una cronología separada de cualquier interpretación.
Sebastián comenzó por el tramo que habían reconstruido desde Burgos.
No necesitaba volver a cada episodio de siglos anteriores.
Le importaba comprobar si podían llegar hasta Yuso sin rellenar ningún vacío con intuición.
La secuencia moderna estaba suficientemente cerrada.
El volumen reaparecía físicamente en el siglo XX con los mismos rasgos acumulados que habían seguido durante generaciones. Después quedaba asociado con una procedencia monástica riojana y, más tarde, con antecedentes documentales emilianenses.
La revisión material conservaba la falta inicial y la cubierta oscura. También la señal hundida y las reparaciones del lomo. El deterioro inferior, inexistente en fuentes antiguas, aparecía solamente después de haberse producido.
Irene señaló esa evolución.
—Esto es lo que más me importa.
Fray Julián miró la fotografía.
—¿Más que verla?
—Sí.
Mauro la observó con sorpresa.
Irene explicó:
—La fotografía sería mucho más débil si la hubiéramos encontrado primero y después buscáramos documentos para hacerla coincidir. Ocurrió al revés. Ya conocíamos la biografía material cuando apareció la imagen.
Sebastián asintió.
Eso era esencial.
No habían construido la historia para que encajara con una fotografía.
Habían llegado a la fotografía sabiendo qué debía conservar el objeto para poder ser identificado.
Fray Julián miró la vieja toma.
El Códice apenas destacaba entre otros volúmenes sobre una mesa.
—Parece un libro cualquiera.
—Para quien lo fotografió, probablemente lo era —respondió Irene.
No había vitrina ni ceremonia.
Era un manuscrito antiguo sometido a una revisión ordinaria.
Tal vez precisamente esa normalidad explicara parte de su supervivencia.
Mauro volvió a la cronología.
—La fotografía lo coloca en Yuso.
Sebastián corrigió con calma:
—No la fotografía sola.
Colocó delante de ellos la secuencia completa de pruebas.
El archivo gráfico permitía identificar la sala.
Los partes de trabajo vinculaban la referencia provisional del manuscrito con aquella jornada.
El croquis y la documentación de obras demostraban la distribución del espacio durante el período correcto.
Las relaciones anuales confirmaban que el fondo permanecía en Yuso antes y después de la revisión.
Y la hoja de incorporación demostraba que, terminada la campaña, el volumen había sido integrado en un fondo emilianense custodiado allí.
Sebastián dejó la última pieza sobre la mesa.
—Eso demuestra Yuso.
Fray Julián preguntó:
—¿Y el nombre histórico?
Sebastián negó.
Ahí empezaba el problema siguiente.
La ficha posterior decía:
Manuscrito en pergamino. Incompleto al comienzo. Encuadernación de cuero. Procedencia antigua.
Nada permitía localizarlo buscando “Códice de San Millán”.
El nombre histórico había quedado fuera de la ficha material.
—¿Saben qué referencia recibió después? —preguntó Fray Julián.
Irene cerró la carpeta.
—Hasta una etapa concreta.
—¿Y después?
—Todavía no.
La respuesta no ocultaba información.
Marcaba el límite que habían decidido no cruzar sin condiciones institucionales adecuadas.
Sebastián dijo:
—La ruta física que podemos demostrar termina acá.
Mauro protestó.
—El libro no terminó acá.
—No dije eso. Dije que nuestra demostración física llega hasta acá.
Aquello separaba dos preguntas que ya no podían mezclarse.
El lugar al que había regresado.
Y su localización actual.
La primera estaba resuelta.
La segunda seguía abierta.
Mauro tomó el lápiz y trazó la última línea sobre el mapa.
No formó un círculo perfecto.
La ruta era irregular y estaba llena de interrupciones.
Pero llegaba de nuevo a Yuso.
Y esta vez podía defenderse documento por documento.