BLOQUE 3
Las fotografías de obras eran numerosas y estaban organizadas según intervenciones, no según salas.
Había imágenes de muros y carpinterías, reparaciones interiores y cambios de pavimento. Algunas correspondían a Suso. Otras a Yuso. En muchas, la ubicación exacta solo podía reconstruirse mediante documentación complementaria.
Fray Julián facilitó la consulta con un responsable del archivo.
Sebastián explicó únicamente que necesitaban identificar una dependencia utilizada durante una antigua campaña de revisión.
Comenzaron por las fechas.
La documentación permitió debilitar definitivamente la posibilidad de Suso.
Una reforma anterior a la campaña había modificado la carpintería y el acceso de una de las pocas salas compatibles.
La ventana que debería aparecer en la fotografía no correspondía con la que realmente mostraba la secuencia del Códice.
Eso no demostraba aún Yuso.
Pero eliminaba una alternativa concreta mediante evidencia positiva.
Buscaron entonces dentro de las dependencias asociadas al conjunto bajo.
Una fotografía de obra mostraba una sala de planta baja con una ventana alta.
Irene colocó ambas imágenes lado a lado.
La proporción era semejante.
No era suficiente.
Un plano anterior a una reforma permitió avanzar mucho más.
La sala representada tenía acceso desde un corredor interior y otra puerta hacia un espacio abierto. En el muro lateral aparecía una ventana alta.
La distribución coincidía con el croquis de revisión.
Mauro dejó el lápiz.
—Eso ya no es una semejanza aislada.
Sebastián comprobó la orientación.
El exterior visible desde la fotografía del Códice debía corresponder al espacio abierto indicado en el plano.
Había fotografías tomadas desde ese lugar en fechas próximas.
Una de ellas mostraba la misma proporción de ventana y la relación entre el muro y otro cuerpo del conjunto.
También aparecía un cambio de plano compatible con el elemento que habían visto desde el interior.
La arquitectura convergía.
Sebastián todavía necesitaba el puente administrativo.
Buscó el código de sala utilizado en el inventario de mobiliario.
La documentación de obras utilizaba otra nomenclatura, pero existía una tabla de equivalencias.
Encontraron la referencia antigua.
La dependencia destinada a revisión aparecía identificada como parte del conjunto bajo, dentro del área relacionada con biblioteca y archivo.
Mauro leyó.
—Otra vez “conjunto bajo”.
Sebastián se volvió hacia el responsable.
—¿Ese código corresponde a Yuso?
El hombre revisó la tabla.
—Sí.
La palabra llegó sin ceremonia.
Era una equivalencia administrativa.
Nada más.
Y precisamente por eso tenía tanto valor.
Sebastián sintió que una parte de la ruta se cerraba.
Pero todavía faltaba unir aquella dependencia concreta con la jornada en que habían fotografiado el manuscrito.
Volvieron a los partes de trabajo.
La referencia provisional del Códice aparecía dentro de un grupo revisado durante dos días.
La hoja de actividades decía:
Trabajo en sala baja de revisión, junto a biblioteca.
Irene cerró los ojos unos segundos.
Mauro preguntó al responsable:
—¿Esa sala corresponde al código que acabamos de ver?
El hombre comprobó nuevamente.
—Sí.
No quedaba un salto por completar.
El cuaderno identificaba el volumen.
La secuencia fotográfica demostraba que había sido fotografiado durante la revisión.
Los partes vinculaban su referencia con aquella jornada concreta.
La equivalencia administrativa situaba la sala dentro de Yuso.
Y la arquitectura visible en las imágenes era compatible con los planos y fotografías históricas de la misma dependencia.
Sebastián escribió:
CAMPAÑA — SAN MILLÁN
DEPENDENCIA — SALA BAJA DE REVISIÓN, JUNTO A BIBLIOTECA
EQUIVALENCIA DOCUMENTAL — YUSO
Después dejó el lápiz.
No escribió que el Códice siguiera allí.
No podía.
Tampoco escribió que su referencia actual fuese conocida.
Aquello pertenecía a la investigación que todavía quedaba.
Pero una afirmación sí podía sostenerse ya sin reserva.
La fotografía del Códice había sido tomada en Yuso.
Mauro se apoyó en el respaldo.
—Entonces volvió.
Sebastián lo miró.
Esta vez no lo corrigió.
Siglos después de su salida, el mismo volumen había regresado físicamente a Yuso.
No como un manuscrito reconocido y celebrado.
Había llegado dentro de procesos ordinarios de reasignación y revisión. Después había sido catalogado bajo descripciones cada vez menos vinculadas con su antigua identidad.
Décadas atrás, alguien lo había colocado sobre una mesa de trabajo en una sala próxima a la biblioteca.
Y lo había fotografiado.
Sin saber que aquella imagen terminaría demostrando un recorrido que nadie había logrado reconstruir completo.
Sebastián volvió a mirar la fotografía.
El manuscrito parecía uno más entre otros libros antiguos.
Nada en la escena anunciaba un regreso extraordinario.
No había ceremonia.
Solo trabajo archivístico.
Eso era lo que hacía la prueba tan poderosa.
El Códice había vuelto a Yuso sin que nadie comprendiera que estaba completando un viaje iniciado siglos antes.
Ahora la pregunta había cambiado.
Ya no era si había regresado.
Era qué había ocurrido con él después.