BLOQUE 2
El regreso a La Rioja fue silencioso.
No porque faltaran cosas que decir.
Porque ninguno quería pronunciar antes de tiempo el nombre que los documentos todavía debían demostrar.
Cuando el camino empezó a internarse otra vez en el valle, Sebastián dejó de leer.
Meses atrás habían seguido desde allí una salida.
Ahora regresaban buscando la prueba de un retorno.
Mauro conducía.
—¿Llamamos a Fray Julián?
Sebastián pensó unos segundos.
Esta vez sí.
Ya no tenían una hipótesis construida sobre semejanzas.
Tenían una imagen identificada con el Códice y documentación que la vinculaba con el entorno institucional de San Millán.
La llamada fue breve.
—Sebastián.
—Necesitamos verte.
Hubo una pequeña pausa.
—¿Dónde están?
—Volviendo.
—¿A San Millán?
Sebastián miró a Irene.
—Sí.
Fray Julián no preguntó más.
Cuando llegaron, tampoco fueron directamente a ningún depósito.
No solicitaron búsquedas improvisadas ni enseñaron la fotografía fuera del grupo.
La regla seguía siendo la misma.
Primero comprobar.
Después decidir qué debía hacerse con la información.
Fray Julián los recibió en una dependencia sencilla.
Sebastián dejó la carpeta sobre la mesa.
—Encontramos una fotografía.
El fraile lo observó.
—¿Del Códice?
Mauro se tensó.
Sebastián respondió:
—Del volumen. La identificación ya es suficientemente sólida para decir que es el Códice.
Fray Julián se sentó.
—¿De cuándo?
Sebastián dio el intervalo temporal.
El fraile pensó.
—Una de las campañas de revisión.
—¿Las conocías?
—Claro. Hubo varias. Forman parte de la historia administrativa de los fondos.
Nada secreto.
Nada excepcional.
Sebastián le mostró la fotografía.
Fray Julián no miró primero el manuscrito.
Observó la sala.
Después la ventana y la relación con la puerta.
—¿La reconocés? —preguntó Mauro.
—No puedo asegurarlo.
Sebastián sintió alivio.
Una identificación instantánea habría sido demasiado cómoda.
Fray Julián amplió la imagen.
—El mobiliario se movió mucho. Esto puede ayudar más.
Señaló la ventana.
Irene indicó la zona de piedra.
—¿Y esto?
—También.
Mauro formuló la pregunta inevitable:
—¿Suso o Yuso?
Fray Julián levantó la vista.
—No lo sé.
Era la única respuesta útil.
Podía orientarse.
No podía demostrar.
Sebastián mostró el croquis administrativo.
Fray Julián reconoció la clase de documento y explicó que existían versiones más completas dentro de la documentación histórica de mantenimiento y reorganización.
—Si quieren identificar una dependencia antigua —dijo—, van a necesitar las fotografías de obras.
Aquello era exactamente lo que Irene había buscado evitar desde el principio: comparar la sala con imágenes actuales después de décadas de modificaciones.
Las fotografías de obra permitirían reconstruir el edificio en la misma época.
Antes de terminar, Fray Julián preguntó:
—¿Leandro sabe esto?
—No.
Sebastián explicó brevemente que la colaboración había terminado.
Fray Julián escuchó sin emitir un juicio sobre la familia.
—Entonces tampoco le diría todavía dónde están buscando.
Irene entendió.
Si la fotografía llevaba a una dependencia concreta y el manuscrito podía haber permanecido dentro del mismo circuito, revelar prematuramente la ubicación podía provocar una investigación paralela.
—Primero averigüen qué demuestra —continuó Fray Julián—. Después decidirán qué debe hacerse.
No era secretismo.
Era prudencia sobre un patrimonio cuya situación actual seguía siendo desconocida.
Habían regresado a San Millán.
Todavía no para buscar físicamente el Códice.
Habían vuelto para demostrar dónde había estado.