La Ruta de los Manuscritos (El Secreto de San Millán: Tomo VI) BLOQUE 3
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La pista decisiva apareció en una fotografía que no mostraba ningún manuscrito.

Era una vista general de la zona de trabajo.

La habían conservado únicamente porque pertenecía a la misma secuencia de negativos.

Al fondo se veía una puerta abierta.

Más allá aparecía una pequeña porción del exterior.

No alcanzaba para reconocer un paisaje.

Pero sí parte de una fachada.

Mauro amplió.

Había un muro de piedra con una ventana y cambios de plano suficientes para mostrar que la sala formaba parte de un edificio mayor.

No intentaron reconocerlo de memoria.

Todos tenían demasiado presente San Millán.

Cualquier búsqueda visual dirigida por ese deseo podía producir falsas semejanzas.

Solicitaron la mejor reproducción disponible y revisaron otras tomas tomadas desde posiciones cercanas.

Una mostraba parte de un espacio exterior.

Otra permitía relacionar la ventana alta interior con la fachada.

Una tercera enseñaba un tramo de muro y una cubierta inclinada.

Ahora tenían arquitectura suficiente para comparar.

Pero todavía no debían elegir el edificio por apariencia.

Irene lo dijo con claridad:

—Primero llegamos al nombre por los documentos. Después usamos las fotos para comprobarlo.

Sebastián estuvo de acuerdo.

La abreviatura de la institución receptora apareció desarrollada parcialmente en un directorio administrativo de la época.

No identificaba un monasterio.

Definía una función:

Depósito de recepción y revisión de fondos monásticos reintegrados.

La referencia territorial situaba la dependencia en el sector occidental de La Rioja.

Todavía era demasiado amplio.

Sebastián siguió el expediente de creación.

El depósito no funcionaba como institución independiente.

Utilizaba dependencias cedidas dentro de un edificio perteneciente a otra entidad.

Eso explicaba que la documentación administrativa hubiera conservado durante años el nombre funcional del depósito sin destacar el edificio.

El acuerdo de uso hablaba de espacios destinados temporalmente a trabajos de inventario y revisión.

Irene preguntó:

—¿Quién cedía el lugar?

Sebastián continuó leyendo.

La entidad responsable era religiosa y conservaba fondos históricos relacionados con antiguas procedencias monásticas riojanas.

El nombre completo todavía no aparecía.

La hoja siguiente utilizaba otra abreviatura.

Mauro soltó una breve risa.

—Ni ahora.

Irene seguía observando las fotografías.

La proporción de la ventana alta podía convertirse en un elemento útil cuando tuvieran planos o fotografías antiguas del edificio.

Sebastián guardó la referencia.

La reproducción de mayor calidad del exterior no reveló ningún rótulo.

Mostraba piedra y una arquitectura sobria, propia de una dependencia secundaria más que de un espacio monumental.

Aquello era útil.

La campaña podía haber trabajado perfectamente dentro de una zona funcional que no permitiera reconocer el edificio de manera inmediata.

La documentación administrativa citaba tres sedes utilizadas por aquella entidad durante distintos períodos.

Una había dejado de usarse antes de la fecha de la fotografía.

Otra comenzó a funcionar después.

Solo una era compatible.

Mauro se acercó.

—¿Cuál?

Sebastián siguió hasta la denominación institucional correspondiente.

Todavía no aparecía Yuso.

Pero sí una palabra que cambió el silencio de la sala.

San Millán.

Irene dejó de mirar la fotografía.

Sebastián volvió al documento antes de permitir que el nombre creciera más de lo que la fuente decía.

La denominación vinculaba aquella sede con San Millán, pero no permitía todavía distinguir si la sala pertenecía al edificio de Yuso, a otra dependencia asociada o a un espacio auxiliar dentro de la estructura administrativa.

No podían decidirlo por asociación.

Sin embargo, el avance era real.

La fotografía del Códice había sido tomada dentro de un entorno institucional documentalmente vinculado con San Millán.

Sebastián escribió:

FOTOGRAFÍA DEL CÓDICE: ENTORNO INSTITUCIONAL DE SAN MILLÁN

Y debajo:

EDIFICIO CONCRETO: NO DEMOSTRADO

Mauro miró la segunda línea.

—Falta poco.

—Falta la prueba exacta.

Irene volvió a la imagen.

Décadas atrás, el Códice había estado abierto sobre aquella mesa mientras alguien realizaba una revisión rutinaria.

El edificio donde ocurrió empezaba a vincularse documentalmente con el mismo ámbito histórico del que el manuscrito había salido siglos antes.

Pero todavía existía una diferencia entre San Millán y Yuso.

Y esa diferencia no podía borrarse porque el círculo resultara perfecto.

El siguiente documento tendría que identificar el edificio.

Solo entonces podrían afirmar que el regreso del Códice había llegado realmente al lugar que llevaban demasiado tiempo evitando nombrar.