La Ruta de los Manuscritos (El Secreto de San Millán: Tomo VI) BLOQUE 2
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Las nueve ampliaciones llegaron al día siguiente.

Irene pidió verlas según el número de negativo.

No quería empezar por la fotografía que había parecido más prometedora en las hojas de contacto.

—Si la ponemos primero, todo lo demás lo vamos a mirar intentando confirmarla.

Mauro sonrió.

—Ya no sé si esto es método o persecución.

—Es método porque todavía podemos equivocarnos.

La primera imagen mostraba varios volúmenes incompatibles.

La segunda quedó descartada por dimensiones.

La tercera resultó más difícil.

Un manuscrito grande, encuadernado en cuero oscuro, aparecía parcialmente detrás de otro libro. Solo se veía una esquina y una parte del lomo.

Irene lo estudió.

—No puedo descartarlo.

Eso era todo.

Sebastián buscó el número del negativo.

Pertenecía a una secuencia de seis fotografías consecutivas.

Dos estaban entre las ampliaciones recibidas.

Una de ellas mostraba la misma mesa desde otro ángulo.

El volumen oscuro aparecía casi entero.

La cubierta tenía el tono esperado.

El lomo presentaba irregularidades.

Y en el ángulo inferior había un deterioro visible.

Mauro habló:

—Este sí.

Irene respondió con más cautela.

—Este merece que sigamos.

La fotografía no permitía ver el interior.

Tampoco el número de folios.

La iluminación no mostraba suficientemente la superficie de la cubierta para confirmar la depresión.

Pero el daño inferior era compatible y el lomo no parecía haber sido intervenido de manera uniforme.

Pidieron ampliaciones de las tomas restantes de aquella secuencia.

Mientras esperaban, revisaron una vista general tomada pocos negativos antes.

La sala se distinguía mejor.

Tenía una ventana alta y una mesa larga. Al fondo había una puerta, y parte de la pared mostraba una franja de piedra visible bajo el revestimiento.

Mauro preguntó si reconocían el lugar.

Ninguno respondió afirmativamente.

Sebastián tampoco quiso buscar todavía fotografías modernas de posibles instituciones.

Primero debían demostrar que el volumen candidato era realmente el manuscrito.

Después investigarían el espacio.

Las nuevas ampliaciones llegaron.

En la primera, el volumen aparecía casi de perfil.

Irene amplió el lomo.

—Acá se ve mejor.

El cosido presentaba una zona donde variaban la tensión y la disposición de los puntos.

No podían reconstruir las reparaciones a partir de una fotografía antigua, pero la irregularidad era compatible con las intervenciones sucesivas descritas en los documentos.

La siguiente toma mostraba el manuscrito junto a una regla.

Mauro se quedó quieto.

—Tenemos escala.

No permitía una medida perfecta porque la perspectiva deformaba ligeramente la imagen, pero sí una estimación razonable.

Irene comparó las proporciones con las dimensiones registradas durante las revisiones técnicas.

El resultado entraba dentro del rango compatible.

Otra imagen mostraba una cartela parcialmente cubierta.

Solo podían distinguirse algunas cifras.

Sebastián buscó las referencias del cuaderno.

Había varios candidatos posibles.

No podían completar mentalmente lo que la fotografía no mostraba.

La última imagen de la secuencia ya no contenía el volumen.

Sebastián resumió lo que tenían.

Era un manuscrito de dimensiones compatibles, con cubierta oscura, lomo físicamente irregular y deterioro en el ángulo inferior. Además, había sido fotografiado en el período exacto de la revisión.

Seguía faltando algo decisivo.

La señal hundida de la cubierta.

Solicitaron una reproducción de mayor calidad del negativo original.

Mientras esperaban, Irene volvió a la fotografía donde aparecía la regla.

El daño inferior era más claro allí.

No parecía un desgaste uniforme.

Faltaba una pequeña porción de la cubierta.

Coincidía con las descripciones tardías del volumen.

Sebastián se negó a convertir aquella forma por sí sola en una huella identificadora.

No tenían otra fotografía previa capaz de permitir una comparación morfológica exacta.

Pero sí podía incorporarse al conjunto.

Escribió:

CANDIDATO FOTOGRÁFICO A

Después resumió la evidencia sin repetirla mecánicamente: dimensiones dentro del rango esperado, cubierta oscura, lomo compatible con intervenciones sucesivas y pérdida inferior coherente con las fichas tardías.

La secuencia pertenecía además al mismo intervalo de trabajo en que el cuaderno registraba la fotografía del manuscrito.

Irene añadió:

PENDIENTE: RASGO DE CUBIERTA + ENLACE MÁS FIRME CON LA REFERENCIA DEL CUADERNO

Mauro observó la imagen.

—Si es él, lo estamos viendo.

Sebastián mantuvo la mirada sobre la fotografía.

—Primero hay que demostrar ese “si”.

La fuerza de una imagen podía convertirse fácilmente en una trampa.

Ver un objeto parecido producía una sensación de certeza mucho antes de que la evidencia estuviera cerrada.