La Ruta de los Manuscritos (El Secreto de San Millán: Tomo VI) BLOQUE 2
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El padre de Leandro no había empezado fabricando una continuidad.

Había empezado intentando demostrarla.

La diferencia era importante.

Durante los primeros años, sus notas separaban con bastante claridad lo probado de lo posible.

Con el tiempo, sin embargo, algunas lagunas empezaron a adquirir un peso distinto.

Sebastián lo vio en documentos separados por muchos años.

En una nota temprana podía leerse:

No se ha demostrado que la responsabilidad permaneciera en la familia después de la entrega mencionada.

Mucho después aparecía:

No consta todavía restitución completa de todos los papeles y libros relacionados.

Y finalmente:

La continuidad de la custodia familiar no puede descartarse.

Mauro señaló las frases.

—Ahí cambia.

Sebastián asintió.

El desplazamiento era pequeño.

Seguía siendo legítimo decir que algo no podía descartarse.

El problema comenzaba si una posibilidad terminaba siendo tratada, fuera de la escritura, como una convicción.

Irene preguntó:

—¿Había encontrado las restituciones que tenemos nosotros?

No parecía.

Las escrituras de devolución que ellos habían localizado estaban repartidas entre fondos diferentes.

Antes de la digitalización moderna de catálogos, una investigación así exigía correspondencia y desplazamientos.

Muchos documentos solo podían encontrarse si se conocía previamente una referencia suficientemente precisa.

Era perfectamente posible que hubiera trabajado durante años sin consultar una escritura capaz de cambiar su interpretación.

Mauro dijo:

—Entonces pudo creer que la devolución no existía cuando en realidad no había conseguido encontrarla.

—Exactamente. Y eso no es una falta moral. Es una limitación documental.

Entre las reproducciones había una carta enviada por el padre de Leandro a una institución.

No reclamaba el Códice.

Solicitaba comprobar una relación de devolución asociada a una antigua guarda.

La respuesta era negativa.

No porque alguien afirmara que la restitución jamás hubiera ocurrido.

La institución simplemente no había localizado el documento bajo la referencia proporcionada.

Sebastián entendió inmediatamente el peligro.

Una respuesta de ese tipo admitía más de una lectura.

La restitución podía no existir.

O podía existir bajo otra clasificación.

El padre de Leandro había empezado a inclinarse hacia la primera posibilidad.

Ellos ya habían aprendido cuánto podía engañar una signatura perdida.

En una nota privada encontraron:

Si no existe devolución demostrable, la custodia pudo continuar por vía familiar aunque el volumen fuera posteriormente separado de sus papeles.

Sebastián negó lentamente.

—Acá cruza el límite.

Irene preguntó:

—¿Porque supone continuidad?

—Porque la ausencia de una restitución localizada empieza a utilizarse como apoyo positivo de la continuidad.

Eso no era válido.

No encontrar una devolución dentro de los fondos consultados demostraba únicamente que no había sido encontrada allí.

Sebastián escribió:

AUSENCIA DE PRUEBA DE DEVOLUCIÓN EN LOS FONDOS CONSULTADOS ≠ PRUEBA DE CONTINUIDAD FAMILIAR

Aquella corrección no invalidaba todo el trabajo del padre de Leandro.

Explicaba dónde empezaba a debilitarse su interpretación.

La pregunta siguiente era cuál custodia concreta intentaba enlazar con su familia.

Las notas no eran completamente consistentes.

En ocasiones hablaban de una rama.

En otras mencionaban una casa.

Dos documentos utilizaban un apellido compuesto que generaciones después aparecía relacionado con los Velasco.

La genealogía seguía siendo compleja.

Y una parte dependía todavía de copias privadas.

Mauro preguntó:

—¿Puede ser esto lo que Leandro considera la prueba familiar?

—Puede formar parte —respondió Sebastián—. No sabemos qué más tiene.

Irene no quiso añadir motivos.

—Y tampoco sabemos por qué decidió reservar otros documentos.

Era cierto.

Leandro había compartido suficiente material para permitir comprobaciones reales.

No había compartido el conjunto completo.

El problema no estaba, por ahora, en una falsificación.

Estaba en el contexto incompleto y en las conclusiones que podían derivarse de él.

Otra imagen contenía una libreta de tapas oscuras.

Una página resumía el estado moderno de la investigación.

En el centro decía:

El volumen seguía existiendo.

Eso indicaba que el padre de Leandro también había localizado evidencia de supervivencia en época contemporánea.

La línea siguiente era más importante:

La dificultad posterior no es pérdida física demostrada, sino pérdida de correspondencia entre descripción e inventario.

Irene susurró:

—Llegó prácticamente hasta el mismo punto.

Sebastián asintió.

Otra anotación decía:

Si el libro sobrevivió, debe buscarse por sus características materiales y por las relaciones de devolución, no por el nombre atribuido en los papeles familiares.

Aquello revelaba una tensión interesante.

El hombre que con los años había dado más espacio a una posible continuidad familiar seguía siendo capaz de separar esa convicción del método utilizado para buscar el objeto.

No era alguien inventando deliberadamente una procedencia para apropiarse del manuscrito.

Era un investigador privado que había encontrado documentación real y había desarrollado una interpretación cada vez más personal de los vacíos que no lograba resolver.

La última línea visible cerraba su recorrido:

No he conseguido seguir el volumen después de la devolución posterior al examen.

Los tres quedaron quietos.

Había llegado a la misma fractura documental que ellos.

Había demostrado la supervivencia moderna.

Había seguido el retorno posterior a la campaña técnica.

Y había perdido el manuscrito cuando las referencias dejaron de coincidir.

Sebastián comprendió entonces por qué Leandro formulaba preguntas tan precisas.

No necesitaba conocer la solución.

Había heredado el mismo problema.