La Ruta de los Manuscritos (El Secreto de San Millán: Tomo VI) CAPÍTULO 18 El padre que continuó la búsqueda
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CAPÍTULO 18 El padre que continuó la búsqueda

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Leandro tardó hasta la mañana siguiente en enviarles nuevo material.

No era todo lo que Sebastián había pedido.

Eran doce reproducciones reunidas dentro de una carpeta digital titulada:

DOCUMENTACIÓN FAMILIAR — SEGUNDA SERIE

No había una explicación general ni un orden indicado.

Mauro abrió la carpeta.

—Otra selección.

Irene se sentó junto a él.

—Primero veamos qué contiene.

Sebastián estuvo de acuerdo.

Después de la conversación con Leandro había decidido no permitir que la incomodidad modificara el método.

Que parte de los papeles familiares tuviera un origen anterior al que habían supuesto no convertía la documentación en falsa.

Y que una pieza fuera auténtica tampoco hacía verdadera cualquier interpretación construida alrededor de ella.

Debían seguir separando ambas cosas.

La primera imagen mostraba una carpeta de cartón gris.

En una esquina había una anotación:

Continuación de las consultas de E. V.

La fecha era varios años posterior a la última comunicación de Eduardo que ellos habían conseguido documentar.

Mauro amplió la imagen.

—Esto empieza después de Eduardo.

Sebastián observó la escritura.

No era la misma.

La carpeta tampoco parecía haber sido preparada dentro del conjunto anterior.

La siguiente reproducción resolvió la duda.

Era una hoja mecanografiada cuyo encabezado decía:

Estado de la búsqueda al recibir los papeles de mi padre.

La palabra recibir tenía un significado claro.

No describía un derecho sobre el manuscrito.

Describía la transmisión de documentos y de una investigación incompleta.

El texto resumía lo que Eduardo había conseguido.

Había comprobado que algunos nombres presentes en los papeles familiares también existían en fuentes independientes. Había localizado noticias materialmente compatibles con el volumen y había comprendido que la dificultad moderna podía encontrarse en los cambios de referencia.

No había encontrado el libro.

Una frase lo resumía:

Mi padre llegó hasta el punto en que las referencias dejan de coincidir. No encontró el libro. Encontró la pérdida de su nombre.

Irene permaneció mirando.

—Habían entendido la pérdida documental de identidad.

Sí.

Mucho antes que ellos.

La familia Velasco había llegado por otro camino a una conclusión que Sebastián, Irene y Mauro acababan de sostener mediante los expedientes técnicos: el volumen podía seguir existiendo aunque su identidad administrativa dejara de ser reconocible.

La firma de aquella hoja estaba completa.

El autor era el hijo de Eduardo.

El padre de Leandro.

Sebastián no necesitaba reconstruir una genealogía más extensa.

La sucesión documental inmediata estaba demostrada.

Eduardo había realizado una investigación activa.

Su hijo había recibido sus papeles y decidido continuarla.

Mauro dijo:

—Dos generaciones investigando.

—Dos generaciones cuya investigación podemos demostrar —precisó Sebastián.

Los documentos anteriores seguían siendo una historia distinta.

Podían demostrar conservación familiar.

No necesariamente búsqueda activa.

La siguiente imagen mostraba una tabla.

No era elegante.

Había columnas mecanografiadas y correcciones manuales.

Se ordenaban fechas, instituciones y referencias.

Arriba decía:

Consultas pendientes de mi padre que he podido continuar.

Irene recorrió las entradas.

Reconocieron el archivo donde Eduardo había consultado décadas antes.

También aparecía la oficina técnica vinculada con el examen del volumen en el siglo XX.

Otra fila correspondía a una institución de la ruta septentrional.

Mauro sonrió.

—No se limitó a conservar el trabajo de Eduardo.

No.

Lo continuó.

Sebastián encontró una columna titulada:

RESULTADO

Las anotaciones mostraban un método bastante prudente.

En una entrada figuraba:

Sin localización bajo referencia antigua.

En otra:

Existe equivalencia de serie, no del volumen.

Más abajo:

La descripción material coincide, pero la procedencia no puede darse por demostrada.

Sebastián se detuvo.

Aquella última frase podía haber salido de su propio cuaderno.

No porque existiera conexión alguna entre ambos trabajos.

Porque la precaución era elemental.

Una similitud física nunca bastaba por sí sola.

Irene señaló una nota al margen:

No usar como prueba lo que solo repite una relación anterior.

—También distinguía fuentes dependientes —dijo.

Sebastián asintió.

El trabajo del padre de Leandro era más riguroso de lo que habían imaginado.

Eso no significaba que todas sus conclusiones fueran correctas.

Pero obligaba a leerlo con respeto metodológico.

Otra reproducción mostraba una clasificación de referencias.

Algunas estaban marcadas como:

COMPROBADO

Otras:

POSIBLE

Y varias:

NO USAR

Sebastián abrió una de estas últimas.

Se trataba de una tradición familiar según la cual el volumen habría pasado por determinada casa particular.

El padre de Leandro había tachado la afirmación.

Debajo escribió:

No he encontrado documento suficiente.

Irene dijo:

—Esto importa.

Mauro la miró.

—¿Por qué?

—Porque descartó una afirmación favorable a la propia historia familiar.

Sebastián estuvo de acuerdo.

No probaba imparcialidad absoluta.

Pero demostraba que aquel hombre no había aceptado todo lo que beneficiaba a su hipótesis.

Al menos en esos papeles, había sabido decir no usar.

Mauro pasó a otra carpeta.

Su título era diferente.

No decía consultas.

Tampoco inventarios.

Decía:

CUSTODIA FAMILIAR

Sebastián comprendió que allí probablemente comenzaba el problema más difícil.