La Ruta de los Manuscritos (El Secreto de San Millán: Tomo VI) BLOQUE 3
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La tarde terminó sin que apareciera el original.

Sebastián no sintió decepción.

Por primera vez podían comprobar desde el otro extremo la historia que Almarza había dejado registrada en Valvanera.

La solicitud existió.

También la respuesta.

Sabían ahora que recibió una transcripción parcial porque la fuente que pretendía verificar no estaba disponible para consulta.

Su decisión posterior de no incorporar el tramo dejaba de ser solamente una muestra de prudencia.

Tenía una causa documental concreta.

Antes de marcharse pidieron revisar el instrumento correspondiente a la signatura antigua.

Algunas unidades solo podrían consultarse al día siguiente, pero la archivera les permitió examinar una descripción previa.

La entrada decía:

Papeles de procedencias varias. Relaciones, entregas, copias e inventarios.

Nada identificaba el Códice de San Millán.

Nada tenía por qué hacerlo.

Sebastián registró únicamente la referencia autorizada.

Cuando salieron, la luz había cambiado.

El sol descendía sobre las fachadas y la piedra adquiría tonos más cálidos.

Caminaron un rato sin decidir inmediatamente dónde detenerse.

Mauro fue el primero en hablar.

—Tenemos una confirmación importante.

Sebastián respondió:

—Tenemos confirmación de que la investigación de Almarza llegó documentalmente hasta acá.

—No sabemos si él vino físicamente.

—No. Y por ahora no importa.

Irene caminaba algo más adelante.

Se detuvo junto al río y esperó.

—Hay otra cosa.

Sebastián la miró.

—Decime.

—Estamos empezando a reconstruir localizaciones actuales de documentos que podrían seguir existiendo.

Mauro entendió.

—Volvemos al mismo problema.

Irene negó.

—Ahora es más concreto. Tenemos fondos identificables y referencias que podrían conducir a piezas cuya catalogación todavía es insuficiente.

Sebastián apoyó las manos sobre la baranda.

—No vamos a publicar esas localizaciones.

—Ahora no.

—Ni después, si hacerlo pone en riesgo la pieza.

Irene sostuvo su mirada.

—Quiero que eso siga siendo cierto cuando encontremos algo que realmente importe.

La frase quedó entre ambos sin convertirse en discusión.

Sebastián sabía qué estaba preguntando.

Durante mucho tiempo había pensado que el trabajo del historiador consistía en demostrar una afirmación y hacerla pública.

Irene había introducido otra responsabilidad.

Algunas verdades documentales podían necesitar protección antes de difusión.

—Va a seguir siendo cierto —respondió.

Mauro los observó.

—Entonces tenemos una regla.

Irene corrigió:

—Tenemos un criterio. Las reglas automáticas también se equivocan.

Sebastián sonrió.

—Definitivamente llevás demasiado tiempo trabajando conmigo.

Continuaron andando.

Más tarde, en el alojamiento, extendieron únicamente las reproducciones permitidas y reconstruyeron la secuencia.

Primero, la anotación de Valvanera.

Después, el registro de la solicitud de Almarza.

A continuación, la respuesta que confirmaba el envío de una transcripción parcial.

Por último, las equivalencias archivísticas que habían localizado en Burgos.

No era una ruta del Códice.

Era la ruta de una investigación.

Y eso era exactamente lo que necesitaban reconstruir antes de avanzar.

Mauro señaló la respuesta administrativa.

—Hay algo que no entiendo. Si el original no estaba disponible, ¿de dónde hicieron la transcripción que le mandaron?

Sebastián permaneció inmóvil.

Irene respondió primero.

—De otra copia.

Mauro volvió a mirar.

—Entonces seguimos persiguiendo copias.

—Por ahora —dijo Sebastián.

Tomó la reproducción y volvió a leer una frase que durante la consulta había parecido secundaria.

La transcripción enviada a Almarza no estaba descrita como reconstrucción de memoria.

Decía que había sido realizada:

según copia anterior conservada en la serie

Una copia anterior.

Eso cambiaba el problema.

Sebastián buscó en el índice auxiliar.

La serie había sido reorganizada varias veces, pero una parte de sus materiales procedía de ingresos más antiguos.

Algunas relaciones habían llegado desde otros fondos.

Otras habían sido copiadas cuando los documentos de origen cambiaron de guarda.

Si conseguían identificar la copia utilizada para responder a Almarza, podrían establecer si descendía de la misma tradición que ya conocían o si conservaba una rama documental diferente.

Irene leyó la anotación.

—Todavía no sabemos si habla del volumen.

—No.

—Ni si añade una entrega.

—Tampoco.

Mauro señaló la hoja.

—Pero sabemos qué buscar mañana.

Sebastián no respondió inmediatamente.

Miró los documentos extendidos sobre la mesa.

Durante semanas, Almarza había parecido un investigador detenido ante una ausencia.

Ahora comprendían algo más exacto.

No había llegado al final de una ruta.

Había llegado al límite de aquello que podía cotejar con los medios de su tiempo.

Ellos acababan de avanzar apenas un poco más.

Sebastián escribió:

ALMARZA RECIBIÓ UNA TRANSCRIPCIÓN.

Debajo:

LA TRANSCRIPCIÓN PROCEDÍA DE UNA COPIA ANTERIOR.

Finalmente:

DETERMINAR LA PROCEDENCIA DE ESA COPIA ANTES DE RELACIONARLA CON EL VOLUMEN.

Irene leyó por encima de su hombro.

—Eso puede sacarnos otra vez de Burgos.

—Sí.

—¿Hacia dónde?

Sebastián cerró el cuaderno.

—Todavía no lo sabemos.

Por primera vez desde que habían llegado, aquella incertidumbre no parecía una interrupción del camino.

Era exactamente el camino.