BLOQUE 2
La primera tabla de equivalencias ocupaba seis páginas mecanografiadas.
Había sido preparada durante una reorganización realizada en la segunda mitad del siglo XX y remitía a una clasificación anterior, que a su vez sustituía una ordenación provisional mucho más antigua.
La archivera explicó el proceso sin dramatizarlo.
Los documentos no habían desaparecido necesariamente.
Habían cambiado de agrupación y de signatura.
En algunos casos, también de descripción.
Sebastián siguió una referencia con el dedo.
—¿Qué contenía esta serie antigua?
—Material muy heterogéneo. Correspondencia, relaciones de entrega, inventarios parciales y copias recibidas de otras instituciones. Se agrupaban documentos con criterios que después dejaron de utilizarse.
—¿Y luego se separaron?
—En parte.
Mauro levantó la cabeza.
—¿Qué significa “en parte”?
—Algunos pudieron redistribuirse según productor o procedencia. Otros quedaron juntos porque nunca se determinó con seguridad de dónde procedían.
Irene se inclinó sobre la tabla.
—Entonces una carta podría haber terminado en una serie y el documento del que habla, en otra.
—Perfectamente.
Sebastián apoyó la espalda contra la silla.
Aquello explicaba una dificultad que Almarza había registrado sin poder resolver.
El investigador había recibido una carta que describía una relación.
Nunca consiguió cotejar la fuente original.
Si ambos documentos pertenecían ya entonces a circuitos archivísticos diferentes, la distancia entre una noticia y aquello que la originaba podía haber sido mucho mayor de lo que habían supuesto.
La archivera regresó al depósito.
Mauro abrió la carpeta de trabajo.
—Empecemos desde cero.
Sebastián escribió:
BURGOS NO ES DESTINO DEL VOLUMEN.
Debajo:
BURGOS = ÚLTIMA PROCEDENCIA COMPROBADA POR ALMARZA.
Irene leyó.
—Y todavía tenemos que comprobar que su conclusión era correcta.
—Exactamente.
Que Almarza considerara suficientemente establecida una procedencia no los autorizaba a heredarla sin cotejo.
Debían reconstruir su razonamiento.
Si las fuentes no lo sostenían, Burgos volvería a ser únicamente una indicación de un investigador del siglo XIX.
Valiosa.
Pero insuficiente.
La primera caja llegó poco después.
Contenía correspondencia administrativa, solicitudes de consulta y respuestas a investigadores, además de relaciones de documentos prestados para cotejo e inventarios copiados en diferentes momentos.
Sebastián avanzó despacio.
Irene atendía a la materialidad de las piezas para distinguir originales de reproducciones posteriores.
Mauro registraba signaturas y fechas.
Casi una hora después, Irene detuvo la mano de Sebastián.
—Volvé.
Él retrocedió una hoja.
Era una relación mecanografiada a partir de documentación anterior.
En el margen superior aparecía una referencia manuscrita correspondiente a una signatura ya extinguida.
No mencionaba a Almarza.
Tampoco a San Millán.
Pero Sebastián reconoció una expresión:
Relaciones de entrega y tránsito.
Mauro acercó la silla.
—¿Coincide exactamente?
Sebastián abrió la reproducción de una nota de Almarza.
Leyeron:
La relación fue vista en conjunto de papeles de entregas y tránsito.
No era una coincidencia literal.
Era algo más útil.
Almarza había descrito el conjunto con sus propias palabras, mientras que el documento burgalés probaba la existencia de una agrupación archivística compatible con el tipo de materiales que había intentado localizar.
Mauro dijo:
—Entonces no inventó la procedencia institucional.
Sebastián corrigió:
—Demuestra que existió un conjunto compatible. Todavía no que ahí estuviera la relación concreta.
Irene sonrió apenas.
—Almarza habría aprobado esa corrección.
Sebastián continuó.
La relación mecanografiada incluía equivalencias de antiguas referencias.
Una remitía a un grupo de papeles recibido desde otra procedencia y después integrado al conjunto.
Había una fecha.
No una descripción individual de cada pieza.
Irene señaló el margen.
—Esto se añadió después.
La tinta era diferente.
La letra también.
Junto a una antigua referencia alguien había escrito una nueva signatura acompañada por una abreviatura.
Sebastián la copió y buscaron en el cuadro de equivalencias.
No estaba.
Mauro dijo:
—Primera puerta cerrada.
—O una clasificación intermedia —respondió Irene.
La archivera confirmó esa posibilidad cuando regresó.
—Esa referencia corresponde a una ordenación que duró pocos años. Existe un índice auxiliar.
Lo trajo poco después.
Sebastián sintió que la investigación adquiría la forma que Almarza había intentado construir sin poder disponer de todos aquellos instrumentos a la vez.
Ellos podían colocar en una misma mesa reproducciones de Valvanera y referencias burgalesas.
Además contaban con documentos procedentes del archivo Velasco y con inventarios que Almarza solo había conocido mediante correspondencia.
Él había dependido de cartas.
De esperas.
De transcripciones realizadas por personas que no siempre comprendían qué detalle necesitaba conservar.
El índice auxiliar les proporcionó una nueva referencia.
La segunda caja llegó ya avanzada la tarde.
Contenía correspondencia.
Sebastián encontró primero un apellido.
Almarza.
No dijo nada.
Dejó la hoja sobre la mesa.
Irene y Mauro se acercaron.
No era la carta buscada.
Era una anotación registral:
Julián de Almarza. Solicitud de copia literal de relación de procedencia.
Debajo figuraba una fecha.
Y la respuesta administrativa:
Remitida transcripción parcial por no hallarse disponible el documento original para consulta.
Nadie habló durante unos segundos.
Aquella frase explicaba una parte importante de la incertidumbre acumulada durante más de un siglo.
Almarza no había trabajado con una transcripción parcial por comodidad.
Había solicitado el documento completo.
No pudieron proporcionárselo.
Irene dijo:
—Por eso no lo incorporó.
Sebastián asintió.
El hombre que los había llevado hasta Burgos había hecho exactamente lo que debía.
Había llegado hasta la puerta documental.
Y se negó a fingir que la había atravesado.