La rosa de las nieblas III #4
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III #4

—¡Os planteo la mejor de las soluciones!

¡Y la única que me es favorable, desde luego!

Mi interés personal no supone un peligro para vuestra misión, sino una garantía.

He dicho todo lo que tenía que decir. Volved a las habitaciones y reflexionad.

Conversaremos otra vez cuando Jar esté a punto de ocultarse. Say.

No hablamos hasta que estuvimos los cuatro a solas, en el cuarto de Sebeok y Érik.

Nos sentíamos desalentados y confusos. A Érik el plan de Elorridi le parecía inaceptable y Jane estuvo de acuerdo.

Pensaban que, efectivamente, podía matar a Íngvar, pero que su negativa a que hablásemos con los otros keris daba para sospechar que su intención última era sustituir al emperador.

¿Qué otra cosa podía esperarse de un niflúngar?

, se preguntó Érik. A mí no me importaba que fuese Elorridi u otro el que acabase con Íngvar.

Sin embargo, tampoco me fiaba de nuestro anfitrión.

Sebeok propuso que regresáramos a la nave y en ella nos dirigiésemos a las demás casas para convocar una reunión de la totalidad de los keris.

Nos pareció una buena idea. Jane sugirió que, antes de nada, intentásemos pedir ayuda a Ejalmberri, ya que él quizás nos aconsejaría si era conveniente y factible un encuentro con los otros señores niflúngars.

Asentimos, nos palmeamos los hombros entre sonrisas de ánimo y Jane se dirigió a la puerta para ir en busca del hjeníkar.

Había dos niflúngars apostados en la salida. Cruzaron sus lanzas en cuanto ella abrió.

Nos habíamos convertido en prisioneros.

-oOo-

Teníamos pistolas de fuego y láseres, pero no habíamos venido a Niflhéim a organizar un tiroteo a la menor ocasión de peligro.

Había que esperar y esperamos. Después de discutir unas cuantas soluciones, a cuál menos convincente, nos pusimos a jugar a los naipes, al noj.

Yo había llevado una baraja. Las cartas eran un buen método para relajarse en situaciones comprometidas.

Por eso, y no solo para entretener los tiempos ociosos de la navegación, nos gustaban tanto a los pilotos libres.

Jane, que no sabía jugar al noj y casi a ningún otro juego, siempre demasiado ocupada con sus investigaciones, empezó a ganar partida tras partida no bien supo las reglas: la suerte de los novatos.

Reía sin parar, nunca la habíamos visto tan alegre.

Era el miedo, quizás. Las cosas estaban empezando a ponerse oscuras y todos nos preocupábamos, pero para ella la situación resultaba más difícil.

Nunca se había visto obligada a utilizar o a hacer frente a un arma, aunque no dudábamos que, de un modo u otro, también había sufrido la violencia de Íngvar.

Así nos encontró Sienild cuando entró en el cuarto. Nos quedamos quietos y callados, las cartas esparcidas por el suelo, mirando a la nókvaar. Y a Jane, que debía traducir. Y Jane tradujo.

Sienild venía por orden del keri a comunicarnos que ella y Hati continuaban a nuestro servicio y que en el momento en que quisiéramos Jane y yo podíamos ir a nuestro dormitorio y volver al de los varones también, excepto de noche, y siempre acompañadas por vigías niflúngars.

Que no se nos permitía trasladarnos a ningún otro lugar de la casa sin permiso.

Que Elorridi estaba profundamente ofendido por nuestra desconfianza e ingratitud, y había llegado a la conclusión de que tampoco él debía fiarse de nosotros, extranjeros al fin y al cabo.

Sin embargo, tal y como había prometido, vendría a hablar al oscurecer.

Ese era el mensaje. Luego, Sienild se acercó a Jane y casi en susurros continuó hablando, para marcharse precipitadamente después de que nuestra compañera le murmurase algo a su vez.

—Me ha dicho —Jane nos informó en voz muy baja, aunque utilizase el ínter— que está dispuesta a ayudarnos.

Piensa que Elorridi nos tendrá encerrados hasta conseguir sus propósitos.

Y es capaz de cualquier cosa si nos negamos.

Cree que la única salida que tenemos es huir.

Nos ofrece lo siguiente: puede enviar un mensaje a Skékkil, su prometido —eso ha dicho: «Skékkil, mi prometido»— para que venga en nuestra ayuda.

Lo único que nos pide es que la llevemos con nosotros porque desea reunirse con Skékkil.

Nos avisa de que la cólera de Elorridi será terrible si escapamos los cinco.

Nos perseguirá sin descanso, aunque Sienild también considera que tenemos poderes en nuestra nave para derrotar al keri, pues Elorridi le ha dicho que hemos venido en una nave a través del espacio.

Ella volverá esta noche para que le contemos lo que hemos decidido.

Yo le he rogado que le comunique a Ejalmberri nuestra situación.

—Bien hecho —dijo Érik—. Al menos contamos con esos dos, Sienild y Ejalmberri.

—Desde luego, vaya gentes de confianza que se busca Elorridi —comenté—. Lástima que Íngvar no haga lo mismo. ¿Huimos?

Acordamos esperar hasta la conversación con Elorridi, pero también ir meditando una posible huida.

-oOo-

Elorridi apareció a la hora convenida, solo y desarmado, igual que siempre. Un manto gris cubría su traje negro: comenzaba a hacer bastante frío. Sebeok estaba tratando de encender la chimenea.

Algo en el aspecto del keri, más que asustarme, me conmovió.

Iba tan erguido, con un porte tan orgulloso como de costumbre, pero estaba muy pálido.

El cabello recogido en la nuca resaltaba los rasgos de su cara.

Finas arrugas iban apareciendo alrededor de su boca y de los párpados pintados de oscuro.

Le resplandecían los ojos, aunque no de furia.

Era una luz de fiebre, melancólica, como si lo aquejase un hondo sufrimiento.

No llevaba el collar que le habíamos regalado.

—Say —dijo. Y se sentó frente a nosotros, mirándonos con rencor—. ¿Qué habéis decidido?

—¿Nosotros? —le respondí—. Eres tú el que ha decidido, me parece.

—¿Por qué no confiáis en mí, por qué? Os he acogido en mi casa, os he tratado como ningún keri os trataría.

¿No podéis entenderme? Soy ambicioso, por supuesto que lo soy.

Soy un niflúngar. Me gustan el oro y las joyas, tengo muchas en Niflhéim, aunque muchas nunca son suficientes, y tengo grandes dominios.

¡Sin embargo, no deseo morir bajo la luz de Jar!

Solo pretendo salir de Niflhéim con mi pueblo, volver al lugar que nos corresponde.

¡Que el nombre de Elorridi quede en la memoria de los niflúngar: «Fue él quien nos salvó»!

Deseo conocer otros mundos, viajar entre las estrellas, hablar con gentes cuya existencia ni siquiera imagino.

¡Busco la libertad y un futuro mejor para mi pueblo, como vosotros!

¡Y que nadie intente arrojarme al Espacio Exterior de nuevo, solo por ser un niflúngar!

¿No lo entendéis? Y no voy a perder el tiempo enfrentándome a once keri para lograrlo.

Simplemente, debo matar a Íngvar. ¡Y lo haré yo, Elorridi! —respiró—. ¿Habéis decidido?

—Queremos hablar ante todos los keris, Elorridi —dijo Érik.

El niflúngar negó con la cabeza.

—Habéis reflexionado poco. Mañana volveremos a conversar.

—¿Y qué harás si nos seguimos negando?

—No me retéis. No os conviene. Reflexionad.

-oOo-

Esperamos a Sienild con una nueva partida de noj. Pero ya nadie reía y apenas prestábamos atención al juego. Afortunadamente, la nókvaar apareció pronto y, además, con nuestra cena. Sebeok, Érik y yo nos pusimos a comer mientras Jane se dedicaba a su trabajo de traductora.

—Nos pregunta qué ha dicho Elorridi. Se lo he resumido.

Ella ha enviado ya un mensaje a Skékkil, a través de uno de los esclavos que cuidan los rebaños de takas.

Skékkil no está lejos. Se ha ocultado en el bosque de Brynjolf, junto al límite de la casa.

Se encuentra allí porque había decidido aprovechar nuestra presencia, que distrae al keri, para intentar llevarse a Sienild.

No está solo, viene con quince esclavos fugitivos.

Y parece dispuesto a adentrarse en la fortaleza, en busca de Sienild y de nosotros…

esta misma noche. Skékkil cree que es el mejor momento, ya que Elorridi no imaginará que en tan poco tiempo hayamos ideado un plan de huida.

Mañana, sin embargo, todos sus guerreros estarán alerta.

Incluso ha dado orden de que regresen los que persiguen a los fugitivos.

Si estamos de acuerdo, Sienild enviará un nuevo mensaje.

Gracias a la consideración en que la tiene Elorridi, ella puede moverse con bastante libertad por casi toda la casa.

No obstante, tiene que ser precavida. Hati suele vigilarla.

Tampoco nosotros debemos confiar en Hati.

Ahora mismo está ocupado en otros asuntos, pero por la noche dormirá en el cuarto contiguo a este y os vigilará a vosotros, Sebeok y Érik.

—Pero ¿cómo va a entrar Skékkil en la fortaleza y sacarnos de ella, con solo quince hombres frente a tantos niflúngars? —interrogó Érik.