Capítulo 75
Tres meses después del juicio
Esta ha sido la historia de un frágil parjarillo que se convirtió en una feroz leona. Es la historia de una chica de pueblo torpe, que parecía endeble, que no se tenía en pie, pero que consiguió desestabilizar a todos con su valentía.
Es un cuento que explicaban los marineros de Teacapán que ya nunca más será leyenda, sino una verdad en la que creer y confiar.
Sí, un pajarillo puede llegar a convertirse en Leona.
Sí, las sirenas existen.
Sí, hay almas que están destinadas a encontrarse.
Sí… hay amores que te salvan y te convierten en la persona más rica del universo.
Sin dejar de navegar en mis pensamientos, miro a Lola y sonrío al verla con su «Bitácora de Sueños» en la mano, recostada en el mástil.
Ha estado escribiendo y añadiendo páginas a él desde que salí de prisión.
Dice que cuando lo tenga listo me dejará leerlo para que podamos, juntos, vivir su próximo sueño.
Lo que no comprende es que ella ya es mi sueño hecho realidad, no necesito más.
Hace un rato que simplemente lo tiene sobre el regazo y su mirada está en el mar Caribe como si sus ojos y este siempre hubieran estado conectados, unidos, como si siempre hubieran sido uno.
Todavía me alucina que sea capaz de tener esa templanza, de respirar con esa preciosa paz, después de lo que ha vivido.
—La vida se ha encargado de ordenarlo todo, como siempre hace —susurro recordando las palabras exactas que me dijo el día que salí de aquella sala de juicios y al abrazarla, le susurré al oído: «no me puedo creer lo que has conseguido».
Sin duda, la vida es absolutamente curiosa, y ella más.
Aquel día, en el juicio, no solo casi infarto al escuchar que la habían vuelto a secuestrar, sino que me enamoré muchísimo más. De algún modo que aún no acabo de comprender, que escapa de toda lógica, Lola consiguió ordenarlo todo.
Salvó a Damián, no solo impidiendo que acabara con su vida en un momento en el que creí que él era el traidor, sino que ha conseguido que nuestra amistad se recupere y siga siendo la de antes. Algo que ha hecho muy feliz a mi hermana.
Lo que nunca esperé es que Macel Roux nos traicionara. Renata todavía está conmocionada y sigue sin dar crédito.
Y ahora estarás literalmente flipando, ¿eh?
Te estarás preguntando ¿Marcel?
¿Te habías olvidado de él? No deberías haberlo hecho.
Voy a soltarlo sin rodeos, llegados a este punto, vayamos al grano.
¡Ese malnacido nos vendió!
Y fue por lo que de verdad pudre el mundo: el dinero. Resultó que Alisios Group, sin que nosotros lo supiéramos, había caído en bancarrota. Macel Roux lo había llevado a la ruina con la misma velocidad con la que se chasquean unos dedos.
Siempre supe que le gustaba el juego y que los fines de semana asistía a timbas de póker.
Pensaba que era algo controlado, lo que no sabía era que también jugaba online…
a diario. El muy idiota lo perdió todo en una mala apuesta.
La riqueza que había recibido cuando Lola nos contrató, en una sola noche… se esfumó.
Espera, hay más. Redoble de tambores…
Se descubrió que dicha timba estaba amañada. Sí, nosotros también alucinamos. Así de bestia es el poder que tienen los que mueven el mundo, los que tienen el dinero para hacerlo girar a su antojo.
Todo este lío lo explicaron el día del juicio y con cada palabra mi boca se abría un poco más, creo que llegó un punto en el que la barbilla rozaba el suelo. No daba crédito, ni yo, ni prácticamente nadie de los que allí estábamos. Hasta el juez estaba asombrado.
Sí, la vida es jodidamente sorprendente.
¿En qué puto momento todo llegó a conectarse? Pues… no lo sé. Lo que sí está claro es que a mí me sigue pareciendo una locura.
E imagino que tú ahora mismo estarás igual que yo en ese momento. Tranquila, voy a empezar desde el principio para que puedas atar todos los cabos.
Florencio la lio, muuucho. Y no solo porque se follara al lechero en un pueblo en el que nunca ocurre nada y que, además, la sexualidad no regida y aceptada por la iglesia está completamente juzgada.
También la lio cuando al tal Rubén —que si lo llego a pillar a solas no hay Lola que consiga librarme de la condena— le contó dónde podía encontrar a mi leona.
Fue en ese punto… en ese pueblo llamado Villavacas de Monte —ahí donde parece que siempre empieza todo—, donde el declive de la vida de Lola arrancó.
Voy a romper una lanza a favor de Florens, estaba en un momento muy oscuro de su vida y jamás pensó que la charla con ese desconocido fuera a desembocar en la multitud de acontecimientos, casi irreales, que nos llevaron a Lola y a mí a estar en el filo de la muerte en más de una ocasión.
Con los datos que le dio a Rubén y la multitud de contactos y dinero que poseía Jimena Cruz, encontrar a Alisios Group fue pan comido. Investigaron un poco a Marcel y rápido vieron los problemas que tenía con el juego y en especial con el dinero.
Fue tan fácil.
Organizaron una timba amañada, le hicieron confiar, le dejaron ganar varias partidas hasta que Roux, desbordado por la avaricia y con una mano que parecía la ganadora, lo apostó todo y solo unos minutos después… ¡LO PERDIÓ!
El dinero, el velero, el negocio… A-RRUI-NA-DO en un pestañeo.
Cuando al día siguiente apareció Jimena Cruz para cobrarse, Marcel se vio acorralado y cantó como un gorgorito.
Les dio la ubicación nuestra a cambio de zanjar su deuda.
Y así de fácil encontraron a Lola en el inmenso mar Caribe y la secuestraron.
Todo lo demás ya sabes cómo fue; extorsión, naufragio, isla desierta, sexo, amor, rescate, cárcel, otra vez secuestro y… por fin… libertad.
Tras mi liberación llegaron los juicios de Rubén, Marcel y Jimena.
Al apodado «Morenazo» para Lola y Taky, y «te mato si te pillo» por mí, lo enchironaron quince años en la prisión de Colombia. Lo que viene siendo una muerte anunciada, no creo que consiga salir sin los pies por delante de ese lugar. Demasiado guapo e idiota para un sitio tan cruel.
¡Lo de Jimena Cruz fue la hostia!
Llevaban años tratando de pillarla. Cuando parecía que la alcanzaban.
¡Puf! Se esfumaba de nuevo. Era escurridiza, pero, sobre todo, muy lista.
Estaba considerada una de las mayores narcos de la historia.
Lo que ella jamás imaginó es que lo que parecía un pajarillo, en realidad era una feroz leona que la iba a llevar directa al lugar en el que debía estar.
Tan heroico como alucinante.
La mujer a la que durante años habían perseguido sin éxito, por fin está cumpliendo condena.
Y todo gracias a Lola y su acto tan valiente como jodidamente imprudente.
Jimena pasará el resto de su vida entre rejas y aislada, saben que no puede tratar con nadie porque puede mover hilos desde ahí dentro.
La noticia fue mundial: «Chica de pueblo, se hace rica y ayuda a capturar a Jimena Cruz, la narco más buscada de la historia».
¿Cómo se te queda el cuerpo? Temblando, ¡eh!
A ti y a todos.
Doy un salto al muelle y amarro el cabo. Me resulta imposible no sonreír al ver el nombre grabado en el casco: «Leona».
—¿Lo compraste antes de que fuera libre? —le pregunté a Lola sorprendido cuando me llevó directo al embarcadero el día que regresamos a Deshaies.
—Lo ibas a ser y sé que tú necesitas sentir el mar bajo tus pies para ser feliz —respondió con completa calma mientras se agarraba a los candeleros y subía a bordo.
—Yo solo te necesito a ti.
Me sonrió mientras su cabello se agitaba con la brisa del mar y su olor dulce se mezcló con el del salitre. Sentí que estaba en casa cuando agarró mi mano para que subiera con ella a la embarcación.
Mientras estaba en prisión, Lola le pidió a Damián que buscaran un velero para cuando fuera libre, ya que El Diablo Vela naufragó.
Mi amigo y marinero casi lo hace con él.
La tormenta empujó el velero mar adentro y lo sacudió hasta partir el mástil y provocar una rotura en el casco.
Se quedó a la completa deriva. Damián tuvo que saltar al mar antes de que el barco fuera engullido por las profundidades.
Lo hizo con el salvavidas, y dada la redundancia, eso es lo que le salvó la vida.
Se sujetó con fuerza, aguantó las sacudidas del oleaje hasta que la tempestad menguó.
Después solo pudo nadar mientras veía cómo el agua se filtraba por la grieta que se había formado en el velero y cómo, poco a poco, este terminaba bajo el mar.
—¿Me ayudas, cariño? —La voz de Lola me saca de mis recuerdos y, al alzar la vista, con premura busco los ojos más preciosos que he visto y veré jamás. El mar turquesa me mira y una vez más me recorre esa sensación de hogar.
Lola me sonríe llevando la mano a su abultado vientre y me trago la emoción porque le he prometido que voy a dejar de llorar cada vez que la veo con la barriga al aire. Es la mujer embarazada más bonita que puedas imaginar.
Aquella isla desierta casi acaba con nosotros, pero nos hizo el regalo más alucinante que nunca esperamos. Quién iba a pensar que la primera vez… y diana, bebé en camino.
Sonrío y ella también, estoy seguro de que ambos pensamos ahora mismo lo mismo.
Llevamos tres meses navegando en nuestro nuevo velero.
Ella insiste en seguir dando la vuelta al mundo izando las velas.
Y lo haremos, pero cuando nuestro bebé nazca.
Ni loco pienso asistir a su parto yo solo en mitad del océano.
Ya hemos tenido suficientes emociones fuertes para una vida entera, ahora toca vivir tranquilos.
Aun así, pasamos muy poco tiempo en tierra. Estamos recorriendo toda la costa del Caribe, buceando y haciendo el amor en cada playa, cenote y rincón que encontramos.
Subo a cubierta de nuevo y voy derechito hasta ella. Se ha puesto un bonito top de ganchillo que ella misma ha tejido y una falda blanca de hilo que deja al descubierto sus torneadas piernas.
—¡Wil! ¡No! Llegaremos tarde… —Se troncha de risa cuando me acerco acechante.
Coloco ambas manos sobre su vientre y siento la patadita de mi preciosa niña. Sonrío lleno de felicidad a la vez que acaricio toda la redondez, bajo por su cadera y cuelo una mano bajo la falda. Solo con rozar el filo de la braguita, Lola ya cierra los ojos y abre un poco las piernas, invitante.
—No tenemos prisa…
—Ninguna —gime cuando acaricio su clítoris.
Nos giro a ambos y bajo de espaldas por las escaleras hacia los camarotes. En cuanto toco de pie en el suelo, acomodo a Lola en uno de los escalones.
—Wil…
—Leona, abre las piernas.
Se me queda mirando y te juro que mi corazón se detiene.
Cuando me sonríe, canalla, con el brillo de la excitación explotando en sus iris, los latidos se reactivan a una velocidad desmedida.
Y así todo el jodido día. Vivir con Lola es como estar todo el tiempo subido en una montaña rusa llena de descensos vertiginosos y loopings enloquecedores. Y… ¡¡DIOS, CUÁNTO ME GUSTA!!
La falda se pliega en su cintura cuando sus piernas se abren y, ansioso, aparto la ropa interior.
Me acerco hambriento y lamo toda la sabrosa humedad.
Su grito emerge de ella sin remilgo ni contención y automáticamente mi erección se alza.
Agito mi lengua sobre su botón sintiendo cómo se inflama con la excitación mientras con una mano acaricio su vientre y con la otra su pezón.
Desearía poder tener más manos para abarcar todo su cuerpo y colmarla por completo de caricias en cada milímetro de su piel.
Me aparto de ella un momento, abrumado por todo lo que me hace sentir.
No sé si algún día me acostumbraré. Espero que no, porque es alucinante vivir así de intenso todo.
La observo fascinado. Ahí están, las mejillas sonrosadas, la sonrisa que me ha devuelto la vida y el mar Caribe en sus ojos.
Cuelo mis dedos dentro de ella disfrutando de verla rendirse al goce, tan hermosa y salvaje, tan leona.
—Os amo —confieso besando su vientre sin dejar de sostenerle la mirada.
—Tú siempre serás mi mayor riqueza. Te amo, mi Diablo.
FIN