Capítulo 68
—¿Y ahora qué hacemos?
Pregunto sin poder apartar la vista del estallido de colores que hay sentado sobre el sobrio de Florencio.
—Papá, no creo que debamos meternos en…
—Me refiero a lo del tipo de Logroño —interrumpo a mi hija.
Vale, todos estamos alucinando con el beso que se han dado Taky y Florencio, aunque, si tengo que sincerarme, algo me olía. Todas esas miraditas y roces. Vamos a ver, soy de pueblo, pero no tonto. Que el prometido de mi hija se acostara con otro hombre ya me dio una pista.
¿A ti no?
Sin embargo, dado el momento en el que nos encontramos y la situación en la que está mi hija, ahora mismo su sexualidad me importa un comino.
—Si queremos sacar a Wilson de prisión, tenemos que encontrar al tal Rubén. Este nos llevará hasta Jimena. Y solo hay un modo de hacerlo.
—¿Por qué siento que no me va a gustar ni un pelo? —Miro a Vega con los nervios a punto de estallarme en el estómago y provocarme una úlcera.
—Porque lo cierto es que no te va a gustar, Manuel, sin embargo, no hay opción… —Guarda silencio y tras observarme un momento, centra su vista en mi hija y suelta la bomba—: Tenemos que exponer a Lola.
—¡¡NO!!
—¡¡Ni de coña!!
Gritamos Florens y yo a la vez. Ambos nos levantamos exaltados, la cosa es que yo no tengo problema al hacerlo, pero él ha provocado que Taky caiga de culo al suelo con un lastimero: ¡¡Au!!
—Perdona. —Se agacha arduo para ayudarle a ponerse en pie.
—¿Qué quieres decir con eso de «exponerme»?
—Nada, porque eso no ocurrirá. Sea lo que sea, lo haré yo. Todo esto es mi culpa y lo voy a solucionar.
—Muy heroico por tu parte, Florens, pero no nos sirves. Ellos no tienen ningún interés en ti.
—Ni en ella. Solo quieren el dinero.
Que Vega vuelva a tardar un rato en responder me hace contener el aire.
Esa chica siempre fue… curiosa. Ya cuando vivía en el pueblo con su madre era distinta al resto de niñas.
Ese pelo rojo y los ojos de un verde casi transparente le daban un aspecto algo irreal, no ayudaba que siempre anduviera encendiendo hogueras, correteando descalza y hablando sola.
Cuando Florens la llamó, no pude evitar buscar información sobre ella.
La sorpresa fue titánica. Ha ganado el cien por cien de los casos que ha llevado, eso me calmó y a su vez no pude evitar pensar que podía ser fruto de…
la magia. No me juzgues, no es que crea en la brujería, pero...
cuando el río suena, es porque agua lleva.
Las mujeres Altamira siempre han tenido un aura «mística» por decirlo de algún modo.
—Lo siento, Florens, pero solo morderán el anzuelo si es Lola el premio. —Y ahí está con su respuesta contundente.
—Vega, creo que lo mejor es que llamemos a la policía, ellos sabrán qué hacer —resuelvo esperanzado.
—No quiero ser la portadora constante de malas noticias, pero lo más probable es que esté comprada.
—Pues menos mal que no querías… ¡Joder! —murmura Taky, Vega le ignora y continúa con su explicación.
—Con Wilson en prisión, ahora ven a Lola como un blanco fácil y eso juega a nuestro favor. Necesitamos que crean que van a poder acceder al dinero, necesitamos que se acerquen si queremos atraparlos.
El mundo empieza a dar vueltas, muchas.
—Hagámoslo, estoy dispuesta.
—¡¿QUÉ?! Lola, ¿a ti qué narices te ocurre? ¿Te crees que por haber sobrevivido a un secuestro y un naufragio ahora te quedan cinco vidas? Te recuerdo que no eres un puto gato.
—No, no soy un gatito, Taky, pero sí una leona.
—Vengaaa… ahora es definitivo, la hemos perdido. Debió tragar demasiada agua el día que casi se ahoga.
El amigo de mi hija no deja de frotar con nerviosismo su cabello azul, mientras camina de un lado a otro de la habitación, agitando los brazos en alto con esa costumbre suya de teatralizar todo. Me está poniendo aún más nervioso.
—Lola. —Me acerco a mi hija y la miro a los ojos—. Cariño, es muy peligroso. Te lo ruego.
—Papá, no tenemos otra opción para salvar a Wil.
—¡¡SI MUERES, NO HAbrÁ SERVIDO DE NADA!! —me exalto, ya perdiendo la poca compostura que me queda.
Mi mujer en el hospital y mi hija haciendo de salvadora del pueblo como si fuera capaz ella sola de librar esta guerra contra la mafia.
¿En serio? ¿Algo más, vida?
—Manuel, eso no ocurrirá. Jamás permitiría que le ocurriera nada a su hija. Si lo he propuesto es porque conozco al equipo correcto para este trabajo. Pero, Lola, te va a costar varios miles.
—El dinero no me importa. Solo quiero justicia —responde mi niña y soy consciente de que ya no queda nada de la chica que salió de Villavacas del Monte el día de Navidad, ahora tengo delante a una mujer nueva.
También ratifica lo que llevo rato pensando, se cree Juana de Arco o, como ella ha dicho, una leona, y no estoy seguro de si eso va a ser positivo o un problema.
—Lola, te lo ruego —insisto, juntando mis manos como en un rezo.
—Papá, todo estará bien.
Miro a Vega y su respuesta no me gusta nada:
—No te preocupes, Manuel, tu hija va a estar en las mejores manos. Los Dragons cuidarán de ella.
—Gatos, leonas y ahora dragones. ¿Podéis dejar de hablar de puñeteros animales y centraros? —Florencio parece el único que mantiene algo de cordura.
A Taky desde el beso, lo hemos perdido.
—Relájate.
—Mira, Vega, sabes bien que confío en ti, pero no ayuda mucho tu «reputación familiar» —entrecomilla con los dedos y veo como la cara de la abogada muta al instante— que nos digas que vas a llamar a unos dragones.
—¡Serás idiota! —Que pierda los estribos nos inquieta a todos—. Si quieres, lanzo un conjuro y hago que dichos dragones vayan volando a por Jimena. ¿Es eso? ¿Eso es lo que todos estáis esperando de la bruja?
—Vega, sabes de sobra que yo no…
—¡No! —Levanta su mano para detener el avance de Florens—.
Mi clienta es Lola. En realidad, he aceptado que todos estéis aquí por ella, porque sé que está más tranquila rodeada de vosotros, pero dejad que os explique cómo funcionan las cosas.
Creo que no lo acabáis de entender. Lola me ha contratado para sacar a Wilson de la cárcel y limpiar su expediente, y eso es lo que voy a hacer.
Yo nunca, jamás, pierdo un caso, y una manada de pueblerinos nerviosos no va a romper mi racha.
Dicho esto, solo me queda una pregunta por hacer.
»¿Lola, quieres que lleve tu caso? ¡Espera! Antes de responder apresurada. Si la respuesta es no, estará bien, cogeré mi maleta y volveré a desaparecer. Pero si es un sí, debes de estar dispuesta a confiar en mí ciegamente.
—La respuesta es sí, confío en ti, Vega.
Cierro los ojos dejando caer la cabeza entre mis manos.
Me viene el recuerdo de lo felices que estábamos mi esposa y yo el día del gordo de Navidad, cuando descubrimos que nuestra hija era millonaria.
Creímos que tenía la vida solucionada. Qué ironía, ese dinero no nos ha traído más que problemas, más que arreglarle nada…
se lo ha jodido todo. No me gusta ser catastrofista, pero tengo la sensación de que esto va a empeorar.
Es como si formáramos parte de un castillo de naipes y no pudiéramos evitar caer, uno tras otro.