La Riqueza del Amor Capítulo 30
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Capítulo 30

Una enorme ola de agua nos baña por completo de manera totalmente inesperada.

Trago medio mar y el asqueroso sabor salado me hace toser sin control.

La fuerza del agua ha empujado las gafas de buceo y ahora me escuecen los ojos y no puedo abrirlos.

Lo único que me calma es que Wil sigue sujetando mi cuerpo y me mantiene a flote.

—¡¡Eres idiota!! ¡¡Casi la ahogas!!

—Ya te encargas tú de sujetarla bien para que eso no ocurra.

—¿Damián? —cuestiono tratando de reenfocar.

Y es que la voz ha sonado tan ruda y cortante que, por un momento, dudo de que pueda ser él.

—¡Aloha, leona! Te dejo un rato con él y ya ni me reconoces. —Me sonríe, canalla, y le devuelvo el gesto mientras trato de separarme del cuerpo de Wil, una misión que fracasa de manera estrepitosa, ya que sigue sujetándome con fuerza pegadita a él.

Damián está arrebatador con sus rizos goteando en sus mejillas sobre una moto de agua negra con varios dibujos rojos, entonces entiendo que la ola la ha provocado él al llegar a nuestra altura.

La gran pregunta es: ¿esas máquinas no hacen mucho ruido?

Y la siguiente cuestión: ¿Hasta qué punto Wil afecta a mi lucidez y no he sido capaz de escuchar la moto acercarse?

«Cerca de ese cuerpo, esos ojos oscuros y esos labios carnosos, nada es lucidez… Y todo es Lucifer». El pensamiento llega como una epifanía certera.

Por si no lo sabes, deja que te lo aclare. Lucifer es considerado el ángel más bello y poderoso que creó Dios, cuya soberbia y orgullo lo llevaron a rebelarse contra él, su expulsión del cielo lo llevó a convertirse en… El Diablo.

Ahora todo encaja, ¿verdad?

—Vamos, Lola. Daremos un paseo. Te he traído un chaleco.

Damián extiende su mano para ayudarme a subir a la moto de agua y a su vez Wil rodea mi cintura con una posesión que no debería, peeero… me encanta.

«¿Cuándo he pasado de ser la atracción más interesante de Radio Cotilla, un enjambre de viejas cotillas, a la competición de los dos hombres más guapos y sexys que jamás hayan visto mis ojos?». Sonrío al pensarlo y no puedo evitar mirar a ambos algo turbada y, para qué engañarnos, muy halagada.

Deja que me sincere: estoy encantada con el cambio. Aunque no tanto con las miraditas que se lanzan entre ellos y que no tengo muy claro si acabarán por traer problemas.

La idea de ir en moto de agua me parece fascinante, pero no veo justo salir corriendo de los brazos de Wil para lanzarme en los de Damián, y mucho menos después de lo que me ha hecho en su camarote. Solo de pensarlo me entran los calores. «¡¡Por todas las virgencitas, qué lengua!!».

Miro a uno y correspondo su sonrisa divertida y canalla, me sigue esperando paciente con sus rizos mojados y su mano extendida.

Entonces miro al otro y las tinieblas me saludan.

Su mano, que sigue aferrada a mi cintura, resbala hasta mi trasero y dejo de respirar cuando siento sus dedos acariciar por debajo de la costura del bikini.

Damián no puede verlo porque me está tocando del lado de la lancha y esta nos da intimidad.

Los dedos se deslizan hacia abajo y cuando llegan a mi rajita trago con fuerza el gemido, entonces Wil dice tan tranquilo, sin dejar de acariciarme muy despacio:

—Ve con Damián a disfrutar. —La última palabra suena como diez octavas más bajas y yo quiero morirme—.

Ya nos inventaremos nosotros algo después para divertirnos.

—Sin más, se separa de mi cuerpo y un lamento susurrado se me escapa.

Soy plenamente consciente de que lo ha escuchado cuando le veo sonreír.

«¡¡¿EN SERIO?!!».

—Lola —me llama Damián y no tengo claro cuánto rato he quedado atrapada en la mirada que me gritaba promesas excitantes y lujuriosas.

—Sí, sí —carraspeo nerviosa—. Vamos.

Intento recomponerme y, tras lanzar las gafas dentro de la lancha, dejo que Damián tire de mi mano para ayudarme a sentarme detrás de él. Una vez tengo colocado el chaleco, agarra mis manos, hace que lo rodee desde detrás y, mirando a Wil, añade:

—Abrázame fuerte, leona.

«Esta guerra de hombres alfa va a acabar mal, muy mal».

Da gas y no puedo evitar girarme a mirar a Wil, el muy canalla saca su lengua y la hace resbalar por su grueso labio y te juro que por un momento he pensado en lanzarme al mar y dejar que volviera a lamerme.

***

¡El día ha sido de locos!

Hace menos de una semana vivía en un pueblo de unos ochenta habitantes y lo más surrealista que había vivido fue encontrar a mi prometido embistiendo por detrás al lechero.

Buenooo… Valeee… Eso también tiene telita.

Pero hasta ese momento lo demás era todo muy típico de Lola Flores del Campo en Villavacas del Monte; risas por mis constantes torpezas, comentarios reiterados sobre lo desgraciada que sería por ser amiga de Taky y algún que otro halago por haber tenido al menos la decencia de elegir al solterón del pueblo.

Dejemos claro que no había mucha más opción.

Y ya, eso era casi todo, no había muchas más cosas interesantes.

Entonces… me toca el Gordo de Navidad y ¡¡BOOM!!

Todo estalla en mi vida.

En una semana escasa, mi mundo insulso y gris se ha convertido en un arcoíris lleno de colores, purpurina y candeleros llenos de monedas en sus extremos.

He pasado de no viajar nunca a llegar a la otra punta del mundo ¡SOLA!

He navegado en velero, también he buceado con una tortuga y surcado el mar en moto de agua.

Damián se ha convertido en un gran amigo y, no por dejarlo para el final, es menos importante; he conocido al Diablo y este me ha lamido llevándome al éxtasis más alucinante que jamás imaginé que podía experimentar.

Esto último me tiene tremendamente preocupada. Creo que la saliva de Wil tiene la capacidad de abducirte para llevarte a su infierno personal, que entres en las tinieblas con él y no las vuelvas a abandonar.

¿Que por qué digo esto?

Verás… he entrado en un bucle del que no salgo, pero tampoco trato de huir.

Ya solo puedo pensar en sus manos acariciando mis pechos, su lengua jugueteando con mi clítoris y sus ojos oscuros mirándome como si fueran capaces de leer dentro de mí.

He disfrutado como una niña con Damián surcando el mar a toda velocidad.

Mientras dábamos botes con cada ola, no podía parar de reír feliz, pero cada dos por tres hacía un requiebro con la moto y rodeaba la lancha en la que Wil estaba sentado observándonos fijamente.

Era cruzarme con sus ojos y cortocircuitar.

Mi cuerpo se estremecía y mi centro se contraía.

¡¡Una locura!!

Al final ya no podía más con el huracán de emociones que no dejaba de sacudirme y, usando como excusa que era fin de año y quería arreglarme para la fiesta de esta noche, le he pedido a Damián que volviéramos a El Diablo Vela .

Wil ha acelerado con la lancha y se ha colocado a nuestra altura. No dejaban de mirarse el uno al otro como si fuera un duelo y el primero en llegar al velero se llevaría de premio a la chica.

¡Me he metido en un lío enorme! Y mi querido Taky morirá de la risa cuando se lo cuente.

No puedo evitar sonreír al imaginarlo gritando al teléfono, emocionado con el nuevo culebrón que protagoniza mi vida y sugiriendo que me monte un trío en cubierta, mientras el mar mece nuestros cuerpos y dejo atrás mi virginidad.

Spoiler : Nada de eso va a ocurrir.

Adoro a Damián, es guapo, divertido y me río mucho con él, hay una química muy especial entre nosotros.

Pero Wil…

El Diablo tiene una energía que me atrae, ¡NO! mejor dicho, que me consume. Es una sensación extraña. Mi razón me dice que me aleje, que no es bueno para mí, pero cada fibra de mi cuerpo me empuja hacia él de manera irrevocable.

Suspiro mirándome en el espejo con el rímel ya puesto en un ojo.

—Lola, no puede ser ni uno, ni el otro —susurro con convicción para mí misma.

Sigo maquillándome y, cuando termino de ponerme el carmín rojo, me acerco al armario y saco el vestido que encargó mi madre a la costurera del pueblo para que pudiera lucirlo esta noche.

Aún me pregunto cómo fue capaz de tenerlo listo antes de mi partida.

Meto los pies y hago resbalar el tejido hasta arriba.

Coloco bien los finos tirantes y sonrío divertida cuando me miro en el reflejo.

—Espero que aquí no existan los anuncios de Freixenet. Parezco una de sus burbujas. —Río sola en mi camarote.

El vestido se ciñe a mi cuerpo como una segunda piel y los destellos brillantes y dorados se reparten de arriba abajo. He decidido recoger el cabello en un moño alto y algunos mechones se han escapado despreocupados.

—¿Lola? —llama Damián con suavidad a la puerta—. ¿Estás lista?

—Sí, dame un minuto y subo.

—Perfecto.

Sus pasos se alejan y mientras vuelvo al espejo.

Me subo en los tacones que sé que me quitaré en cuanto lleguemos a la playa y sonrío al verme.

Nunca había tenido la oportunidad de vestirme de este modo.

Me veo elegante y bonita. No puedo evitar estar algo nerviosa, respiro un par de veces y reúno coraje para salir con decisión camino de cubierta.

Damián y Wil callan en cuanto llego y me ven.

—¡¡WOW!! ¡Leona, estás alucinante!

—Gracias. —Río con un poco de vergüenza y miro a Wil esperando su comentario, pero este no llega.

Solo se mantiene ahí, en silencio, con sus ojos clavados en los míos hasta que Damián da un paso al frente y levanta un poco el codo para que pueda agarrarme a él.

Con el primer paso doy un traspié, el tacón resbala un poco, pero me aferro fuerte al brazo del rubio guapísimo que tengo al lado y recupero la compostura.

«¡Así se hace, Lola!». Grita mi cabeza. Y no puedo evitar pensar que donde hubo, siempre retuvo.

Damián no le da la menor importancia a mi torpeza y con una sonrisa radiante pregunta:

—Preciosa, ¿lista para recibir el nuevo año en la mejor fiesta de tu vida?