La Riqueza del Amor Capítulo 23
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Capítulo 23

No puedo evitar reírme al ver la cara de ambos. Tengo que darme la vuelta para que no me vean.

—Lola necesita tocar tierra o se volverá locaaa… —se exalta Damián mientras bajo por las escaleras de los camarotes, alejándome.

Sonrío y le respondo:

—No olvides que el capitán soy yo.

— Ni ilvidis qui il cipitin… ñi-ñi-ñi… —Vuelvo a reírme cuando lo escucho hacerme burla como un niño pequeño picado porque le acaban de quitar su juguete preferido.

En realidad, es justo lo que acaba de ocurrir. Damián está encaprichado con Lola y yo… más feliz que nunca al ver que es la primera mujer que no cae en sus redes con un simple chasquido de dedos.

El día que los vi en la playa, mi enfado fue monumental, pero después la escuché hablar con ese tal Taky al que llama con frecuencia.

Lo del nombre de ese chico es algo que me tiene intrigadísimo, sin embargo, prefiero no preguntar.

No pienso entrometerme en la vida personal de Lola.

El caso es que… hice algo que no está bien, peeero yo nunca he sido una buena persona, es algo que quiero dejar bien claro.

La vida me ha enseñado que en la mayoría de los casos jugar sucio te ayuda a ganar, y sí, me encanta ganar.

No fue en absoluto accidental. Estaba en cubierta cuando escuché las voces, bajé a mi camarote, cerré la puerta y pegué la oreja a la pared.

¡¿Qué?! Ya te he avisado que no soy de los que juegan limpio.

Tras unos segundos de silencio escuché la frase que lo ha cambiado absolutamente todo:

—No hay nada que contar, porque no ha pasado nada entre nosotros. Se ha portado como un caballero y un verdadero amigo. Tenemos una conexión genial, tanto que hasta le he contado que me tocó el gordo.

¡¡Boom!! El notición me llegó sin previo aviso.

Damián no se había tirado a Lola en la playa. Y lo mejor de todo, ella lo había colocado en la fantástica zona de «Friends» .

Lo que no entendí muy bien fue eso de que le había tocado el gordo. Al principio supuse que se refería a alguna expresión española, pero el runrún no me dejaba tranquilo, así que entré en ChatGPT y le pregunté. Casi me caigo de culo cuando me respondió:

La expresión «me tocó el gordo» en España quiere decir que te ha tocado la lotería.

Todo encajó a la perfección. Fue una verdadera epifanía. De repente entendí a Lola. Tenía mucho dinero, sí, pero por sorpresa.

Ahí las cosas cambiaron, dejé de mirarla del modo que lo hacía y empecé a hacerlo buscando a quien realmente era.

Esa chica dulce y de cabello platino era una simple mortal más que estaba en El Diablo Vela tratando de cumplir un sueño loco, pero sin tener muy claro cómo hacerlo.

La había visto varias veces con esa gruesa libreta llena de imágenes y recortes, cómo revisaba las páginas y las miraba con una cálida sonrisa.

En ella estaba la ruta de alguien que se imaginaba en decenas de lugares del mundo creyendo que nunca los pisaría.

Pero aquí estaba, el destino le había entregado por sorpresa el dinero para hacerlo.

No sé cuánto le ha tocado, tampoco me importa, lo que está claro es que es un buen pico y eso la hace muy, muy, muy interesante.

En cuanto fui conocedor de la realidad, supe que tenía que ganármela. Me miraba y podía sentir esa especie de magnetismo que la atraía hacia mí, y ya no iba a rehuir más de eso, al contrario, me estoy aprovechando. Y… ¡¡Gracias, Dios!! Está funcionando.

Empecé con roces sutiles para ver cómo reaccionaba y con miradas sostenidas que al principio esquivaba a los pocos segundos, pero que pronto se fueron alargando.

Hasta he jugado a las cartas con ella y Damián por las tardes con la intención de que me vea como un hombre más accesible y relajado.

Han sido cuatro días navegando con una mar tranquila y un ambiente distendido que ha provocado que haya menos distancia entre nosotros.

Cuando he visto tierra, he sabido que debía certificar si todo el trabajo hecho había surtido efecto.

¡¡Vaya si lo ha hecho!!

Al tocarla, he sentido cómo se estremecía. Su piel se ha erizado con mi susurro y su cuerpo se ha dejado caer sobre el mío mientras le explicaba lo que haríamos. En mi cabeza la palabra «¡victoria!» ha centelleado.

Lo he logrado, Lola se siente a gusto con mi cercanía… muy a gusto.

El problema ahora era que necesitaba pasar al siguiente nivel, debía ganarme su total confianza y eso solo lo iba a conseguir si estaba conmigo a solas.

No podía hacerlo con Damián escudriñando cada uno de mis gestos o acciones.

Me conoce demasiado bien y estoy convencido de que soltaría comentarios que lo único que harían sería estropear toda la labor hecha hasta el momento.

Así que, tirando de mi poder como capitán, le he dicho que debía ir a tierra a hacer varios recados. Tal y como esperaba, ha sugerido que Lola lo acompañara, pero ahí ha llegado el «jaque mate».

—Damián, te recuerdo que esto es un trabajo y que tu labor es procurar que no nos falten suministros.

Se han mirado los dos con unas caras de pena que casi me hacen reír, me he tenido que morder el carrillo para contenerme.

—Tranquila, Lola, tengo una sorpresa para ti.

He añadido con voz seria y cortante para darle más dramatismo al asunto. Sus ojos se han abierto tanto que, por un momento, he pensado que se le caían de las cuencas. Aún no sé cómo he conseguido mantenerme serio ante su cara de confusión absoluta.

Estoy preparando el equipo de snorkel cuando Lola desaparece de cubierta en dirección a los camarotes, Damián solo tarda una milésima de segundo en acercarse a mí y gruñirme al oído:

—¿Qué coño planeas? Te recuerdo que dijiste que era intocable.

—Haz tu trabajo, Damián, yo haré el mío.

Su enfado crece exponencialmente.

—No sé qué coño pretendes, pero no me gusta.

Ni siquiera levanto la cabeza, sigo con mi tarea ignorándole y eso sé que consigue frustrarlo mucho más.

Sabedor de que no va a sacar nada más de mí y muy malhumorado, da un salto para bajar al muelle en el que ya tenemos El Diablo Vela amarrado.

Se va con las bolsas vacías colgadas del hombro y pisotones tan contundentes que hacen temblar las maderas bajo ellos.

«Ya se le pasará la pataleta». Pienso, negando divertido, mientras se aleja.

Cojo aire, y lo dejo ir despacio. Hoy es el último día del año y todo tiene que salir a la perfección. Tengo un plan, arriesgado, sí, pero si funciona... va a ser uno de los mejores inicios de año que he vivido.

—Voy a dar un paseo para ver las tiendecitas de la playa. —Me giro para mirar el lugar que señala Lola con el dedo.

—No irás sola. Lo tendré todo listo en media hora como mucho, espera a que…

—Lo siento, Wil, ya sé que tu cargo de capitán te llena de ego, pero yo soy la clienta y puedo decidir por mí misma. Voy a bajar a tierra, pasear y salir un rato de El Diablo Vela . Volveré en una hora.

Lola parece un pajarillo la mayor parte del tiempo, pero de tanto en tanto deja asomar esa leona que lleva dentro y contra la que ni yo mismo soy capaz de combatir. Se ha enfadado porque no la he dejado ir con su amiguito y está sacando las garras.

—No te alejes de las paradas, ni te adentres en la zona de selva —respondo calmado y ella… alucina.

Una pequeña sonrisa se forma en su rostro y sé que la palabra ¡victoria!

ahora es en su cabeza donde centellea. Asiente antes de extender la mano hacia mí.

La sujeto con fuerza y puedo ver cómo un pequeño rubor cubre sus mejillas.

Sin soltarla, caminamos los pocos pasos que nos alejaban de proa y, una vez allí, la ayudo a bajar al muelle.

Con nerviosismo plancha el vestido que se ha levantado, enseñando toda la longitud de sus torneadas piernas al saltar al muelle, y carraspea inquieta antes de decir un simple:

—Gracias.

Empieza a caminar y no puedo evitar observarla.

Totalmente distraída, peina sus largos mechones platinos y los recoge para envolverlos en forma de moño en lo alto de su cabeza.

Lleva el vestido blanco con bordados tradicionales de mi tierra atado al cuello, el resto de su espalda queda completamente desnuda hasta justo el final de esa sensual curva que hay antes de que empiece la de su trasero.

No debería mirarla de este modo, ni permitir que mi cuerpo se excite cada vez que pienso en la suavidad del tacto de su piel, pero hay cosas que empiezan a resultar inevitables.