La Riqueza del Amor Capítulo 21
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Capítulo 21

—¡¡Sé nadar!! —susurro gritando.

Y sí, ambas cosas. Lo digo lo bastante flojo para que Wil no me oiga y con el entusiasmo justo para que Taky perciba mi emoción desbordante.

—¿Qué? ¿En solo un día?

—Bueno, mejor dicho, ahora ya sé bucear y es… ¡alucinante! He pasado un día increíble. Lo empecé al más puro estilo Lola Flores del Campo, y dejé hasta el higadillo como pasto para los peces por culpa del mal de mar.

—¿De qué hablas, Lolita? ¿Ahora ya usas jerga marinera? —Me río.

—Calla y escucha. Esta mañana, cuando hemos empezado a navegar y yo estaba que explotaba de emoción porque mi viaje por el mundo en velero ya era un hecho, me he puesto malísima. He pasado tres horas vomitando por la borda y queriendo morir gracias al mareo que tenía.

—Peeero…

—Pero después he vivido un día inolvidable con Damián.

—¿Damián? Interesante.

—¡Calla y escucha! Deja de cortarme.

—Solo digo que me ha llamado la atención que hayas pasado el día con el marinerito.

—Hemos ido a la isla en lancha —ignoro por completo su tonito y me centro en explicarle—: Hemos comido frijoles y fajitas mexicanas acompañados de una piña colada frente al mar, bajo la sombra de una enorme palmera inclinada hacia el agua.

—Cabrona, cómo te envidio. Yo hoy he pasado la tarde jugando al ajedrez con doña Gertrudis y don Asensio.

—¡¡Takyyy…!! —Me troncho de risa—. Me encantan tus nuevos mejores amigos.

—¡Vete a la mierda!

—Deberías haber publicado en redes una foto del gran momento con el hashtag #misgrandesamigosyyo.

—¡Ja, ja! Muy graciosilla. Esto es el infierno, Lola. Villavacas del Monte sin ti se ha convertido en Villaburrimiento y yo no sé qué hacer con mi vida. Las vacaciones de Navidad están siendo eternas y no creo que aguante hasta después del día de Reyes. Voy a volver a Barcelona antes.

—¿Quééé? ¿Ya?

—Lola, ya sabes que adoro a mi familia —la ironía es palpable—, pero ellos no tanto a mí. Y sin ti aquí siento que me ahogo.

—La que ya no se va a ahogar soy yooo… —canturreo feliz y ambos nos reímos.

—Me iré para fin de año. Van a montar una fiesta en mi piso que con facilidad va a superar la que hay planeada aquí en el bar del pueblo.

—Ojalá hubieras podido venir conmigo, te echo mucho de menos.

—Ese es tu sueño, culito, yo no nací para viajar por el mundo. Lo mío son los escenarios y los focos.

—Lo sé, pero aun así me encantaría que estuvieras aquí.

—Pues yo creo que hablas mucho, pero que, en realidad, estás muy muy bien acompañada y poco te acuerdas de los pobres.

—No digas tonterías…

—Tontería te va a dar ese rubio de ojazos verdes que sonreía a tu lado en la foto que me has enviado antes. ¡¡Menudo hombre!!

—No me va a dar nada. Damián y yo solo somos amigos. —Estalla en una carcajada.

—Cuanto más amigo… más te la arrimooo…

—¡¡Taky!! No seas soez.

—Y tú deja de ser tan remilgada. Venga, cuentaaa… ¿Has roto tu barrera en el mar Caribe mientras las olas empujaban vuestras caderas?

—¡¿Qué tonterías dices?! ¡¡Claro que no!! No pienso perder —bajo mucho el volumen— mi virginidad de ese modo y con un hombre que…

—¿Que está para abrirse de piernas y entregarle tu castidad tres veces seguidas?

—¡Por el amor de Dios! ¿Cómo puedes ser tan animal?

—Dios no tiene nada que ver con esto, aunque he de reconocer que ese tal Damián parece creado por su divinidad. —Me río porque es inevitable—. Venga, Lola, cuentaaa...

—No hay nada que contar, porque no ha pasado nada entre nosotros. Se ha portado como un caballero y un verdadero amigo. Tenemos una conexión genial, tanto que hasta le he contado que me tocó el gordo.

—¡¡LOLA!! ¿Por qué has hecho eso? —pregunta escandalizado—. No conoces de nada a ese hombre. ¡¡Que estás en México!!

—¿Y eso qué quiere decir?

—Estoy harto de decirte que deberías mirar más telenovelas conmigo, si lo hubieras hecho, entenderías que en ese país hay mucha corrupción y maleantes.

—Estás comparando esas series basura que ves con la vida real.

—¡Pues claro que no! Pero tampoco vivo en una cueva. México es precioso, sí, pero también es uno de los países con mayores índices de corrupción del mundo. ¡Sale en todos los informes!

—¿Eso lo sabes porque has estado investigando?

Me ignora por completo y continúa con su argumento:

—Entre narcos, robos, policías comprados y políticos que se tapan entre ellos… no puedes andar por ahí contándole a cualquiera que te has hecho millonaria. ¡¡Te pueden secuestrar, Lola!!

Me dejo caer de espaldas en la cama, molesta, porque se lo esté tomando así. Sé que exagera… pero también sé que lo hace porque se preocupa por mí. Él no lo entiende porque no conoce a Damián.

—Tú siempre te imaginas lo peor. Te gusta demasiado el cine.

—¡Porque lo peor pasa! —responde serio—. Y más en lugares donde la justicia a veces tiene precio.

—Damián nunca haría nada para dañarme.

—¿Y El Diablo? ¿Qué me dices de él? Porque, por lo que me contaste, son amigos desde la infancia, así que seguro que le cuenta tu secretito.

—Wil no lo sabrá nunca.

—¿Estás segura?

Me encantaría responder: ¡Sí! Sin embargo, en este momento, sinceramente, no lo sé. De todos modos, no respondo, lo último que quiero es que se preocupe más.

—Lola, cielo, no puedes confiar en todo el mundo. ¿No te das cuenta de que te has ido a la otra punta del planeta, ¡SOLA! y vas a navegar casi un año con dos hombres que hasta hace un par de días ni conocías?

—Son unos profesionales. He firmado un contrato con una empresa, es todo legal y está bien hecho. Taky, no me he embarcado en un barco pirata y voy a la deriva con narcotraficantes.

—Yo solo te digo que vayas con más cuidado y no entregues tu confianza tan rápido. Deberías hablar con Damián y pedirle que no le cuente nada a Wil, con un poco de suerte no lo habrá hecho aún. Cuanta menos gente lo sepa, mejor.

Lo medito un momento y finalmente acepto.

—Está bien, hablaré con él, no creo que sea necesario, pero para que te quedes tranquilo, lo haré.

—Y después te puedes abrir de piernas y entregarle tu virginidad…

—¡¡TAKY…!!

Ambos empezamos a reírnos y el momento tenso se disuelve, pero no puedo evitar pensar en todo lo que hemos hablado.

Soy una pueblerina, pero no soy tontita.

Sé muy bien en qué país estoy, he leído mucho sobre cada uno de los destinos de mi ruta.

México tiene una de las tasas de corrupción más altas de América Latina, esa es una realidad.

Hay zonas seguras, claro, pero también otras controladas por el narcotráfico, con policías corruptos y gobiernos locales que hacen la vista gorda.

Es una pena que un país tan precioso esté supeditado al control de gente que solo está en el mundo para hacer el mal, sin embargo, esa es la realidad de este lugar.

Entiendo el miedo de Taky, pero no puedo vivir con la paranoia de que algo me puede ocurrir.

Si así fuera, no habría hecho este viaje.

Sé que Damián y Wil —sí, también él—, no van a permitir que nada malo me ocurra.

Me siento segura con ellos. Además, en una de las videollamadas que tuve con Renata y en la que salió este tema, ella fue muy clara; «las embarcaciones de recreo y vacacionales son muy respetadas, en especial las de Alisios Group».

La creí a pies juntillas. ¿Por qué no iba a hacerlo?

Su comentario estaba totalmente avalado con cientos de reseñas que tenían en Google de los clientes que ya habían viajado con ellos.

A todo esto, hemos de sumarle que nunca vamos a estar en el mismo lugar, nos moveremos y también pasaremos días navegando por alta mar.

Nadie va a venir hasta la mitad del océano con la única intención de encontrarme a mí.

«Ni que fuera tan interesante».