La Revolución Amarilla Epílogo #2
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Epílogo #2

Torbe: No sé. Quizás... quizás treinta minutos. Me quedé mirándolo. No podía dejar de mirarlo. Incluso cuando mis ojos dolían. Incluso cuando tuve que cerrarlos porque era tan brillante. [pausa] Lo miré hasta que supe que tenía que volver. Que tenía que decirles.

Jassim llegaba jadeando y sin poder seguir el ritmo del muchacho al que parecía estar persiguiendo desde que entró por la boca del túnel.

Jassim: [preocupado] ¿Respiraste? ¿Sin protección?

Torbe: [asintiendo] Sí, costaba un poco, era como respirar polvo. Pero pude, y no morí... El aire es respirable, no sé si será perfecto, pero respirable.

Emro: [emocionado] ¡El mundo vive...!

Torbe: [girándose hacia él] El mundo vive, Emro [pausa] y el sol... el sol que cantabas, el de las canciones, aquel que Alan pintaba. [pausa, lágrimas cayendo] Es real y está ahí esperándonos.

Alan: [abrazando a Torbe] Hiciste de mí, pequeño fantasma. Mejor de lo que nunca imaginé.

Torbe: [abrazándolo de vuelta] Lo prometí. Prometí llevar luz donde no podías llegar. [pausa] Y ahora... ahora puedes llegar tú mismo. Todos podemos.

Kael: [a Jassim] ¿Cuánto tiempo para preparar el éxodo?

Jassim: [calculando] Si el túnel es accesible... si Torbe llegó solo sin equipo... Una semana. Quizás menos. Podemos empezar a mover gente, los jóvenes primero. Luego los ancianos con ayuda. [pausa] y en dos semanas... todos podríamos estar afuera.

Mujer En La Multitud: [gritando] Pero ¡qué hay afuera! ¿Solo ceniza? ¿Solo muerte?

Torbe: [girándose hacia ella] Hay sol. [pausa] Y donde hay sol... puede haber vida. Quizás no ahora, pero pronto. Yo no lo vi, solo vi gris, pero el sol brillaba y eso significa que la Tierra no está muerta, solo... dormida.

Alan: [levantándose, voz más fuerte] Entonces la despertamos. Saldremos todos y dejaremos esta montaña. Dejaremos esta prisión [pausa] y bajo ese sol real... construimos un nuevo mundo. Mejor que el que perdimos, mejor que el que Vorak construyó.

Emro: [sonriendo] Y llevaremos la música llena de recuerdos y los nombres que perdimos. Llevaremos todo lo que somos, todo lo que fuimos y todo lo que podemos ser.

Kael: [tomando mano de Amara] Y construimos familias libres, sin marcas y sin asignaciones. Solo... amor.

Amara abraza a Torbe, hace un esfuerzo por traer a ese momento todos los recuerdos que tiene de Nira. Aprieta con fuerza al pequeño.

Amara: [apretando su mano] Y niños que crecerán bajo el sol real y que nunca conozcan oscuridad como esta. Tu madre estaría muy orgullosa, cariño.

Torbe, parecía darse cuenta de la solemnidad del momento y fue acercándose al interior del sol pintado.

Torbe: Antes de volver... antes de correr hacia aquí...

hice algo. Pinté un sol en la roca, justo afuera del túnel, donde termina la montaña y comienza el mundo.

Con barro, no con tiza, ni con ceniza. No es perfecto, pero está ahí, marcando el lugar.

"Aquí terminó la prisión. Aquí comenzó la libertad. "

Alan: [sonrisa amplia] ¿Y qué pusiste debajo?

Torbe: [sonrisa] "ϕA". Como siempre. Como me enseñaste.

Un niño de diez años que había aprendido a pintar soles de un hombre que nunca dejó de creer, había hecho lo imposible. No solo había pintado luz en oscuridad, había encontrado luz real y traído la noticia de vuelta.

Como Hamso, como un profeta portador de verdad que cambiaría todo.

Esa noche, nadie durmió.

Todos empacaban.

Todos planeaban.

Todos soñaban.

Con un sol amarillo.

Enorme.

Real.

Esperándolos.

A dos kilómetros de distancia.

Al final del túnel.

Al comienzo del mundo.

Y en el Foro.

Alguien pintó nuevo mensaje.

Sobre el sol.

En letras grandes:

"MAÑANA VOLAMOS HACIA LA LUZ"

Y así fue, finalmente, tras una jornada en la que la expedición 48 arrancó con ilusión y futuro, trescientas personas, lideradas por Kael y guiadas por el pequeño Torbe, se adentraron en el interior del túnel 12, avanzando hacia su destino, el lugar que les había sido privado durante treinta años.

La expedición estaba formada en su mayoría por jóvenes que acarreaban con fuerza y valentía todo tipo de enseres necesarios para la instalación de un campamento permanente.

Pero también los acompañaban algunos de los primeros habitantes, esos que solo deseaban ver el Sol por última vez para poder sentir su calor antes de morir definitivamente.

Torbe se adelantó unos metros, conocía la salida, estaba cerca, el aire ya era distinto, todos respiraban hondo, olía a cualquier otra cosa que no existiera en la Montaña, seguramente no fuese todo lo limpio que debiera, pero era aire fresco, no rancio, no cerrado.

Se paró justo en la boca del túnel abriendo los brazos y poniéndolos en cruz.

Kael corrió tras él con los ojos entrecerrados, tensándose a cada zancada ante el impacto que estaba a punto de recibir. Al llegar a la bocana, lo vio. Se asomaba tímidamente, como avergonzado de encontrarlos: era el Sol, y bajo él, se extendía un mundo enorme, gris y yermo.

Y llegaron. Salieron al fin, asimilando la luz paso a paso; uno a uno fue asomando del túnel, inmóviles, sin espasmos, tratando simplemente de reconocer lo que perdieron. No era lo mismo, ni se le parecía, pero lo sintieron en su piel y en su ser. Aquel calor... el Sol había despertado.

Mientras la comunidad explotaba en el éxtasis, desataba su optimismo por el descubrimiento de Torbe y daba rienda suelta a su imaginación y necesidad de abandonar la montaña. Había alguien que sentía que tanta esperanza desbordada podría ser un error incalculable.

Jassim no podía evitar preguntarse si la mejor decisión era salir ya al exterior, había datos que no le cuadraban, cálculos que no eran finos y variables, sí, las malditas variables que atormentaron a Kabil toda su vida, eran demasiadas como para asumir tanto riesgo.

Habían desatado un torrente emocional muy potente en estas gentes para insuflarles la fuerza necesaria que necesitaban para enfrentarse a Vorak y a sus ideales.

Les habían prometido la luz, la libertad y el calor del Sol.

Jassim que puso todo su ingenio en conseguir desatar la locura y el caos que derribó el sistema, ahora se sentía como al principio, como hace treinta años cuando llegaron al búnker.

Y lo principal no era otra cosa, que evitar la anarquía y conseguir crear un lugar donde proteger y mantener la colonia.

Ahora, Alan, Emro, Kael y los demás, tienen una energía enorme enfocada al fin que se fijaron, salir, llevar la humanidad a un mundo que les fue arrebatado, colonizar la Tierra de nuevo, y quién sabe, si encontrar a más seres humanos.

Pero él no podía extirpar su capacidad de análisis, ¿sería realmente habitable? ¿Y si Kabil tenía razón en cuanto a él? ¿Y si las emociones le hacían débil, le hacían errar en sus cálculos y precipitarse? ¿Estaría llevando a la colonia a un suicidio?

¿Era demasiado pronto para salir? No terminaba de entender el motivo por el que Kabil les mantuvo aquí tanto tiempo, si la erupción volcánica era la informada, no tenía sentido tanto tiempo de aislamiento, y menos en esta zona tan alejada.

Hubo muchas expediciones que salían, pero ninguna terminó de convencer a Kabil.

No podía transmitir estos pensamientos a nadie, sería como hacer brotar de nuevo el miedo y la desconfianza, ese aroma a dogma que se había enterrado no sería coherente que fuese planteado por él.

Eran demasiadas dudas sin respuesta.

Aquella noche, cuando todos descansaban, el mago fue al único sitio prohibido, no por decreto, sino por miedo generado en la montaña.

Se dispuso a subir hasta el laboratorio de Kabil, que, si bien había sido desmantelado al igual que los aposentos de Vorak, Jassim tenía la impresión de que seguro que algo se dejaron en aquella primera batida descontrolada.

En la subida, notó que alguien le seguía, sombras que ya no eran tan discretas debido al aumento de luz en los niveles, Jassim se giró de repente.

Jassim: [nervioso] ¿Quién anda entre las sombras? ¡Muéstrate!

Subir al laboratorio de Kabil ya le ponía los pelos de punta lo suficiente como para añadir visitas extrañas.

Alguien surge de la oscuridad que le daba la pared, ataviado con una capa de custodio, era Dante. Desde la revolución este muchacho había adoptado a Jassim como si fuese el padre o tutor que nunca tuvo y no se separaba de él nunca.

Dante: [decidido] Jassim, no sé dónde vas, pero no pienso dejarte solo.

Jassim: [aliviado] ¡Qué susto me has dado! … no sabes ni a dónde voy ¿Y sin embargo me sigues?

Dante: [con decisión] tú nos liberaste del gris, gracias a ti pude entender lo que soy, te seguiría al infierno si fuese necesario.

Aquella determinación encogió el corazón de Jassim, había recibido muchos agradecimientos en los últimos días, pero ninguno del hombre que le salvó la vida en la batalla con los guardias.

Jassim: [suspiro] Está bien, puedes venir, pero te lo advierto, busco respuestas de gente a la que no deberíamos preguntar, de un fantasma que ya no está, pero que aún me sigue atormentando.

Dante: [con seguridad] lo sé, vas al laboratorio… sé que conociste bien a Kabil, yo no tanto, pero en lo poco que lo vi y escuché, nunca me pareció un loco, quizás porque yo nací en su creación.

Jassim: [asintiendo] un loco nunca fue, precisamente de eso carecía, de locura, de emoción, pero un obsesivo compulsivo y ególatra sí que era. [pausa] Precisamente por eso, hay cosas que se quedan sin respuesta, cosas que él no dejaría sin contestación.

Dante: [intrigado] ¿Desconfías? ¿Te preocupa la expedición 48? no quieres salir…

Jassim: [interrumpiendo] quiero salir más que nadie, Dante, pero ahora soy consciente de que tenemos a más de 2.000 almas en nuestras manos, y puede que seamos los únicos… [pausa] Si hay algo que desconozca y que deba tener en cuenta, es mi deber investigarlo, ¿no crees?

El muchacho rebajó su ímpetu crítico con el mago, y asintió con reverencia. La contestación de Dante no hizo más que confirmar a Jassim sus propios pensamientos internos. Cuando desencadenas una avalancha, ya no se puede detener.