Epílogo
Seis Semanas Después de la Revolución Amarilla
Los guardias grises, ya no eran guardias, eran solo muchachos, con la fuerza suficiente como para mover la montaña entera si era necesario.
Cavaban, reponían, reparaban, cuidaban a los heridos, ahora sí hacían lo que realmente les pedía el orden, que era proteger.
Ya no eran una línea negra que dividía, ahora sí pensaban, ahora sí sentían, ahora también podían dudar.
Pero sobre todo protegían.
Los Custodios ayudaban a todas las tareas que fuese necesario y planificaban nuevos proyectos para la colonia junto a Jassim, que lideraba todo tipo de mejoras y ambiciosas expediciones para conocer el mundo del exterior.
Ya no había miedo en decir las cosas por su nombre, ahora la montaña no les guardaba del terror, no, ahora la montaña era solo un refugio temporal.
El objetivo, era salir, encontrarlo, volver a sentirlo, ver el Sol.
Y las mujeres, eran libres, libres para quererse, para amar, para emocionarse, para disgustarse, para recordar y para imaginar un mundo mejor.
Gran Comedor — Nivel III — Sexta Semana, Día 3
El Gran Comedor ya no olía a miedo. Olía a sopa de hongos hirviendo, a pan horneándose en hornos improvisados, a humanidad viviendo, en lugar de solo sobreviviendo.
Doscientas personas comían juntas, no por casta, no por función, sino por hambre compartida y conversación.
Un ex-Custodio de sesenta años servía raciones junto a una ex-Extractora de veintiocho.
Un ex-Guardia reparaba mesa rota mientras ex-Recolector le pasaba herramientas.
Las palabras "ex" todavía se usaban porque los nombres de las castas tardaban en morir.
Pero los comportamientos... los comportamientos habían cambiado.
En la pared este, donde antes había blasón del Dogma del Acero, ahora había un Sol pintado. Tres metros de diámetro de amarillo brillante con rayos extendiéndose. Y más abajo, más pequeño
"ϕA "
Alan y Emro se afanaban junto a otros de los primeros habitantes que sobrevivieron, en recordar y en contar todo tipo de historias y anécdotas del viejo mundo.
Sentados en el foro, pasaban horas rodeados de jóvenes que jamás habían visto ni oído nada de lo que les contaban esos dos ancianos que parecían dos extraterrestres hablando sobre un mundo lejano.
Les hablaban de los colores, de las estaciones del año, del Otoño de la Primavera del Verano, de la nieve… les contaban lo afortunados y ricos que éramos por vivir en un mundo así y lo inconscientes que fuimos al perderlo.
Mientras tanto en el Túnel 12
Jassim estaba parado frente a una gran pizarra rescatada del laboratorio de Kabil, cubierta de diagramas, mapas y notas. Veinte personas escuchaban su briefing, eran los miembros de Expedición 48. La primera expedición organizada democráticamente, no como castigo, sino como exploración.
Jassim: [señalando mapa tosco del túnel 12] Hamso atravesó esto solo, agonizando y sin equipo apropiado. Y logró dos kilómetros. Nosotros... nosotros iremos con lámparas, agua, comida, cuerdas, marcadores. Y volveremos todos.
EXPEDICIONARIO 1 (ex-Guardia, 26 años): ¿Cuál es el objetivo primario?
Jassim: Mapear completamente cada metro del túnel 12. Identificar peligros, puntos de colapso, fuentes de aire y encontrar la salida. La salida que Hamso usó.
EXPEDICIONARIO 2 (ex-Extractora, 31 años): ¿Y si encontramos el exterior?
Jassim: [pausa larga] Entonces evaluamos la temperatura, la radiación si tenemos instrumentos, la visibilidad y el estado del ecosistema. No salimos inmediatamente, primero reportamos y luego decidimos juntos…
Jassim: [continuando] Salimos mañana, al amanecer. Bueno... [corrigiéndose] a las seis. Todavía no tenemos amanecer real [pausa] pero pronto, quizás muy pronto.
Detrás del grupo, Dante verificaba el equipo, cuerdas, lámparas de aceite, cantimploras, y raciones.
Dante: [a Jassim] ¿De verdad crees que Hamso encontró la salida?
Jassim: [mirándolo] Su cuerpo contaba una historia. Cubierto de ceniza del exterior. Temperatura corporal baja de exposición al frío. Pulmones dañados por aire diferente. [pausa] Había estado afuera.
Dante: [procesando] Entonces podría ser verdad. El exterior podría estar... vivo.
Jassim: [asintiendo] O al menos no tan muerto como pensábamos. Y eso... eso lo cambia todo.
Nivel I — Antigua Torre del Consejo (Ahora "Torre de Observación")
Kael estaba en el cuarto piso, donde Magnus había saltado, pero ahora la ventana tenía una barandilla. Amara estaba junto a él, sin soltarle la mano ni un minuto y mirando hacia el interior de la montaña. Hacia los niveles descendentes, hacia el Pozo que ahora yacía apagado como un dragón dormido.
El tiempo, antes escaso, ahora les pertenecía. Se perdieron en charlas sobre los hongos brillantes de Amara y en viejas historias del Barracón de la Guardia. Después de haber perdido a tantos en el camino, por fin tenían la eternidad frente a ellos para sembrar el amor que les fue arrebatado.
Amara aún despertaba muchas noches sobresaltada por el recuerdo del internado, aquel tiempo en que el miedo era su único compañero.
Pero ya no la rodeaban otras reproductoras aterradas y olvidadas; ahora, a su lado, siempre estaba Kael.
Cada día lo observaba en silencio durante unos minutos, capturando una fotografía mental por si el destino decidía arrebatarle esa dicha.
Era esa misma felicidad la que le despertaba la culpa al recordar a Nira y a las demás que no tuvieron suerte, pero también la que la hacía flotar e iluminar la montaña con una sonrisa cada mañana.
Mientras que Kael se ocupó durante estas semanas de organizar los distintos niveles para que siguiesen siendo funcionales y albergar a toda la colonia, Amara estuvo ayudando al resto de mujeres a curar a todos los heridos y darle otra vida útil a aquel horrible edificio blanco que ahora era, sencillamente, la sala de curación y reposo.
Amara: ¿Extrañas ser Jefe de Guardia?
Kael: No. [girándose hacia ella] Extraño la certeza y la simplicidad de órdenes claras. Pero no extraño la jaula. No extraño ser un halcón encadenado.
Amara: [sonriendo] Ahora vuelas libre.
Kael: [apretando su mano] Ahora volamos libres, juntos, sin códigos negros, sin asignaciones. Sin...
Amara: [interrumpiendo gentilmente] Sin Vorak.
Kael: [asintiendo] Sin Vorak. ¿Es terrible que no lo extrañe? Fue mi padre durante treinta años... lo más cercano a una familia que nunca conocí hasta... hasta Alan.
Amara: [sujetando su cara para mirarle] No es terrible, es humano. Vorak te quería a su manera, era amor que aprisionaba. Solo te quería para ser su relevo, para completar su obra.
Kael: [mirándola] ¿Y tú?
Amara: [sonrisa] Yo te amo de manera que vuela. [pausa] Del modo que no entiende ni un minuto de mi tiempo sin estar cerca de ti, con tu recuerdo siempre en mi mente y mi corazón pegado a tu ser.
Kael: [besándola] Entonces volemos. [pausa] Cuando las expediciones lo confirmen, cuando el exterior sea seguro. Volaremos juntos hacia el sol que Torbe pinta. Hacia el sol real.
Amara: [recostando su cabeza en su hombro] Hacia el sol real. Y quizás... quizás hacia una familia, hacia niños que nazcan libres, en un mundo sin castas, en una era de luz.
Kael: [abrazándola más fuerte] Sí, solo luz.
Abajo, en el Foro, el sol pintado todavía brillaba, pero la sangre de Magnus había sido limpiada. Y en su lugar, flores pintadas de amarillo, en memoria, no al Magnus que construyó el Dogma, sino al Magnus que voló hacia lo que creía era luz y encontró la paz.
Túnel 12 — 14:37 horas, Sexta Semana, Día 4
El sonido llegó primero, antes de que lo vieran. Eran pisadas rápidas, sin pausa. El eco se amplificaba por las paredes de roca del túnel como un tambor acelerando, las gentes en el Nivel III se giraron mirando hacia boca del túnel 12.
Alguien: [señalando] ¡Algo viene!
Otro: [nervioso] ¿Es un colapso? ¿Un derrumbe?
Jassim: [escuchando] No. Son... pasos. Alguien corre.
Y entonces lo vieron, era una figura pequeña emergiendo de la oscuridad, cubierta de polvo, despeinado y con la túnica rasgada, pero con sus ojos... brillando. Torbe salió del túnel como una explosión, corriendo, tropezando y recuperando el equilibrio.
Torbe: [gritando mientras corría] ¡LO HE VISTO! ¡LO HE VISTO!
La gente se apartó dejándolo pasar, solo siguiéndolo con las miradas.
Jassim: [gritando tras él] ¡Torbe! ¿Qué viste?
Torbe: [sin detenerse, voz resonando por el Nivel III] ¡EL SOL! ¡LO VI!
Silencio súbito, mil personas dejaron de respirar simultáneamente. Torbe se detuvo finalmente en el centro del Foro, sobre el sol pintado, doblado, jadeando, con las manos en las rodillas, y envuelto en sudor y lágrimas, pero sonriendo.
Alan: [acercándose rápido] Torbe... ¿qué...?
Torbe: [emocionado] Lo vi, Alan. [pausa] Atravesé el túnel, los dos kilómetros, yo solo. Porque... porque tenía que saber, lo siento, pero no podía esperar más… y al final... al final hay una abertura. Y luz... y...
Emro: ¿Y qué?
Torbe: ¡Y el SOL! [pausa] El sol real, no pintado, no imaginado. REAL.
En el más absoluto silencio doscientas personas contenían el aliento mientras Torbe contaba lo que había visto.
Kael: ¿Estás seguro?
Torbe asentía mientras levantaba las manos como tratando de describirlo
Torbe: [todavía jadeando] Sí, sí, es... es enorme. Más grande de lo que Alan dijo, mucho más brillante, y amarillo. TAN amarillo, más amarillo que cualquier tiza, que cualquier pintura. [pausa] Y cuando brilla en tu cara... sientes calor, calor real.
Amara: [mano en boca] Dios mío...
Sus palabras salían como si fuese una avalancha de letras.
Torbe: [continuando emocionado] Y el cielo, el cielo está azul, AZUL.
Como... el color que Emro describió. Hay nubes son blancas y flotan.
Y el suelo... [pausa] está cubierto de ceniza todavía, es gris y está…
muerto. Pero el sol brilla, sobre todo y hace que incluso la ceniza se vea... [buscando palabra] hermosa.
Alan se acercó a él arrodillándose de frente y tomando sus hombros.
Alan: ¿Cuánto tiempo estuviste afuera?