La Revolución Amarilla Capítulo 21. La Revolución Amarilla #3
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Capítulo 21. La Revolución Amarilla #3

Jassim: [gritando] ¡EMRO! ¡DANTE! ¡KAEL! ¡TODOS! ¡ALÉJENSE DE LAS PAREDES! ¡ALÉJENSE DE LOS TÚNELES! ¡AHORA!

Y entonces:

BOOOOOOOOM.

Cuatro explosiones en cuatro puntos cardinales simultáneas. Liberando energía que sacudió la montaña. El suelo tembló como si fuese un terremoto, con la magnitud suficiente para sentirse en todos los niveles y que grietas aparecieran en las paredes.

Y la brecha al Pozo...comenzó a expandirse.

Nivel II — 09:22 horas

Despensa de Fodos — Al Mismo Tiempo

Fodos había corrido a su rincón privado, las cosas se estaban tornando no solo de color amarillo si no de incertidumbre.

Necesitaba pararse a pensar, en qué opciones podría tener en cada caso.

Pero, sobre todo, quería recoger sus tesoros, los que guardaba en los cajones de su escritorio en la parte trasera de la Despensa.

Se acordó de todo lo que le enseñó su padre, pero ahora ninguno de sus mandamientos le era útil, y como el capitán de un barco que se hundía y no quería ser tragado por el mar, se apresuró a buscar todo aquello que tenía valor para él.

Fodos: [para sí mismo] Están locos. Todos locos. [pausa] Pero yo estoy a salvo aquí. Nadie puede entrar. Nadie...

Pero escuchó ruido detrás de él. No era un ruido habitual, pero le resultaba familiar. Algo raspando, arañando, como… royendo.

Se giró.

La puerta del criadero de ratas estaba abierta de par en par y las ratas saliendo a docenas. Lo peor de todo es que recordó que nadie las había alimentado en ocho días.

Fodos: [retrocediendo] No... ¿quién...?

De golpe, la puerta de la entrada se cerró y el sonido de un candado cerrándose se escuchó al otro lado. Corrió a la puerta principal, la empujó con todas sus fuerzas, pero no se abrió porque estaba bloqueada desde fuera.

Golpeó.

Fodos: [gritando] ¡AbrAN! ¡DÉJENME SALIR!

Pero desde el otro lado solo se podían escuchar risas, voces, de niños, de sus ratoncitos… Los niños que había violado, que había comprado con comida, que había controlado con miedo.

Voces: [cantando] ¡El cerdo está en la jaula! ¡El cerdo está en la jaula!

Fodos: [pánico] ¡Por favor! ¡Les daré comida! ¡Lo que quieran!

VOZ 1: [desde afuera] Ya no tenemos hambre, cerdo. [pausa] Pero las ratas sí.

Fodos se giró. Las ratas se acercaban olfateando, buscando, explorando todo el entorno, estaban hambrientas. Hasta que inevitablemente, una mordió su pie.

Fodos: [gritando, pateando] ¡AHH! ¡QUÍTENSE!

Pero la rata había probado carne y hambrienta no distinguió a su amo, y llamó a las demás con un chillido agudo aterrador.

Y todas atacaron al mismo tiempo, más de cincuenta ratas enloquecidas se abalanzaron sobre Fodos, que gritaba y se movía tratando de quitárselas de encima, gritando y corriendo hasta que cayó al suelo.

Y del otro lado de la puerta, los niños escuchaban sin compasión, sin horror. Solo pensaban en justicia.

* * *

Nivel III — Cerca de la Brecha — 09:30 horas

Kael se abría paso entre Guardias teñidos de amarillo.

Buscando a Vorak, buscando explicaciones y su propio destino.

Vorak estaba cerca de la brecha que daba al Pozo, porque era el lugar donde menos polvo amarillo había llegado.

Estaba abstraído, no podía creer toda la escena que tenía alrededor, parecía salir de una de sus pesadillas.

Los guardias, teñidos en amarillo en polvo, huían desorientados bajo el empuje de los recolectores, la apertura del túnel 12 y esta música…

crearon un escenario tétrico para Vorak.

El que llevaba treinta años construyendo el Orden a través de su Dogma, que había construido un mundo perfecto veía ahora que todas las grietas que fue ocultando rompían sus muros.

Kael: [gritando] ¡VORAK!

Vorak se giró y vio a Kael, estaba cubierto de hollín y polvo amarillo, pero agarrando con fuerza su bastón de acero.

Vorak: Así que sobreviviste al fuego. [pausa] Debí usar más pólvora.

Kael: [acercándose] Eres un tirano. Mentiroso. Monstruo que robó treinta años de vidas.

Vorak: Soy el salvador. El que mantuvo la humanidad viva cuando el mundo murió. Y tú... eres un traidor. Que eligió una mujer sobre el deber. El Caos sobre el orden.

Kael: ¡Elegí SER HUMANO! ¡Algo que tú olvidaste hace treinta años!

Vorak: [sacando bastón] Entonces pagarás el precio de esa elección.

Atacó primero, rápido y conciso, buscando un golpe certero en la cabeza de Kael, este lo bloqueó.

Metal contra metal. Intercambiaron golpes, tres, cuatro, hasta cinco.

Vorak era mayor, pero era más experimentado y sabía contener sus emociones mejor que Kael. Esperó un fallo en la guardia y golpeó a Kael haciendo volar el bastón de sus manos, luego le golpeó directo al pecho derribando a Kael al suelo, mareado y mal respirando.

A pesar de su edad, Vorak era un excelente luchador, más si cabe que Kael estaba herido y agotado. Ahora Vorak le tenía a su merced, y quería terminar de una vez por todas con este circo que se había montado.

Vorak: [de pie sobre él] Treinta años te crié. Te entrené. Te hice Jefe de Guardia. [pausa] Y esto es gratitud. Traición.

Kael: [tosiendo sangre] No... te debo... nada...

Vorak levantó el bastón para dar el golpe final y terminar de una vez por todas con esa absurda revolución.

Vorak: Entonces no te daré nada. Excepto muerte.

Pero, de la nada emerge una figura esquelética y desesperada lanzándose desde un lado.

Es Alan, el padre que acaba de encontrar a su hijo perdido no iba a dejar que volviesen a arrebatarselo de nuevo.

Lanzándose sobre Vorak, consigue tirarlo al suelo y ambos ruedan peligrosamente hasta el borde de la brecha donde el fuego ardía veinte metros abajo.

Vorak: [empujando a Alan] ¡Tú! Maldito fantasma.

Alan: [golpeando débilmente] ¡Tú me robaste todo! ¡Robaste a mi hijo! ¡Robaste su infancia! ¡Robaste treinta años!

Vorak: [golpeando más fuerte] ¡Ella era MÍA! ¡Illana me prometió! ¡Y tú...!

Alan: [gritando] ¡Ella nunca fue tuya! ¡Nunca te amó! ¡Fue una locura que construiste!

Vorak lo golpeó con saña, una vez y dos y tres, hasta que el cuerpo de Alan, cansado y débil dio con sus huesos en el suelo. Vorak se levantó respirando pesadamente, tratando de encontrar a Kael, ese viejo le distrajo lo suficiente para que no pudiese terminar su trabajo.

Pero Kael se había levantado, recuperó su bastón y lo lanzó girando en aire como una lanza que acabó impactando en la cabeza de Vorak. Vorak tropezó hacia atrás, cerca del borde de la brecha, algo desorientado y mareado.

Se detuvo al borde y miró hacia abajo, miró desconcertado la batalla, sus guardias grises ahora eran amarillos, su sistema perfecto estaba colapsando, treinta años desmoronándose.

Vorak: [gritando con rabia] ¡YO SOY EL ORDEN!

Y el calor de las explosiones, la debilidad de la roca, las grietas que se iban formando…y el suelo… cedió bajo los pies de Vorak

Desplomándose y llevándose a Vorak hacia el infierno que él mismo provocó. Y Vorak, sumiéndose en la más absoluta oscuridad, esa a la que nunca quiso acercarse, se fue gritando al vacío.

Vorak: [último grito] ¡NOOOO...!

Como si de algún modo la montaña tratase de hacer justicia poética y cerrar el círculo de la vida, absorbió al Capitán Vorak hasta lo más profundo de sus entrañas.

Allí donde tanta desesperación habitó durante años, en el fondo del abismo más oscuro de ese lugar, que ahora fulguraba fuego y roca, desapareció como un demonio enfrentando a su destino, el hombre que conservó la vida de dos mil personas hace treinta años y que el tiempo y el miedo convirtieron y en ser déspota que únicamente merecía un final así.

Kael corrió a levantar a Alan que yacía en el suelo semiinconsciente, teme que el suelo siga desplomándose y le apremia a correr pues desconfía de la estructura de la montaña.

Kael y Alan se miraron, por fin, padre e hijo reunidos.

Alan: Se acabó.

Kael: [asintiendo] Sí. [pausa] Se acabó.

Y la música continuaba, y el polvo amarillo se suspendía en el aire mientras los Guardias se rendían uno a uno al contemplar a Kael, su halcón, de vuelta entre ellos.

♪ This is the end, beautiful friend... ♪

Capitán guardia: [solemnidad] ¡Mi Lord!

Se arrodillo ante Kael, y tras él, el resto de los guardias que aún contemplaban atónitos sus cuerpos amarillentos. Los Extractores gritaban victoria, se abrazaban y saltaban con todo tipo de huesos rotos y malheridos, pero eso ya no importaba.

Emro, trataba de bajar del techo del gran Comedor, mientras Jassim ayudaba a Dante a ponerse en pie y Torbe corría a abrazarse a Alan.