La Revolución Amarilla Capítulo 21. La Revolución Amarilla #2
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Capítulo 21. La Revolución Amarilla #2

Los ventiladores de toda la montaña se activaron simultáneamente soplando aire a través de conductos, circulando por los pasajes y por los sistemas de ventilación diseñados por Jassim treinta años atrás.

Y el polvo amarillo... comenzó a caer por toda la montaña.

Cubriendo todos los niveles poco a poco, como una lluvia lenta e hipnótica, tornando de amarillo desde la pasarela superior de Vorak, hasta los invernaderos, pasando por el Foro y la Torre de los Custodios…

Los Custodios gritaban y corrían cubriéndose las cabezas, como si de una maldición se tratase. El ojo que todo lo ve, desde el portón del Gran Salón de los Custodios, impregnado en amarillo, divisaba como el polvo cubría sus rostros y sus túnicas grises.

Al caer al Nivel II, donde la purga había dejado cuerpos doloridos e inmóviles en el suelo, estos se cubrían de amarillo, algunos se levantaban como habiendo recibido energía divina.

Y finalmente en el Nivel III, cuando la batalla rugía aún, donde trescientos Guardias peleaban contra mil extractores exhaustos.

El polvo cayó como tormenta de nieve amarilla, como una plaga para los grises y un milagro para los extractores, que ahora sí, veían cómo los guardias quedaban petrificados ante aquel episodio.

Los Guardias se detuvieron, mirando hacia arriba, viendo el amarillo cayendo por doquier, inundando el mundo gris que conocían y convirtiéndolo en un lugar que les deslumbraba.

Cubriéndolos, transformando sus capas grises en algo que les transportaba a otro mundo.

Algunos trataban de arrancarse la cara con sus manos pensando que aquello era un veneno maldito que les comería vivos.

Otros simplemente, estaban atónitos e impasibles, sin entender qué ocurría, sin poder sostener por más tiempo sus barras de metal, se arrodillaban y lloraban.

El resultado fue un caos completo aderezado con la música de The Doors.

♪ This is the end, beautiful friend... ♪ ♪ This is the end, my only friend, the end... ♪

Trescientos Guardias transformados en estatuas amarillas, que tosían y gritaban cegados y aterrorizados. Y entonces, la sorpresa final, el túnel 12 se abrió con una explosión controlada desde adentro.

BOOM.

Kael, Alan, Jassim, Emro y veintisiete hombres del Pozo.

Emergiendo como monstruos del inframundo, que venían del otro lado del túnel del susurro, desgarbados, y gritando, parecían ánimas buscando su pago.

Armados con palas, picos y piedras y cubiertos de hollín del fuego que habían esquivado, pero vivos y furiosos.

Y los Extractores, contemplaban la imagen aterrorizados, su mundo se cubría de amarillo y no sabían si era una señal de alivio o de destrucción.

Luego el túnel 12, aquel que tanto les atemorizaba durante años, donde vivía La Magna, donde los susurros cabalgan y se llevaban a la gente, se había abierto en un estruendo, y de él salían demonios armados.

Pero sí había alguien a quién reconocían en el Nivel III y en cualquier parte de la colonia, ese era el Jefe de la Guardia Gris, el Halcón, era Kael.

Kael: [gritando a extractores] ¡AHORA! ¡ATAQUEN! ¡LOS GUARDIAS ESTÁN CIEGOS!

Eran mil sombras contra trescientos guerreros, pero ahora con ventaja. Los Guardias no podían ver bien y sin mantener la formación constante eran vulnerables. La marea cambió violentamente.

KAEL salió primero, corriendo con furia y con su bastón de acero en mano.

Gritando:

Kael: ¡AHORA! ¡TODOS! ¡TOMAMOS EL NIVEL!

Detrás de él, veintisiete hombres del Pozo, esqueléticos pero furiosos con picos, palas, barras de metal, y con treinta años de rabia contenida. Los Extractores, ya luchando contra Guardias amarillos, vieron la apertura. Vieron refuerzos, los sintieron como esperanza y rugieron por la batalla.

Dante corrió hacia el rincón noroeste del Nivel III, donde nadie miraba y donde los Guardias habían pasado sin prestar atención. Tenía una vieja puerta de metal oxidado con candado que Dante había forzado tres horas antes y que ahora colgaba abierto.

Dante: [gritando a extractores cercanos] ¡AQUÍ! ¡ARMAS! ¡VENGAN!

Diez Extractores se acercaron corriendo y desesperados, cuando Dante abre la puerta de par en par y ofrece herramientas de construcción y todo tipo de materiales que hacía tiempo no se usaban.

Barras de metal, palas de acero reforzado, picos con puntas afiladas, martillos industriales, cadenas y palancas…

hasta mazos de demolición. Y algo más, que llamó la atención de Jassim, una caja de madera con un símbolo descolorido.

Eran explosivos de construcción, olvidados durante años.

Dante: [repartiendo herramientas] ¡Tomen! ¡Armen a todos! ¡Cada Extractor que pueda sostener algo!

La distribución fue caótica pero efectiva, en veinte minutos cien extractores más estaban armados y no con solo puños y desesperación...

Jassim se acercó al almacén y sus ojos se convirtieron en chispas al ver los explosivos.

Jassim: [a Dante] ¿Eso es lo que creo que es?

Dante: [asintiendo] Dinamita, veinticuatro barras con detonadores y mecha. [pausa] Del búnker original, no sé si todavía funcionan.

Jassim: [sonrisa lenta, peligrosa] Solo hay una manera de averiguarlo. [tomando caja] Gracias, hermano.

Dante: [mirándolo] ¿Qué vas a hacer?

Jassim: [mirando hacia los túneles] Algo que debí hacer hace treinta años. [pausa] Despertar a la montaña.

Jassim y Emro se dirigen entre el fragor de la pelea hacia la esquina sureste del Gran Comedor, buscando espacio, buscando el momento preciso para ejecutar el plan.

Pero tres Guardias jóvenes los interceptan.

Están cubiertos de polvo amarillo lo que hace que estén más enfurecidos.

Ante ellos dos ancianos cansados y extra motivados que apenas se tienen en pie.

Jassim dejó la caja de explosivos y se enderezó ante ellos, no había llegado hasta aquí para caer como un cobarde, no lo merecía y lucharía hasta el final.

Jassim: [desafiante] Si van a matarnos, háganlo rápido. Pero sepan que ya ganamos. [pausa] Miren alrededor. Su orden está muerto.

GUARDIA 1: [rugiendo] ¡CÁLLATE!

Atacó, blandiendo su bastón hacia cabeza de Jassim.

Y entonces una figura desde atrás, Dante emergió del polvo amarillo, como una pesadilla, repartiendo golpes de metal a diestro y siniestro y haciendo retroceder a los tres guardias, que más inexpertos deciden cambiar de víctimas.

Dante: [respirando pesadamente, a Jassim y Emro] ¿Están bien?

Emro: He estado mejor. Pero gracias.

Jassim: [agarrando hombro de Dante] Te debemos la vida.

Dante: [negando] Yo les debo más. [pausa] Ustedes me mostraron que podía elegir. Que no tenía que ser Guardia de Vorak. Podía ser... humano.

Jassim: [asintiendo] Y lo eres. Ahora ayúdame. Necesito llegar a los túneles. [señalando caja de explosivos] Y necesito tiempo.

Dante: [comprendiendo] ¿Qué necesitas?

Jassim: [mirando a Emro] Necesito una gran distracción. Grande. Imposible de ignorar. [mira a Emro] ¿Puedes darnos un espectáculo?

Emro: [sonrisa ampliándose] ¿Un último concierto? [pausa] Sería honor.

Dante y otros cuatro extractores, ayudan a Emro a subir al techo del Gran Comedor, Emro se paró en el centro del techo, agarró su vieja guitarra que llevaba colgando a la espalda. Visible para todos, iluminado por lámparas que todavía funcionaban y por el polvo amarillo cayendo como nieve de oro.

La música todavía sonaba desde conductos.

♪ This is the end, beautiful friend... ♪

Sosteniendo su guitarra, con la mano izquierda en el mástil y con la pose de una estrella, comenzó a cantar. No las palabras de Morrison, sino las suyas propias, que improvisadas y rugidas hacían que pareciese un profeta loco en un púlpito de acero.

Emro: [gritando a pleno pulmón]

♪ TREINTA AÑOS EN OSCURIDAD ♪ ♪ TREINTA AÑOS DE MENTIRAS ♪ ♪ PERO EL SOL NUNCA MURIÓ ♪ ♪ SOLO ESPERABA ♪ ♪ ESPERABA QUE RECORDÁRAMOS ♪ ♪ QUE SOMOS FUEGO ♪ ♪ QUE SOMOS LUZ ♪ ♪ QUE SOMOS LIbrES ♪

Abajo, la batalla se detuvo, parcialmente.

Los extractores miraron hacia arriba viendo al anciano músico cantando en el techo de su mundo, contemplando una escena apocalíptica, entre amarillo y furia.

Los Guardias también miraron, con horror, con confusión y lo peor, con la certeza creciente de que el mundo se había vuelto loco.

Capitán Guardia: [mirando alrededor] polvo amarillo, música, el túnel 12 abierto, extractores armados, ancianos cantando en el techo del Gran Comedor… [susurro] Es el fin… El fin del mundo.

Mientras tanto Emro, flotaba en su momento de gloria, cuantos años había visualizado esta escena, rasgueando su vieja y rota guitarra, moviéndose como una estrella de rock y Los extractores comenzaron a golpear su armas contra el suelo, como si fuesen tambores acompañando a Emro.

Y Emro a sus sesenta y ocho años, casi ciego, y con doce años en el Pozo, se convirtió en Dios. No de orden, sino de caos, de música, de belleza terrible y gloriosa. Como un ángel del infierno haciendo rock en el averno mientras su público enloquecía abajo.

Mientras tanto en Los Túneles Pares, Jassim trabajaba en silencio, mientras Emro distraía la batalla.

Sabía perfectamente donde, como y cuánta cantidad tenía que colocar en cada túnel para provocar el caos definitivo sin llevar la estructura al límite.

Los cuatro túneles pares, espaciados equidistantemente alrededor del perímetro del Nivel III.

Como puntos cardinales, si detonaban simultáneamente...

si las cargas estaban colocadas correctamente...

La vibración sería...

Jassim: [para sí mismo, conectando última mecha] Calculadamente catastrófica. [pausa] Perdóname, montaña. Pero necesitamos despertar.

Corrió hasta el centro. Había atado los extremos juntos donde las cuatro mechas convergían. Un solo punto de ignición para detonar las cuatro simultáneamente.

Jassim: [sacando pedernal] Que los dioses perdonen lo que estoy por hacer.

Golpeó el pedernal y una chispa encendió la mecha.

Sssssssssss… Comenzó a arder hacia los cuatro túneles y en solo tres minutos…