Capítulo 17. Un halcón en la oscuridad
Un halcón en la oscuridad
El cuerpo de Magnus yacía como ángel roto en el centro del Sol amarillo simulando una profecía cumplida.
Los Custodios formaban círculo alrededor del cadáver, algunos de rodillas, otros de pie con sus manos cubriéndose las bocas y el resto simplemente mirando, procesando, intentando encontrar significado en el horror.
Para todos ellos, su líder, su guía, aquel hombre que les otorgó esperanzas durante tantos años de exilio en una montaña oscura y gris. Se había lanzado al vacío traicionando todas sus enseñanzas, y ahora ellos no entendían cuál era el siguiente paso y, sobre todo, como les afectaría a ellos.
Custodio Amir: [tembloroso] Es... ¡es un señal divina! El sol ha reclamado a Magnus. [mirando hacia arriba, hacia donde Magnus había saltado] Nos muestra el camino...
Custodia Elena: [llorando] ¿Qué camino? ¿El camino de la muerte? [señalando el cuerpo] ¡Míralo! ¡Su cráneo está destrozado! ¡Esto no es divino, es locura!
Custodio Rahman: [tratando de racionalizar] El Dogma... el Dogma del Acero nos enseña que del caos viene el orden. Que del sacrificio viene la salvación. Quizás Magnus... quizás él vio algo que nosotros no podemos ver aún. Quizás el sol amarillo le mostró...
Amir: [interrumpiendo, voz subiendo] ¡El sol es símbolo sagrado! ¡Ha aparecido esta mañana en toda la montaña! ¡Y Magnus voló hacia él! ¡Se unió con la luz! [brazos extendidos] ¡Es el primer mártir del nuevo mundo!
Elena: [gritando] ¡No hay nuevo mundo! ¡Solo hay muerte! ¡Y música maldita! ¡Y pintura que nos está volviendo locos!
Otros Custodios corrían sin rumbo. Entrando y saliendo de módulos. Buscando respuestas que no existían. Gritando nombres de otros Custodios. Llamando a un orden que se había fragmentado.
Mientras que otro terremoto, aún más potente, estaba a punto de sacudir el Nivel 0.
Escalera Nivel II a Nivel I — 06:18 horas
Kael llegó al Nivel I como una tormenta de espadas, en su interior emociones chocaban y luchaban por imponerse, la rabia de la traición, la decepción con el Orden y la culpa que le recorría su cuerpo por la idea preconcebida de tener que proteger todo aquello que ahora mismo quería destruir.
Todas trataban de encajarse en un puzle a golpes, donde la que más ganaba era la preocupación por Amara.
Así llegó el Halcón al Nivel 0, entre el caos generalizado, con Custodios corriendo por todas partes, arrodillados y rezando, otro manchados de sangre y otros inmóviles.
Entre todo, avanzando con paso firme, con un bastón de acero en su mano y sus botas golpeando la piedra.
Con sus ojos grises ardiendo, la mandíbula apretada y sus manos en puños.
Dante corría detrás, intentando alcanzarlo.
Dante: [jadeando] Señor... espera... necesitas... necesitas calmarte...
Kael: [sin detenerse, sin girarse] ¿Calmarme? [risa sin humor] Me robaron lo único que importaba mientras dormía, Dante. ¿Cómo me calmo?
Pasaron el Foro. Kael vio el cuerpo periféricamente, la sangre, el amarillo y los Custodios enloquecidos. Pero no se detuvo, porque solo había una cosa que le importaba, Amara.
Dante: [señalando] Módulo Este-04. Ese es... ese es el de Vorak.
Kael: Lo sé. [apretando bastón] Y voy a entrar. Y voy a sacarla de ahí. Y si Vorak ha puesto una mano sobre ella... [dejando amenaza sin terminar]
Llegaron al módulo apresuradamente, la puerta de metal estaba cerrada, con candado. Kael levantó el bastón.
Dante: [agarrando brazo de Kael] ¡Señor! ¡Piensa! ¡Si entras por la fuerza en los aposentos de Vorak, es insubordinación directa! ¡Te degradará! ¡O peor!
Kael: [mirándolo con ojos que ya no reconocían autoridad] Ya no me importa, Dante. [apartando brazo] Apártate.
Golpeó el candado con el bastón hasta en tres ocasiones, hasta que lo reventó en mil pedazos junto con el respeto y admiración por su padre, y abrió la puerta de golpe. Y entró.
Interior — Módulo Este-04
La oscuridad, y el silencio vacío le hicieron ponerse en alerta más que antes.
Kael entró con bastón levantado, preparado para cualquier asalto y para rescatar a Amara por encima de cualquiera que lo intercepte.
Pero no había nadie. El módulo estaba...
limpio. Ordenado, sin señales de lucha, sin señales de Amara, tan solo una cama intacta, una mesa, una silla.
Kael: [quebrándose] ¿Dónde...? [girándose hacia Dante] ¡Dijiste que la trajeron aquí!
Dante: [entrando, confundido] ¡El código decía Este-04! ¡Lo leí! ¡Aquí debería estar!
Kael: [gritando] ¡PUES NO ESTÁ!
Kael acababa de entender que el código negro estaba viciado, Vorak había previsto hasta la lealtad de los guardias que servían a Kael.
La ubicación de ese código negro no era la de Amara, sino la de una trampa perfecta.
Y entonces escuchó pasos detrás de él, demasiados y con un ritmo que conocía a la perfección.
Botas militares sincronizadas, marcando el paso, hasta rodear el módulo.
Ambos se giraron, y allí estaba él, Vorak en la entrada del módulo.
Sesenta y tres años pareciendo setenta. Uniforme negro impecable con su capa gris y las manos detrás de la espalda.
Y detrás de él, doce Guardias, su escolta personal, los más leales, los que nunca cuestionaban, bloqueando la salida.
Kael miró a Vorak, y comprendió.
Kael: [desolado] Trampa.
Vorak: [asintiendo una vez, sin emoción] Trampa.
Kael: [apretando bastón] ¿Dónde está ella?
Vorak: [sin responder la pregunta] Sabía que vendrías. Sabía que enloquecerías. Sabía que olvidarías quién eres. Jefe de la Guardia Gris. Hijo del Comandante. Servidor del Dogma del Acero. [pausa] Sabía que lo olvidarías todo por una mujer.
Kael: [gritando] ¡No es "una mujer"! ¡Es Amara! ¡y merezco esa solicitud!
Vorak torció ligeramente el rostro, y algo parecido a tristeza se reflejó en su mirada.
Vorak: [asintiendo] Sí. Quizás sí. [pausa]. Quizás en otro mundo, no aquí, aquí no eres un hombre, eres el Orden. El Orden no se permite distracciones, las emociones solo llevan a la decepción y a la traición.
Kael: [confundido] ¿Qué?
Vorak: [mirando más allá de Kael, a algún punto en el pasado] Yo también amé una vez. [pausa] Hace treinta y un años. Cuando el mundo se acababa. Cuando la ceniza caía. Cuando solo quedaban horas antes del convoy final hacia el búnker.
Kael: [procesando, voz bajando] ¿De qué hablas?
Vorak: [continuando como si Kael no hubiera hablado] Ella era hermosa. Cabello rubio. Ojos azules. Sonrisa que hacía olvidar que el mundo ardía. [pausa] Se llamaba Illana.
Kael se quedó inmóvil, ese nombre…
Vorak: [continuando] Vino a mí una semana antes del convoy. Coqueteó conmigo, me sedujo y se acostó conmigo. [pausa] Estaba embarazada, de siete meses. Y me pidió... [con desprecio] me pidió que le diera billete al búnker. Para ella, para su hijo, y para su "hermano" Alan.
Kael: [susurro] No...
De nuevo, como cuando le otorgó el mando de la Guardia Gris, Vorak trató de ablandar a Kael, pero ahora ya no era un muchacho, ahora era un Halcón.
Vorak: [asintiendo] Sí. Acepté. Porque era joven y estúpido y porque creí que me amaba. [pausa] Le prometí que cuidaría de su hijo como si fuera mío. Que le daría la oportunidad de una mejor vida. [risa amarga] Y cumplí mi promesa.
Esas palabras, como si fuera mío… resonaron en la cabeza de Kael, ¿qué le estaba contando Vorak?
Kael: [comprendiendo] Illana... era mi madre.
Vorak: [mirándolo directamente] Sí. Y ese Alan no era su hermano. Ese mequetrefe era su novio o marido o yo qué sé... El verdadero padre del niño que llevaba. [pausa, escupiendo al suelo] Tu verdadero padre, Kael.
Y la montaña entera cayó sobre los hombros de Kael, el modelo a seguir de toda su vida, todo lo que es y ha sido durante todo este tiempo, era una farsa.
Ese hombre solo lo utilizó, por una estúpida promesa o simplemente por diversión ególatra, le robó todo lo que tenía, su historia.
Y Kael se acordó de Hamso y de lo que le contó sobre los recuerdos de la gente y por fin entendió todo, lo sintió, pudo saber lo que duele perder lo que eres.
Kael: [retrocediendo como si le hubieran golpeado] Mientes…
Vorak: [sin emoción] Llegamos al búnker.
Sellamos la puerta. Y tres días después, cuando Illana dio a luz...
vi la verdad. Vi a Alan sosteniéndola, susurrándole, besándola.
[pausa] Y entendí que me había usado, que el niño nunca fue mío.
Que todo fue teatro para conseguir tres billetes en lugar de dos.
Kael: [emocionado] ¿Y aun así...?
Vorak: [interrumpiendo] Aun así te cuidé.
Porque lo había prometido. Y porque… Illana murió en ese parto.
Y el bebé… tú, no tenías culpa de sus mentiras.
Pero a Alan... a Alan lo desterré al Pozo hace veintidós años.
Para que nunca pudiera contarte la verdad y para que nunca pudiera apartarte de mí.
Kael dejó caer el bastón, todas las emociones que le daban fuerza para romper con todo, ahora se convirtieron en el vacío absoluto.
Kael: [lágrimas cayendo] ¿Por qué me dices esto ahora?
Vorak: [más suave] Porque necesitas entender. Las mujeres... las mujeres destruyen a los hombres valiosos, Kael. Illana me destruyó a mí. Y Amara te está destruyendo a ti. Te hace olvidar tu deber. Tu honor, tu lugar en el orden. [pausa] Igual que Illana me hizo olvidar los míos.
Kael: [gritando] ¡No es lo mismo! ¡Amara no me mintió! ¡Amara no me usó! ¡Ella...!
Vorak: [interrumpiendo con voz de acero] Ella es Reproductora. Su función es servir al programa genético. No pertenecer a un hombre. No crear excepciones que rompen el sistema. [pausa] Y tú eres Jefe de Guardia. Tu función es mantener orden, no romperlo por impulsos que llamas amor.
Kael: [desesperado] ¿Dónde está? ¿Qué le hiciste?
Vorak: [mirándolo fijamente] Está a salvo. Y permanecerá a salvo. Mientras tú aprendas la lección que yo aprendí hace treinta años. [pausa] Que el amor es debilidad. Que el sistema es todo. Que el Dogma del Acero no permite excepciones.