La Revolución Amarilla Capítulo 15. El Fantasma #3
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Capítulo 15. El Fantasma #3

Alan: [asintiendo] Y cuando el sol está en la playa... cuando brilla en el agua... es magia pura. Millones de pequeños destellos. Como si alguien hubiera esparcido diamantes en el mar. [pausa] Y si estás ahí al atardecer...

Torbe: [interrumpiendo] ¿Qué es atardecer?

Alan: [sonrisa] Es cuando el sol se va a dormir.

Desciende lentamente hacia el horizonte, la línea donde el cielo toca la tierra, y mientras desciende, cambia de color.

[pausa, voz volviéndose poética] Comienza amarillo brillante.

Luego se vuelve naranja. Naranja profundo como fuego.

Luego rojo. Rojo como... como la sangre, pero hermoso.

Y el cielo alrededor se tiñe de todos estos colores.

Amarillo, naranja, rojo, rosa, púrpura, incluso verde a veces.

Jassim: [añadiendo] Y las nubes se vuelven pinturas. Cada una diferente. Iluminadas desde abajo por el sol que se va. Parecen estar en llamas, pero sin quemarse.

Emro: Y todo, el mar, la arena, tu piel, se baña en esta luz dorada-rosada. Y por un momento, quizás diez minutos, todo en el mundo es perfecto. Todo es hermoso. No hay dolor. Solo luz.

Alan: Y luego el sol desaparece. Se esconde detrás del horizonte.

Y el cielo se oscurece gradualmente hasta volverse azul profundo, púrpura y negro.

Y las estrellas comienzan a aparecer, una por una.

Hasta que el cielo entero está cubierto de puntos de luz.

[pausa] Y te das cuenta de lo pequeño que eres.

Y lo grande que es el universo. Y es aterrador y hermoso al mismo tiempo.

Los tres ancianos se quedaron en silencio, bloqueados por la belleza de recuerdos que pensaban borrados. Torbe tenía lágrimas en los ojos, no podía imaginar nada de lo que le contaban, pero podía sentir la emoción de sus palabras.

Torbe: ¿Y todo eso existe? ¿Realmente?

Alan: [asintiendo] Existía. Y si Hamso pudo volver... si el mundo está sanando... entonces todavía existe. Esperando.

Torbe: [mirando la tiza amarilla en su mano] ¿Y este color es el color del sol?

Alan: [sonriendo] Es el color más cercano que tenemos aquí. El sol real es más brillante, más vivo. Pero sí, ese amarillo es su color.

Alan se levantó y caminó a la pared más cercana. Una sección relativamente limpia, de roca gris.

Alan: [girándose hacia Torbe] Ven aquí.

Torbe se acercó. Los otros dos permanecieron sentados, observando con sonrisas pequeñas.

Alan tomó la tiza de la mano de Torbe y comenzó a dibujar.

Primero el círculo, perfecto como podía hacerlo con su mano temblorosa.

Luego lo rellenó presionando la tiza contra la roca.

Dejando un color amarillo brillante contra el gris apagado.

Luego los rayos, diez líneas radiando desde el círculo.

Cada una con diferente largo, algunas rectas, otras onduladas, como el sol real con rayos dinámicos.

No era una obra maestra. Pero era hermoso, porque representaba esperanza, porque brillaba. Porque era amarillo en un mundo de grises.

Alan: [dando paso atrás, admirando su trabajo] Ahí. [girándose hacia Torbe] Ese es el sol. O mi memoria de él.

Torbe: [mirando el dibujo con asombro absoluto] Es... es hermoso.

Alan: [poniéndose de rodillas para estar a altura de Torbe] Y ahora... [extendiendo la tiza] es tuyo.

Torbe: [retrocediendo] ¿Qué? No, no puedo... es demasiado valioso...

Alan: [firme pero gentil] Por eso te la doy.

Torbe, eres pequeño. Puedes ir a lugares donde nosotros no podemos.

Puedes moverte por conductos, por pasajes secretos.

Puedes llegar a rincones de esta montaña que están olvidados.

[pausa] Y quiero que pintes soles. En todos esos lugares.

Donde la gente los vea y recuerde que alguna vez hubo luz.

Torbe: ¿Por qué yo?

Emro: [emocionado] Porque eres libre, pequeño. Más libre que cualquiera de nosotros. No estás asignado a un nivel específico. Te mueves. Exploras. [pausa] Eres un fantasma y los fantasmas pueden hacer cosas que los vivos no pueden.

Jassim: [cauteloso] Con cuidado pequeño, el brujo tiene cámaras por todas partes, te mostraré dónde puedes pintar los soles sin que te vea el brujo, al fin y al cabo, yo mismo las instalé…

Alan: [extendiendo la tiza de nuevo] Ánimo, mi pequeño fantasma. Haz que el sol agriete este gris.

Torbe miró la tiza, luego miró a Alan con una determinación que no concordaba con sus diez años.

Torbe: [firme] Alan. Yo lo haré por ti.

Silencio absoluto.

Alan: [emocionado] Solo una única cosa, fírmalos, firma cada uno de ellos, cada sol con ϕA.

El símbolo ϕ simboliza la letra F en el alfabeto griego, tú no puedes entenderlo, pero recuerda a algo perdido, civilizaciones destruidas por la barbarie, y al deseo de resurgir en cada corazón con más fuerza que antes.

Es la F de fantasma que es lo que somos, y la A …

es del color que nos representa, amarillo.

Torbe se levantó, agarrando la tiza amarilla, como si portase el arma más potente del universo, con una confianza que jamás había sentido, como si tuviese la fuerza del mismísimo Sol. Como un niño que finalmente había encontrado maestros que no solo le enseñaban a sobrevivir, sino a vivir.