Capítulo 15. El Fantasma #2
Los tres ancianos acompañaron al pequeño por aquel túnel en penumbra, sin duda debía ser un niño muy valiente o demasiado curioso. Llegaron a la cámara secreta de Alan, y entonces fue cuando lo vio todo.
Torbe: [señalando las paredes] ¿Qué son esos dibujos?
Alan: [siguiendo su mirada] Soles. Los pinto para recordar que alguna vez hubo luz.
Torbe: [acercándose a la pared, tocando uno] Nunca he visto el sol. [pausa] Amara me habló de él, aunque en realidad ella tampoco lo vio jamás. Sus padres le contaron que era amarillo y caliente y que hacía que las cosas crecieran. ¿Es verdad?
Alan: Sí. Todo eso es verdad.
Se sentaron en cuclillas alrededor de la lámpara de aceite con Torbe en el medio. Los tres hombres formaron un círculo protector alrededor del niño.
Jassim: [después de pausa] ¿Qué te trajo aquí, Torbe? ¿Solo curiosidad?
Torbe: [asintiendo] Siempre he querido saber qué hay en los lugares donde no me dejan ir. [pausa] Y después de escuchar ese sonido extraño cada noche... quería saber de dónde venía.
Los tres hombres intercambiaron miradas.
Emro: [sonrisa amplia] ¿Escuchaste la música?
Torbe: [entusiasmándose] ¡Todos la escucharon! Fue... fue increíble. Nunca había escuchado nada así. [pausa] ¿De dónde vino?
Emro: [tocando el bolsillo donde guardaba el radio] De aquí. Del Pozo. Un regalo de alguien que quería recordarnos que la belleza todavía existe.
Torbe: [procesando] ¿Y funciona todavía? ¿Puedo escuchar más?
Alan: [negando] Ahora no, no es el momento, no podemos abusar. Pero la volverás a escuchar y te acordarás de nosotros, aunque debes prometer que no contarás nada. No por nosotros, sino por la música, debe ser libre.
Torbe: [decepcionado, pero aceptando] Oh… lo entiendo.
Jassim: [cambiando tema, voz más urgente] Torbe, ¿qué está pasando arriba? Hemos sentido... cambios, más guardias, más tensión. ¿Qué ocurre?
Torbe: [mirándolo] Es por la música. Los Guardias están locos, registrándolo todo y buscando de dónde vino. [pausa] Y el brujo...
Alan: [interrumpiendo] ¿Kabil?
Torbe: [asintiendo] Sí. El brujo. Lo escuché gritar en su torre. Nunca grita. Pero ahora grita. [imitando voz aguda] "¡Variables no controladas! ¡Sistemas comprometidos!" [pausa] Y los Custodios rezan más. Todo el día. Recitan el Dogma una y otra vez como si... como si tuvieran miedo.
Los tres hombres se miraron…y comenzaron a reír, no de manera contenida, sino a carcajadas profundas y liberadoras.
Jassim: [entre risas] ¡Kabil está gritando! ¡El brujo imperturbable está perdiendo control!
Emro: [doblándose, sosteniendo el estómago] ¡Y los Custodios rezan! ¡Como si el Dogma pudiera detener música!
Alan: [limpiándose lágrimas de risa] Treinta años... treinta años de control perfecto... y una cinta de casete lo rompe...
Torbe los miraba con confusión que lentamente se convertía en sonrisa, porque la risa era contagiosa. Especialmente la risa de hombres que habían olvidado cómo reír.
Torbe: [cuando la risa disminuyó] ¿Por qué es gracioso?
Alan: [respirando hondo, recuperando compostura] Porque, pequeño Torbe, significa que el sistema no es tan perfecto como pretende ser. [pausa] Si una simple canción puede hacer que el brujo grite y los Custodios recen desesperadamente... entonces el sistema es más frágil de lo que pensábamos.
Jassim: [asintiendo] Y eso nos da esperanza.
Torbe: [procesando] ¿Esperanza de qué?
Alan: [mirándolo directamente] De que las cosas pueden cambiar. De que no tiene que ser así para siempre.
Silencio.
Alan: [después de momento] Torbe, ¿quieres que te muestre algo especial?
Torbe: [ojos iluminándose] ¿Sí?
Alan metió la mano en su bolsillo sacando una tiza amarilla. Una de las que Hamso había traído, brillante, nueva y sin usar todavía. La sostuvo hacia la luz de la lamparita de aceite y brilló, como el oro. Encendió la mirada de todos como un sol en miniatura.
Torbe: [susurro reverente] ¿Qué es?
Alan: Es una tiza. Para dibujar. Color amarillo. [pausa] El color del sol.
Torbe: [extendiendo mano tímidamente] ¿Puedo tocarla?
Alan: [poniéndola en la palma de Torbe] Puedes más que tocarla. En un momento, te la voy a dar.
Torbe sostuvo la tiza como si fuera una reliquia sagrada. La giró y la examinó bajo la luz roja-naranja de la lámpara, que le daba un tono casi dorado.
Torbe: [mirando a Alan] Dijiste que es el color del sol. ¿Cómo es el sol?
Y Alan comenzó a hablar cálidamente con voz que se volvía más clara, más joven, mientras recordaba.
Alan: El sol es... [buscando palabras] es la cosa más hermosa que existe. Imagina una bola de fuego enorme. Tan grande que la Tierra entera cabría dentro millones de veces. [pausa] Pero está muy, muy lejos, así que no te quema. Solo te calienta.
Torbe: [escuchando con atención absoluta] ¿Cómo se siente?
Alan: [cerrando ojos, recordando] Se siente como...
como amor. Como un abrazo cálido que cubre todo tu cuerpo.
[abriendo ojos] Cuando el sol brilla en tu cara, cierras los ojos y ves rojo a través de los párpados, porque la luz es tan fuerte que penetra tu piel.
Y sientes calor, no como el calor del brasero que es duro y seco, sino calor suave y reconfortante.
Emro: [añadiendo] Y hace que todo brille. Los árboles se ven más verdes. El cielo más azul. El agua...el agua refleja el sol como millones de diamantes bailando.
Jassim: [sonrisa nostálgica] Y cuando caminas bajo el sol, tu sombra te sigue. Una versión oscura de ti en el suelo. Y los niños juegan con sus sombras. Intentan pisarlas. Hacen formas con las manos y las proyectan en paredes.
Torbe: [asombrado] Nunca he jugado con mi sombra…
Alan: Lo sé, pequeño. Y eso es... es una de las cosas más tristes que he escuchado.
Alan: [continuando] Pero déjame contarte sobre algo más. Sobre la playa.
Torbe: ¿Qué es la playa?
Alan: Es donde la tierra conoce el mar. Arena dorada, tan suave que se escurre entre tus dedos, extendiéndose hasta donde alcanza la vista.
Y el mar... [pausa, voz llena de anhelo] el mar es agua infinita.
Azul. Verde. Cambiante. Con olas que suben y bajan, suben y bajan, como respiración de criatura gigante.
Emro: Y el sonido. El sonido de las olas es como... [buscando comparación] como música natural. Constante. Tranquilizador. Te duermes escuchándolo y sueñas que estás flotando.