Capítulo 14. El ruido #2
Jassim: [retirándose del agujero, sentándose pesadamente en el suelo de roca] Kabil debe tener más miedo de lo que pensé.
Emro: [sentándose también, voz suave] Entonces... ¿no podemos llegar al Nivel III?
Jassim: [negando] No por aquí.
Alan: [todavía de pie, mente trabajando] ¿Y hacia el otro lado? Hacia el exterior. El túnel continúa dos kilómetros al este. Hamso lo atravesó. Podríamos...
Jassim: [interrumpiendo] ¿Con qué equipo, Alan?
¿Con qué provisiones? [levantando manos] Hamso era Guardia.
Joven. Fuerte. Entrenado. Y apenas sobrevivió al viaje de regreso.
Nosotros... [mirándose a sí mismo, luego a Alan] somos esqueletos con pulmones destruidos.
Yo tengo sesenta y seis años. Tú sesenta y tres. Emro sesenta y ocho.
Emro: [suavemente] Y yo casi ciego.
Se hizo el silencio entre los improvisados arqueólogos, solo el crepitar de la lámpara de aceite y el goteo distante de agua en alguna parte del túnel afuera, lo alteraban.
Alan: [desilusionado] Entonces estamos atrapados. Aquí. Para siempre. [mirando alrededor de la cámara, a las 8.030 marcas en la pared] Veintidós años y contando.
Jassim: [tocando la pared de escombros compactados] Ni siquiera sabemos cuánto mide el túnel 12 realmente.
Creo que dos kilómetros, pero... podría ser tres kilómetros.
Cuatro. [pausa] Y aunque llegáramos al exterior...
¿qué hay ahí? Hamso consiguió dar la vuelta a la montaña saliendo por la puerta principal del búnker del Nivel 0, pero la expedición era de al menos cinco personas, y solo regresó él que sepamos.
Alan: [dejándose caer contra la pared, deslizándose hasta sentarse] Demasiadas preguntas. Ninguna respuesta.
Permanecieron en silencio durante dos minutos completos, cada uno procesando.
La esperanza que había surgido semanas atrás, cuando encontraron el pasaje, cuando sintieron el aire fresco, cuando Hamso regresó como un susurro del exterior, estaba muriendo lentamente. Como todo aquí.
Emro: [finalmente, voz tranquila] Hamso nos trajo algo más.
Los otros dos lo miraron.
Emro: [continuando] Además de su coraje. Además de la prueba de que el exterior existe. Nos trajo... [buscando palabras] regalos. ¿No?, ¡ustedes hablaron de una caja!
Alan parpadeó y Jassim se enderezó.
Alan: [recordando súbitamente] La caja. [mirando alrededor de la cámara] La guardé... ¿dónde...?
Se levantó de un respingo y fue hacia la esquina donde había escondido, bajo una manta doblada que usaba para sentarse, la caja de metal, veinte por treinta centímetros, donde guardaba sus tesoros: la fotografía de Illana, el mechón de cabello rubio, la bufanda azul, el anillo, el diario.
Junto a ella, otra caja, más pequeña, del tamaño de cuaderno.
Era una vieja y podrida caja de puros, aún con todo, era hermosa para ellos, resultó ser de madera oscura con grabados dorados desgastados en la tapa y pequeñas bisagras de metal oxidado.
Era el regalo de Hamso, encontrado en su cuerpo cuando Kael lo descubrió en la boca del túnel 12, que rescatado por Alan fue escondido aquí durante semanas.
Y nunca abierto, porque siempre había otra cosa más urgente. Hasta ahora.
Alan tomó la caja con sus manos temblorosas y la llevó al centro de la cámara. Se arrodilló mientras Jassim y Emro se acercaron, formando un triángulo alrededor de la caja.
La lámpara de aceite proyectaba luz dorada sobre la madera oscura.
Alan: Hamso la llevaba cuando murió. Estaba con los brazos en cruz, pero esta caja la tenía agarrada con la mano, como si hubiese sentido la necesidad de esconderla en el último instante. Como si... como si fuera lo más importante que había encontrado afuera.
Jassim: [tocando la tapa suavemente] Caja de puros. Montecristo. Marca cubana. Pre-Erupción obviamente. [pausa] ¿Por qué Hamso traería puros?
Emro: [sonrisa pequeña] Quizás solo quería fumar algo bueno antes de morir.
Alan: [encontrando el cierre] Solo hay una manera de saber.
Levantó el pestillo. La bisagra crujió por su metal oxidado protestando después de treinta años sin moverse. Y abrió la caja.
A primera vista, no encontraron rastro alguno de puros, solo se conservaba levemente su aroma…
quizás el regalo que les trajo Hamso era simplemente eso.
Pero, también había una bolsa de tela medio roída, que contenía alrededor de 20 o 30 tizas grandes de color amarillo, que sin duda había sido rellenada, ya que estas tizas venían en cajas con más colores.
Alan: [emocionado] Amarillas. Todas... todas amarillas. Como los soles de los que le hablaba cada día en mis historias, le encantaba que le describiese el Sol, él nunca lo vio, pero os aseguro que lo imaginaba como era de verdad.
Jassim: [mirando las tizas con algo parecido a asombro] Hamso las encontró. En algún lugar afuera. En tiendas abandonadas o casas y las conservó pensando en ti.
Emro: [tocando una tiza suavemente] Sabía que te gustaban los soles. Sabía qué color necesitabas. ¿Creéis que llegó a verlo afuera?
Alan: [cerrando ojos, lágrimas amenazando] Él... él estuvo en el Pozo por pocos meses, pero... cuando salió, cuando atravesó dos kilómetros de túnel agonizando, cuando probablemente debería haber dejado todo peso innecesario... llevó estas tizas de vuelta. Para mí.
Silencio reverente.
Jassim: [suavemente] ¿Qué más hay?
Alan se limpió los ojos rápidamente dejando las tizas a un lado, con cuidado, como si fueran reliquias sagradas. Metió la mano en la caja de nuevo. Debajo de donde habían estado las tizas, había algo cuadrado, como de plástico negro, con ventana transparente mostrando cinta marrón enrollada.
Alan lo sacó.
Alan: [susurro] No puede ser...
Jassim: [inclinándose] ¿Qué es?
Alan: [girando el objeto] Es... es una cinta. Cassette. De música.
La acercó a la luz. La etiqueta, estaba escrita a mano con tinta azul descolorida pero legible.
" THE DOORS — GREATEST HITS "
Y debajo, en letra más pequeña y distinta a la de la cinta.
" Para Emro. Que vuelva a escuchar ."
Emro dejó de respirar.
Emro: [susurro] ¿Qué...?
Alan: [leyendo de nuevo] Para Emro. Que vuelva a escuchar. [mirando a Emro] Hamso... Hamso te trajo música.
Las manos del músico fueron a la boca, sus lágrimas cayeron inmediatamente recorriendo sus mejillas.
Emro: [tartamudeando] No... no es posible...
Jassim: [procesando] Hamso sabía que Emro tarareaba canciones. Sabía que la guitarra había sido destruida. [pausa] Y encontró esto. En el mundo de afuera. Y lo trajo de vuelta.
Alan seguía buscando en la caja, parecía haber algo más.
Alan: [curioseando] Tiene que haber... ¡si hay cinta!, tiene que haber...
Sus dedos encontraron algo más, era algo más pesado de forma rectangular y que parecía estar hecho de metal y plástico.
Lo sacó. No podía ser posible, era una pequeña radio, marca Sony, portátil, del tamaño de un libro grueso, plateada con detalles negros, seguramente un modelo de los años 80, con reproductor de casete integrado.
Tenía botones, en la parte superior: PLAY, STOP, REW, FF.
Dial de sintonización en el frente. Con su compartimento de baterías en la parte posterior.
Y pegado a la parte posterior con cinta adhesiva, cuatro baterías AA, que parecían nuevas, o al menos no completamente descargadas.
Jassim: [tomando el radio con reverencia] Hamso encontró esto. Y baterías. Y las trajo. [pausa, calculando peso] Esto pesa... medio kilo quizás. Más las baterías. Más la cinta. Más las tizas. [mirando a Alan] Cargó casi un kilo extra. A través de dos kilómetros de túnel. Agonizando. Muriendo.
Alan: [acongojado] Porque quería que tuviéramos algo. Algo más que mensaje de que el mundo vivía. Quería que tuviéramos... [buscando palabra] belleza. Color. Música. Humanidad.
Para Emro aquello era como descubrir el Arca de la Alianza, sus manos temblaban.
Emro: Pu... ¿Puedo...?
Alan le pasó el radio con cuidado, Emro lo sostuvo como si fuera un bebé. Lo giró y examinó los botones con dedos que habían olvidado cómo tocar la guitarra pero que recordaban cómo sostener un instrumento.
Emro: [susurro] Treinta años. Treinta años sin escuchar música real. Solo... solo mi memoria. Solo las canciones que tarareaba. [mirando a los otros] ¿Creen que funciona?
Jassim: [pragmático] Solo hay una manera de saber.
Emro encontró el compartimento de baterías.
Lo abrió, el pestillo de plástico todavía funcionaba después de décadas.
Las cuatro baterías AA estaban ahí, sujetas con la cinta adhesiva que Hamso había usado.
Las insertó como si se tratase de uranio enriquecido.
Positivo, negativo, positivo, negativo, como si de un ritual se tratara, con la meticulosidad de una oración, cerró el compartimento.
Luego tomó la cinta y la insertó en el reproductor y el mecanismo la aceptó con clic satisfactorio.
The Doors — Greatest Hits.
Emro: [mirando a los otros] Si esto funciona... si realmente funciona...
Alan: [poniendo mano en hombro de Emro] Entonces Hamso nos dio más que esperanza de que el exterior existe. Nos dio prueba de que la belleza todavía existe.
Emro asintió. Encontró el botón de PLAY y lo presionó. Nada durante dos segundos. Luego…Clic. Whirrrrr. El mecanismo de la cinta activándose, los engranajes girando y la cinta moviéndose. Y entonces, estática, dos segundos de estática blanca.
(se recomienda reproducción Break on through to the other side)
♪ You know the day destroy the night... Night divides the day Tried to run Tried to hide Break on through to the other side Break on through to the other side Break on through to the other side ♪
La voz de Jim Morrison, grabada en 1967 reproducida en casete en los 80, y encontrada en algún lugar del mundo post-Erupción por Hamso. Y ahora sonando aquí, en el fondo del Pozo, sesenta metros bajo tierra, treinta años después del fin del mundo.
Emro dejó caer la radio, no la soltó, La dejó caer porque sus manos dejaron de funcionar. Cayó sobre su regazo y la música continuó.
♪ Night divides the day ♪