Capítulo 14. El ruido #3
Y Emro lloró, sollozos que sacudían todo su cuerpo esquelético, con las manos cubriendo su viejo rostro.
Sus hombros convulsionaban de emoción, llorando como no había llorado en doce años en el Pozo.
Desde el día que Hamso destruyó su guitarra…
finalmente, Hamso encontró el modo de resarcir su error.
Alan lo abrazó, Jassim puso su mano con complicidad en el hombro de Emro, y los tres permanecieron así. Mientras Jim Morrison cantaba sobre extraños y caras feas y soledad, mientras la música llenaba la cámara pequeña y mientras el milagro de Hamso se revelaba completamente.
Los tres amigos, olieron el aroma de los puros, saborearon el sabor de la tierra, se abrazaron, bailaron alrededor del casete y al son de la música de The Doors, como si de antiguos aborígenes adorando al fuego se tratase.
Saltos, llantos, gritos y movimientos descompasados de tres viejos que estaban retrocediendo 40 años atrás. A momentos en los que la vida era normal, el cielo era azul cielo, el mar y el Sol bañaban su cuerpo y el amor, inundaba sus almas.
No había traído solo mensaje, no había traído regalos. Había traído esperanza.
La canción proseguía y cada letra era un mensaje de revolución, de fuerza de sueños de levantarse contra aquello que te oprime.
♪Tried to run Tried to hide Break on through to the other side Break on through to the other side Break on through to the other side♪
Jassim: Hamso sabía. Sabía que probablemente moriría en el viaje. [pausa] Y usó su última energía no solo para traer un mensaje sino para traer... esto... Para recordarnos que somos humanos.
Lo que ellos no podían predecir en aquel momento de euforia descontrolada y salvaje es que aquel sonido irreverente, no conocía las cárceles, no soportaba el orden, aquel sonido era el caos hecho ruido…
y no se quedaría en esa pequeña cámara de piedra en el Pozo Oscuro, ese sonido estridente que pedía a gritos cruzar otro lado, se iba a colar por la galería que habían abierto en el túnel 12.
El túnel 12 estaba lleno de susurros, pero no eran siempre los mismos susurros, y es porque no siempre las corrientes de aire provenían del mismo sitio.
Estaba formado por una intrincada red de túneles que se conectaban entre sí, galerías creadas por miles de años de goteo constante del agua en la roca, habían convertido la montaña en un queso de gruyer.
Por esto fue tan sencillo excavar aquí dentro y por esto, este sonido, que parece venir de ultratumba, de un mundo muerto como una psicofonía de un lugar que desapareció, se extendió como un virus por toda la montaña.
Y toda la montaña empezó a escuchar algo que jamás habían oído antes,
Ese sonido de un hombre gritando, cantando como si la vida se le fuese en romper con todo lo que le atormentaba, esas baquetas rebotando un ritmo que se queda pegado en la cabeza, esa guitarra que fija un camino a perseguir en cada acorde acompañado de un órgano que emana tonos diabólicos que mueven tu espíritu desde lo más profundo.
Y él, ese hombre de nuevo, invitándote a viva voz a abrirte paso hacia el otro lado.
Los primeros en escuchar fueron los más cercanos, las gentes del Pozo Oscuro, que ya dormían, despertaron.
No gradualmente, sino de golpe, como electrocutados.
Porque el sonido que llenaba el Pozo no era como nada que hubieran escuchado en treinta años.
No era goteo de agua, no era crepitar de braseros, no era gemidos de hombres agonizando.
Era MÚSICA. Real, con batería que golpeaba como corazón desbocado, con guitarra que rasgaba el aire y con órgano que vibraba en frecuencias que hacían temblar el pecho. Y con voz que gritaba sobre romper hacia el otro lado.
♪ Break on through to the other side! ♪ ♪ Break on through to the other side! ♪
Los diecisiete hombres se levantaron, uno por uno, como zombis despertando. Como muertos recordando que alguna vez vivieron, se acercaron al brasero donde formaron un círculo, y escucharon.
Algunos con expresiones de shock, otros llorando inmediatamente, y muchos, simplemente sonriendo, con sonrisas rotas, oxidadas, que no habían usado en años.
Porque recordaban bailes, la radio en coche, un mundo donde la música era tan común que ni siquiera la apreciabas y ahora estaba aquí, en el fondo del infierno.
* * *
Pero el sonido no se detuvo en el Pozo. La acústica de la montaña se amplificaba por los conductos de ventilación, por cada grieta en la roca y por los túneles que conectaban niveles.
Todo actuaba como un sistema de altavoces natural que elevaba la música como si fuese humo anunciando un grito de revolución.
Pasando por el Nivel III, donde los limpiadores del Gran Comedor no sabían lo que estaba ocurriendo ni de dónde venía aquel sonido que les llenaba de energía, como era posible que sin haber apenas comido y terminando ya la jornada, notasen su corazón saltar de potencia.
Miraban hacia arriba como si pudieran ver el sonido con expresiones que pasaban de confusión a asombro y algo parecido a éxtasis. Porque ninguno de ellos había escuchado música, música real, grabada, con instrumentos, en treinta años, habían nacido aquí, no habían escuchado música NUNCA.
En la Despensa, Fodos estaba despierto, como siempre, contando raciones para el día siguiente cuando escuchó la música filtrada por las paredes, distante pero clara.
Se quedó inmóvil con la pluma suspendida sobre papel, y el aliento contenido, aquello no era algo provocado por el sistema, eran tambores de guerra.
Fodos: ¿Qué demonios...?
Caminó hacia la pared este y puso su oído contra la piedra fría. Y entonces escuchó más claramente.
♪ Break on through! ♪ ♪ Break on through to the other side! ♪ ♪ Break on through to the other side! ♪
Y por primera vez en años...Fodos sintió algo y no era precisamente placer ni alegría, era... inquietud. Porque la música significaba vida, y la vida significaba esperanza, y la esperanza era peligrosa.
Todo el Nivel II se quedó petrificado, aquí donde todavía habitaban algunos de los primeros habitantes, ese sonido caló como una lluvia de verano, parecía que les fuese arrancando el sucio gris de su cuerpo mientras les iba limpiando el alma.
Los recolectores más jóvenes no podían entender la mirada inundada de lágrimas de sus mayores, mientras se afanaban por buscar de dónde venía esa música y trataban de entender porque ahora eran más ágiles, como si pudieran flotar.
Oñara: [susurro que nadie escuchó] Así que el mago hace magia después de todo.
De alguna manera sabía que esto era obra de Jassim, o de alguien en el Pozo que había decidido que el silencio había durado suficiente y le encantaba ver cómo toda la colonia colisionaba.
La música trepaba como una enredadera y al igual que el Dogma del Acero se extendía como aceite cayendo, esta música se esparció por el Nivel I como una descarga de adrenalina que esos ancianos llevaban siglos sin sentir.
Magnus despertó sobresaltado en su módulo habitacional, y al tratar de girarse se cayó de su cama dando de bruces contra el suelo. Caminó al exterior donde pudo ver a otros Custodios, estaban ahí, en la "calle", en túnicas de dormir y completamente confundidos.
Custodio Amir: [a Magnus] ¿Escuchas eso?
Magnus: [asintiendo, capucha puesta incluso ahora] Lo escucho.