Capítulo 13. La fe, el brujo y el poder #5
Vorak: [sin girarse] ¿Qué ocurriría si las unidades empezasen adentrarse sin control en el túnel 12?
, ¿regresarían? ¿Si lo hacen? ¿En qué situación quedaría la colonia?
[subiendo el tono] hablas de fe y me pides caos, ¿me pides que deje al azar una salida al exterior sin controlar las consecuencias?
, ¿Crees que los extractores excavarían más carbón sabiendo que el túnel 12 los llevaría al exterior?
, algunos preferirían morir cocidos por la radiación que seguir aquí.
Magnus: [sosegado, se recuesta en la silla] Algunos morirán sí, otros no volverán tal vez, pero la mera idea de que esta montaña y su Orden les protegen de un exterior que puede sanar, les volverá a dar la fe que necesitamos.
Kabil: [fríamente] O ¿la fe que necesitas?
... fe, fe y más fe, ¿qué es la fe, Magnus?
, [sube el tono] ¿mantener ancianos inútiles en el Nivel I?
¡ninguno me sirve ni para revisar cuatro cámaras de vigilancia!
, no buscas la fe, buscas sostener tu casta, algo que ya no es operativo, que se alimentó del miedo y de la esperanza de los primeros habitantes, pero esas brechas, esas debilidades ya no existen. ¡El sistema ahora es perfecto!
Magnus: [con resentimiento] perfecto para un brujo…
Vorak: [conciso] Nadie puede conocer esto Magnus, no dejaré al azar la supervivencia de la colonia. El túnel 12 deber ser sellado.
Magnus, sabía cuándo Vorak era definitivo, eran ya muchos años con él y conocía cuando se podía sacar algo más de él y cuando su paciencia estaba agotada.
Se dejó reposar totalmente sobre la silla, entendiendo que sería su fin, que, sin Fe, los hijos de la montaña serían el ejército de ratas autómatas que quería el Brujo.
Se resignó, de todos modos, él ya era demasiado viejo, y al fin y al cabo Kabil tenía razón en algo, el Nivel I estaba poblado por ancianos inservibles que irían desapareciendo como el alzhéimer devora las mentes.
Entonces lo vio, Magnus giró su vista desde el interior de su capucha, y lo vio. Era su expresión, la definición de superioridad, la imagen de la arrogancia, Kabil sonreía, inclinando ligeramente su cabeza y mirándole por encima de las gafas que brillaban de nuevo por las LED del despacho de Vorak.
Magnus, era viejo, sí, pero de repente afloró en si el recuerdo de aquel magnífico político que siempre tenía un As en la manga, y claro que lo tenía, era algo que sería completamente impredecible, pero no tenía otra opción, no sabía que ocurriría, pero esa bomba tenía que lanzarla, aunque solo fuese por borrar la cara de victoria del Brujo.
Magnus: [con tono cínico] tu sistema es perfecto ¿verdad Brujo?, en todos sus módulos escuchas, en todos sus niveles observas, todo lo conoces…es tan perfecto que no has oído hablar de lo que ocurre en tu programa de … como lo llamas, optimización genética…
Kabil cambió su expresión en milésimas, justo antes de que terminase de pronunciarlo ya sabía lo que iba a contar, como queriendo decirle a Magnus que no lo hiciese, que no detonase ese botón, que no lo había calculado aún, pero era ya tarde.
Kabil: [descolocado] mi programa de optimización genética es un éxito, ya lo he reportado antes.
Magnus: [incorporándose tras el golpe anterior] Sí es un éxito, entiendo que funciona bajo tu conocimiento y beneplácito, y que permites que no sigua las directrices del Dogma, y que no sea un privilegio ventajista con uso exclusivo para algunos…
Vorak: [sensiblemente cansado] Magnus, mi tiempo se está agotando, me aburre escuchar constantemente acusaciones entre ambos que se pierden en retóricas envenenadas. Si tienes algo que decir, hazlo, si no, podemos irnos.
Magnus: [más pausado] Mi Lord, no era mi intención aburriros con los devaneos de un anciano cansado, pero no termino de entender cómo se sentencia la fe de la colonia porque ya no aporta al Orden, mientras que se ejecutan derechos de pernada consentidos.
Vorak, se endureció de golpe, apoyó sus dos grandes manos en el escritorio de caoba y se giró bruscamente hacia Kabil.
Ahora las tornas habían cambiado, Kabil palideció y se sintió acorralado, esto no lo tenía controlado, sabía que no había podido analizar todas las variables posibles para este escenario y el resultado podría ser devastador.
Vorak: [alzando el tono enfurecido] Kabil, ¿de qué demonios estáis hablando?, y no quiero que me muestres más informes, ni notas, ni apuntes ni que hables como si se tratase de unos de tus estúpidos proyectos, [serio y muy directo] ¿Qué ocurre?
Kabil, se ajustó sus gafas, dejó sus carpetas de manila en la mesa, casi arrojándolas, cruzó sus piernas y se recostó en la silla. Suspiró…
Kabil: [con gesto de impotencia] Es Kael, ha pedido asignación única con una reproductora.
El silencio se hizo dueño de la sala, Vorak que se había semi levantado, se volvió a sentar despacio, Magnus estaba inmóvil, se había tirado un órdago, ya que no tenía toda esa información, pero resultó ser cierta y lo iba a aprovechar.
Continuó Kabil.
Kabil: [tratando de normalizar] Vorak, no lo he comentado porque no me ha parecido tan reseñable, al fin y al cabo, es el jefe de la Guardia Gris, y es tu hijo, supuse que debería estar con cierta carga de estrés y que el mismo, sabiendo su puesto, convino en verse siempre con la misma reproductora por algún bien que esperaba que el mismo nos justificase.
Kabil lanzó balones fuera, sabía que tenía toda la responsabilidad que podía existir en contarle esto a Vorak y que el hecho de que Magnus lo hubiese hecho antes que él, lo había dejado a los pies de los caballos, menoscabando la confianza de Vorak en él.
Vorak, no era estúpido, sabía que Kabil conocía esta información y que no lo contó antes porque no había descubierto como sacarle beneficio propio. Pero también entendió el potencial destructivo que tenía esto en manos de quien lo había contado, si Magnus lo sabía, los Custodios también.
Kael había sobrepasado todas las líneas del Dogma del Acero, ningún individuo está por delante del Orden. Kael lo sabía perfectamente, ¡cómo podría haber hecho algo así!
Vorak pensaba a toda velocidad, los silencios se hacían eternos, entendía que Kael se pudiera encaprichar de una mujer, no era eso lo que le preocupaba.
Lo que se le escapaba de sus manos es que ese chico había sido educado en la montaña, en el Dogma, ese acto no entraba en ninguno de los pensamientos que Kael debería tener.
Kael era una grieta y Vorak sabía cómo los Custodios tratan a las grietas.
Magnus: [girándose hacia él] Llámalo como quieras. Pero es un desacato, una traición al Orden y debe ser castigado.
Vorak tenía que decidir, y tenía que ser lo más pragmático posible, se estaba jugando el control de la colonia.
Porque, aunque él tuviese el poder, este residía en los Custodios y en el Consejo.
Si no tenía el apoyo del Consejo, su autoridad podría ser cuestionada, y esto era algo que no podía dejar al azar.
Vorak: [tamborileando dedos sobre mesa] El Jefe de la Guardia Gris, se ha debido confundir con el protocolo, Kabil, debes recordarle en que consiste el programa de optimización genética, esto no puede volver a ocurrir. Y para evitarlo, reclamaré a esa reproductora para mi asignación personal.
Esto era algo que Vorak, había hecho otras veces, era un derecho que tenía asignado y en otras dos ocasiones, siendo más joven, lo había ejecutado.
Pero en este caso, era algo más que ejecutar un derecho de asignación, era la forma más cruel y despiadada que mostrar a los Custodios que nadie, ni siquiera su hijo, puede no seguir el Orden, el Dogma del Acero.
El silencio volvió a atronar la habitación.
Kabil y Magnus, asintieron.
Kabil: Claro Vorak, lo arreglaré todo y transmitiré al Jefe de la Guardia Gris un resumen del protocolo que rige el programa de optimización genética para recordarle los puntos más destacados.
La visita se levantó y se dispusieron a abandonar la sala del despacho cuando Vorak hizo otra matización.
Vorak: [en voz alta] Magnus, el túnel 12, quedará sellado para siempre, ¿entendido?
Silencio incómodo.
Magnus: [saliendo lentamente] Sea mi Lord.
El Capitán estaba cansado, y por primera vez en treinta años...Vorak se preguntó si había cometido el error más grande de su vida.