La Revolución Amarilla Capítulo 13. La fe, el brujo y el poder #2
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Capítulo 13. La fe, el brujo y el poder #2

Kabil se plantó de pie delante del monitor de la cámara estropeada no había imagen, solo su reflejo y se miró en él, y viéndose su propio rostro en aquel monitor, no pudo evitar sonreír, esbozar una sonrisa de victoria, tras más de treinta años de estudio, al fin lo había conseguido, su proyecto, el proyecto Arca, aquel que fue desechado… al fin se culminó.

El gen perfecto, era suyo.

Tenía en sus manos el futuro de la humanidad sin imperfecciones.

Solo había algo que todavía era una amenaza, la duda, la desconfianza de las gentes que aún se aferraban a sus memorias, el recuerdo de la antigua e ineficaz humanidad, aquellas emociones que destruyeron a su compañero ideal, eso era lo único que se oponía a la perfección del Homo Optimus.

Y cuando más masticaba su éxito…

4:00 am

Algo se movió en la cámara 2, Nivel I, en el pasillo central de los Custodios,

Era muy pronto, ¿quién estaba despierto a esas horas?, estos viejos acomodados solían dormir hasta tarde, pero había una sombra moviéndose entre las casetas de los Custodios, caminado con paso lento, arrastrando los pies, y se dirigía hacia el Consejo de los Custodios.

Kabil: [analítico] una sombra entre las sombras, mmm, es intrigante, una pena no tener micrófonos en el exterior.

Quien fuera que fuese, sabía que no podía estar dentro del salón del Consejo, que era peligroso, o susceptible de ser escuchado, paseaba con rumbo errático hasta quedarse inmóvil en un lateral de la torre.

Kabil empezó a ponerse nervioso, le molestaba profundamente que su sistema no controlase todo lo que ocurría fuera, y esa sombra, sabía más que el resto sobre la magia negra de Kabil.

¡De repente!, rápida como una rata que aparece de la nada.

Aparece otra persona, pequeña, tapada con una manta, se mueve veloz, como huyendo de la poca luz que en ese momento baña las calles formadas por los módulos de habitabilidad del Nivel I.

Kabil está, literalmente pegado a la cámara 2, pero no puede saber nada más de lo que ocurre.

¡Le ha entregado algo, y se marcha!

Desaparece, tan rápido que Kabil no es capaz de apreciar la dirección que ha tomado.

Estos actos en las sombras en el Nivel I alteraban mucho a Kabil, había pasado meses desde la Expedición 47, y vigilaba de cerca a los Custodios que dudaban del sistema, la jugada de enviar a sus hijos al exterior fue impactante para ellos a pesar de refugiarse en el Dogma de Acero, por lo que aplacó esa futura brecha.

Pero esto ahora, le descolocaba enormemente.

Kabil: [neurótico] ¡malditos trastos!, ¡no valen para nada!, ¿pero? ¿quién demonios hace tratos en la oscuridad en el Nivel I?, solo yo manejo la información.

Kabil: [con otra voz] piensa Kabil, piensa, [reflexivo] ¿quién necesita información? La información da poder, poder para anticiparte, para decidir, pero también para controlar, pero ¿quién puede tener poder o ambición suficiente para necesitar información para mantenerse? ¿Quién tiene miedo?

Kabil: [con su voz] ¡Claro idiota!, tiene que ser él, ese ser despreciable, que se arrastra como una serpiente y vive entre las grietas de la torre del Consejo, tiene que ser Magnus…

Hoy tenemos reunión de seguimiento con Vorak… y algo está tramando esta sabandija.

Kabil, se apresuró a buscar en toda su información y reportes, algo que pudiera ser significativo en los últimos dos meses, las reuniones se hacían bimensuales, eran momentos en los que estaban solo ellos tres, Kabil, Magnus y Vorak.

Era terriblemente frustrante tener en sus manos el mayor descubrimiento del último siglo y solo poder transmitir reportes de funcionamiento que resultaban aburridos hasta para él.

Pero no podía contar su revelación sobre el proyecto Arca, aún no, no era el momento.

Vorak detestaba que lo aburriesen con el funcionamiento monótono de la montaña.

Kabil había notado que el capitán se estaba haciendo mayor, en otros tiempos, disfrutaba viendo cómo su máquina funcionaba como un engranaje perfecto, pero ahora, parecía que eso le aburría.

En lugar de mandar gente al Pozo, su primera opción era mandarlos al exterior, expediciones suicidas que le trajeran objetos no perecederos de otro tiempo, café, tabaco, alcohol...

cualquier cosa que pudiese resistir en las condiciones apropiadas durante esos años.

Es como si le aburriese el experimento de Kabil, y esto al brujo le incomodaba terriblemente.

Porque lo que Kabil olvidaba es que Vorak no era como él, en realidad nadie era como él, ni en el mundo antiguo ni en este, pero como aquí todo formaba parte de su proyecto, él sentía encajar mejor que nunca en cualquier sitio.

Kabil, empezó a revolotear entre todos sus papeles, no tenía nada distinto que mostrar a Vorak, informes de productividad, nuevas betas de carbón, informes de fallecimientos… ¿De qué le iba hablar?, ¿de nacimientos?

Entonces, abrió el último informe de la doctora Serval, todos eran aburridos, aparte del gran hallazgo del Programa de Optimización Genética, lo demás era solo anotaciones sobre asignaciones y datos de seguimientos de las reproductoras y nacimientos.

Pero esta vez, había una anotación distinta…un código negro.

Era un tipo de código que solo se usaba para remarcar algo inusual entre toda la maraña de cifras que incluían estos informes. Algo sucedió la semana anterior… al brujo se le entornaron los ojos mientras leía

Kabil: ¡Interesante!... y peligroso.

La información que le había llegado en aquel informe de la doctora Serval tenía muchos matices, registraba insurrección y mostraba otro error del sistema. Para su mente analítica era otro fallo en su proyecto, algo que cambiar o modificar para que su estudio no fracasara.

Pero, sobre todo, era información peligrosa, necesitaba estudiar al detalle cada implicación, cada reacción, recrear todos los escenarios posibles antes de comunicarla a Vorak.

Kabil: [moviendo la cabeza hacia los lados, resignado] ese viejo idiota, se lo va a contar todo... esta es la información que le han pasado hoy… Vorak entrará en colera y me confrontara, cuestionará mi proyecto, mi vigilancia... a mí!

Necesitaba construir varios planes alternativos para defender su estatus, para convertir el error en acierto, debía pensar como pensaba Magnus...

5 :00 am

Consejo de los Custodios.

Magnus no caminaba, arrastraba sus pies. Cada paso era negociación con la gravedad, con el dolor, con la voluntad de seguir moviéndose cuando todo en su cuerpo, setenta y cinco años de él, aunque parecían noventa, rogaba por detenerse.

Jamás pudo dejar de arrastrar su culpa por la desaparición de su familia, desde ese momento se movía como un fantasma oscuro, como un espectro de lo que fue, un reflejo maligno que odia a todo el mundo y que solo busca la opresión del individuo mediante el Dogma del Acero.

Porque si el que lo tuvo todo, que fue rico, popular, guapo, afortunado, ahora no podía ser feliz, nadie tiene el derecho de serlo. Atormentado, cada día se levanta antes que nadie para ir a rezar a la capilla improvisada y “secreta” que se intuye en la parte más baja de la Torre.

Magnus ayudó a construir todo el Nivel I, allí afincó su nuevo mundo, un lugar donde poder ser algo parecido a lo que fue en el exterior.

Las gentes de la montaña sufrían inhalación, sus trabajos eran forzados y su vida era inhumana.

Estas gentes que habían conocido el mundo anterior a la erupción vivían en una pena constante por todo lo que habían perdido, por sus seres queridos por la vida rota dejada atrás.

Era como si un asteroide gigante hubiese destruido La Tierra y ellos fuesen la última colonia de seres humanos, que, abducidos por una raza extraterrestre superior, ahora fuesen observados como se observa a una granja de hormigas.

Ahora esas gentes necesitaban un sitio donde llorar, aceptar la situación y asimilar el olvido.

Este hueco supo muy bien como ocuparlo Magnus, político brillante y muy buen orador, en seguida supo lo que necesitaba el pueblo.

Les dio Fe, un Dogma, una línea que los preparaba para buscar el Orden total y la supresión del Caos que destruyó su mundo.

El arma perfecta que Magnus manejó con sutileza y que usó para conseguir montar en el Nivel I, todo un poblado de módulos de habitabilidad situados en calles con un fin, llegar al Gran Salón de los Custodios, donde las élites ordenarían el nuevo mundo.

Les dio a todas las élites, un sentido en ese mundo, les ubicó y les dio un propósito.

Ingenieros, médicos, profesores… todos tuvieron su lugar, incluso a los militares les hizo un hueco privilegiado dándoles el Balcón.

Y con el resto, el resto tenía el objetivo de hacer grande ese mundo, de excavar nuevos espacios de hacer que todo creciera, de la fertilidad, del asentamiento.

Si todos seguían el Dogma del Acero, todo cobraba sentido allí dentro y así todo funcionó durante años.

Pero con el tiempo, el Dogma fue perdiendo sentido, las élites iban muriendo, cada vez eran menos Custodios, y el pueblo, ya no tenía nada nuevo por lo que aspirar.

Los primeros habitantes iban desapareciendo, bien por muertes o bien por ser enviados al Pozo, y con ellos iba desapareciendo la fe, el ansia de que tras tanta lucha habría recompensa, que pronto tendrían el maná.

Ahora los hijos de la montaña son más, trabajan como autómatas, no responden, no piensan, solo comen la bazofia que les da Fodos y ejecutan. En ese mundo en que la montaña se está convirtiendo, no hay hueco para la fe, es un experimento, un proyecto despiadado, creado por un monstruo sin empatía.

En este momento Magnus, tenía más miedo que nunca, cada día se sentía más inútil y notaba cómo la mirada del Brujo le perseguía por doquier.

Pero sabía que Vorak, también era como él, sabía que no era un autómata, anhelaba el exterior, es cierto que la montaña le había dado la gloria que jamás habría tenido fuera, pero a sus más de sesenta años…

era imposible que no se volviese más egoísta, más descuidado.