La Revolución Amarilla Capítulo 13. La fe, el brujo y el poder
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Capítulo 13. La fe, el brujo y el poder

La fe, el brujo y el poder

A sus sesenta y seis años era la eficiencia burocrática encarnada.

Alto y delgado como un alambre, con una postura perfectamente recta que parece más geométrica que orgánica.

Usa gafas de metal pulido que limpia compulsivamente cada hora, dejando las lentes tan transparentes que a veces parece que sus ojos estuvieran flotando sin marco.

Su piel es pálida sin imperfecciones visibles, como si nunca hubiera transpirado en su vida.

Las manos largas, de dedos finos, siempre limpias, con uñas cortadas con precisión milimétrica.

Viste uniforme de Custodio de color gris oscuro, siempre impecable, con un bolsillo del pecho lleno de plumas y pequeñas herramientas de medición. Se mueve con economía absoluta de movimiento, como si hubiera calculado exactamente cuántos pasos necesita dar y no diera ni uno más.

Nunca gesticula. Habla con una voz monótona, sin inflexiones emocionales, como si leyera un reporte técnico incluso cuando ordena ejecuciones. Huele a papel viejo y a químicos de laboratorio.

Es el tipo de hombre que mira a la gente y ve datos, que escucha sufrimiento y calcula eficiencias, que ha convertido la falta de empatía en una virtud profesional y que está empezando, solo empezando, a intuir el precio de esa conversión.

Kabil vivía entre la brillantez y la paranoia, era un científico excelso, lo había demostrado, pero su capacidad de análisis le obligaba a recrear todos los escenarios posibles para cada hecho.

Vivía rodeado de monitores y micrófonos, y procesaba toda la información que le llegaba de todos los rincones de la montaña, bueno, de todos no.

Nivel I - Laboratorio de Kabil

La pantalla parpadeó, otra vez, era la decimotercera vez en las últimas dos horas.

Kabil ajustó sus gafas con movimiento preciso, empujándolas con el dedo medio de la mano derecha, exactamente 2.

3 centímetros hacia arriba sobre el puente de la nariz, y miró el monitor con expresión que habría sido una frustración en alguien con más capacidad emocional.

En él, era simplemente... cálculo frío de problema que necesitaba solución.

La cámara del Nivel III-Sur había fallado de nuevo. La pantalla mostraba estática gris donde debería haber imagen de las entradas a los túneles 7-12. Para Kabil esto eran puntos ciegos, intolerables.

El laboratorio de Kabil, no era laboratorio en el sentido tradicional. No había tubos de ensayo burbujeantes o microscopios relucientes o experimentos dramáticos ocurriendo. Era el centro de control, panóptico electrónico, el ojo que todo lo veía, o intentaba verlo.

Establecido contra la pared este del Nivel I, directamente frente al Balcón de la Guardia Gris.

Disponía de una ubicación estratégica, que ya estaba así orientada desde que Kabil empezó a trabajar en estas instalaciones antes de la erupción.

Desde su única ventana de dos metros de ancho y de vidrio reforzado, Kabil podía ver directamente a los trescientos cincuenta Guardias en sus literas.

Podía observar sin ser observado, porque la ventana tenía el ángulo específico y la luz interior del laboratorio siempre era más tenue que la exterior.

Desde el ojo del Brujo, tenía visión directa de los vigilantes, para asegurar que ellos también estuvieran siendo vigilados.

En la pared norte, una fila de estanterías de metal del suelo al techo, de cinco estantes cada una, que contenían el conocimiento en bruto.

Era lo más parecido a la biblioteca de Alejandría, todo el saber del mundo concentrado en unas estanterías de metal.

Desde registros médicos o datos genéticos a informes de producción o muestras biológicas.

Y la pared del fondo se encontraban las pantallas, aquí estaba el corazón del laboratorio.

Doce monitores, dispuestos en grid de 3x4 y montados en estructura de metal soldado que Jassim había construido en el Año 8.

Se alimentaban con las imágenes de la red de cámaras que instaló Jassim en su día.

Ahora que el mago no estaba... tres de ellas mostraban estática.

Y para conseguir el organismo perfecto de control: los micrófonos. El juguete favorito de Kabil, las imágenes se podían interpretar de una forma o de otra, la luz de la montaña era tenue. Las cámaras solo proporcionaban imágenes, los micrófonos proporcionaban verdad.

Es por esto, que le llamaban el brujo, todos le temían porque de una forma o de otra Kabil siempre estaba allí.

Kabil estaba sentado en su silla de acero, mirando la pantalla con estática. Comenzaba a ponerse nervioso por la falta de control deseado en momentos o lugares que consideraba necesarios. Cuando alguien llamó a la puerta del laboratorio, Kabil giró la cámara de la puerta con el joystick, la vio.

Se trataba de la doctora Serval.

Para ella, siempre resultaba emocionante y sonrojante acercarse al laboratorio de Kabil, no tenía muchas ocasiones para hacerlo y cuando esta se daba, su coraza hermética y fría se entreabría y se caldeaba.

Aquí arriba ya no era la Dra. Serval, directora del programa de optimización genética en el Internado, ya no era la mujer severa que infundía respeto a las matronas del Internado y miedo a las jóvenes reproductoras.

Aquí, en el laboratorio de Kabil, se convertía en una mujer que, al ver a la persona a la que idolatraba casi hasta rozar otro tipo de emociones más viscerales, se volvía más vulnerable, y eso la ponía nerviosa.

Además, esta vez traía algo importante, algo en lo que llevaban trabajando años, desde que entraron al búnker. Se trataba de algo relacionado con el proyecto Arca.

La doctora Serval, entró al laboratorio cuando la puerta se abrió desde dentro en modo automático.

Serval: [desde umbral] Doctor.

Kabil: [sin girar] ¿Resultados del lote 523?

Serval: [entrando, pasos medidos] Sí. [pausa] Y algo más.

Kabil se giró, por primera vez en tres horas apartaba la vista de los monitores.

Kabil: [ajustando gafas] ¿Anomalía?

Serval: [extendiendo informe] Lo opuesto.

Kabil tomó el informe de la doctora y ojeó las páginas. Sus ojos escaneaban el documento hoja a hoja, primera hoja, segunda, tercera… deteniéndose en una tabla de la página siete.

Kabil: [fríamente] Pero el ritmo cardíaco aumentó, estos marcadores...

Serval: [con orgullo] Secuencia completa en página doce.

Kabil pasó las hojas rápidamente hasta que encontró la página doce. Leyó. El silencio se adueñó de la escena durante cuarenta y tres segundos.

Kabil: [susurro] Resistencia genética a... [leyendo] catorce patologías. Predisposición cognitiva superior. Longevidad proyectada...

Serval: [interrumpiendo suavemente] Ciento doce años. Con margen de error de más/menos cuatro.

Kabil dejó informe sobre mesa, lentamente, como si pesara toneladas.

Kabil: [mirándola directamente] ¿Verificaste?

Serval: Tres veces. [pausa] la secuencia es estable a través de simulaciones de seis generaciones.

Kabil: [contenido] Compatibilidad reproductiva...

Serval: [con determinación] Noventa y cuatro por ciento con el banco genético actual. [pausa] Y se autorrefuerza. Cada generación optimiza la anterior.

Kabil cerró informe y miró a Serval con detenimiento durante cinco segundos completos. Ella sostuvo mirada.

Kabil: [cerrando el informe] ¿Madre?

Serval: Reproductora 041. Diecinueve años. Segunda gestación.

Kabil: [asintiendo] ¿Padre?

Serval: Custodio Amir Díaz. [pausa, voz más baja] Antes de su... degradación.

Kabil: [procesando] Ironía. [pausa] Su hijo que nunca conocerá portará el gen que justifica el Proyecto Arca.

Serval: [casi susurro] Justifica todo, Doctor.

Kabil pasó mano sobre el informe con un gesto casi... reverente.

Kabil: Treinta y dos páginas. [pausa] Veinticuatro años de trabajo reducidos a treinta y dos páginas.

Serval: [esperando]

Kabil: [finalmente mirándola] Excelente trabajo, Doctora Serval.

Tres palabras, las mismas tres palabras de siempre, pero esta vez, esta única vez, añadió

Kabil: Sin usted... [pausa, buscando palabra] esto no habría sido posible.

Serval sintió calor subiendo a sus mejillas, pero controló la respiración y entrelazó las manos más fuerte de lo normal.

Serval: Sirviendo al proyecto, Doctor. Como siempre.

Kabil: [volviendo a informe] Implementaremos protocolo de preservación genética. La reproductora 041 recibirá protección especial, el embarazo debe ser supervisado cada cuarenta y ocho horas. [pausa] Sin riesgos.

Serval: ¿Y el niño?

Kabil: [levantando vista] ¿Niño?

Serval: Cuando nazca. [pausa] ¿Tratamiento especial?

Kabil: [con frialdad] Monitoreo. Desarrollo cognitivo mensual. Análisis biométrico trimestral. [pausa] Pero crianza estándar. No podemos introducir variables ambientales que contaminen datos.

Serval: [asintiendo] Entendido.

Kabil: [cerrando informe] Redactaré actualización para Vorak.[pausa] Puede retirarse, Doctora.

Serval se giró hacia puerta y caminó unos cinco pasos.

Kabil: [sin girar] Marie.

Ella se detuvo y el corazón acabó acelerándose sin remedio, hacía treinta años que su nombre no era pronunciado por nadie.

Serval: [descolocada] ¿Sí, Doctor?

Kabil: [pausa larga] Descanse. Ha trabajado mucho, la necesitaré…

Serval: [pequeña sonrisa que él no vio] Como usted ordene.

La doctora salió por aquella puerta con la sensación más parecida a un orgasmo que podía encontrar en la montaña. Tras treinta años tratando de buscar la aprobación de su maestro, al fin, la encontró.

La puerta se cerró suavemente y ya en pasillo, sola, Serval tocó la pared para estabilizarse.

Respiró hondo.

"Sin usted, esto no habría sido posible." Siete palabras más que las tres habituales. Las guardaría en su memoria, como un tesoro.

[laboratorio — Kabil solo]

Kabil abrió el informe de nuevo por la página doce.

Al fin, el gen perfecto… por un momento de soledad un pensamiento fugaz, raro en él, le vino a la mente, “Serval ha estado conmigo veinticuatro años”.

Por una fracción de segundo, tan breve que casi no existió, se preguntó qué habría sido del proyecto sin ella.