La Revolución Amarilla Capítulo 12. Amor por designio #3
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Capítulo 12. Amor por designio #3

Cuando la reproductora nº 007 accede al cuarto nº4.

Se queda de pie junto a la puerta durante tres minutos completos.

Solo mirando, procesando. Sus manos, apretadas en puños a los costados, tan fuerte que las uñas se clavaban en las palmas.

Su respiración, se acelera, demasiado, tenía que ser consciente de esforzarse por ralentizarla.

Inhala. Cuenta hasta cuatro. Exhala. Cuenta hasta cuatro. Igual que le había enseñado su madre cuando era niña y tenía miedo. Su corazón, golpeaba contra sus costillas igual que un pájaro enjaulado intentando escapar. Y su mente, corría en círculos. “No puedo hacer esto. Tengo que hacer esto”.

Empezó a prepararse, Iris había dado instrucciones específicas:

"Llegas a las 20:00. Él llega a las 20:15. Usas esos quince minutos para prepararte. Te desvistes parcialmente. No completamente. Solo... lo suficiente. Dejas la túnica en la silla. Te sientas en la cama. Esperas. Cuando él entre, lo guías. Tú estás a cargo del procedimiento. ¿Entendido?"

Amara había asentido, ahora, de pie en el centro de la habitación, las instrucciones parecían imposibles.

Desvístete, siéntate en la cama, espera, guía… palabras simples para acciones imposibles.

Miró la silla, caminando hacia ella, sus manos fueron al cordón de su túnica.

Se detuvo, no podía, no todavía. Necesitaba...

algo más, pero no sabía qué. Miró alrededor de la habitación buscando...

¿qué?, ¿consuelo? ¿coraje? ¿razón?... Y entonces sonó la puerta, TOC, TOC, TOC.

Tres toques secos y directos hacen que Amara se tense y se plante inmóvil en mitad de la habitación.

La puerta del cuarto nº 4 se abre, y por ella entra un hombre, alto, con espaldas anchas, uniforme de militar, puede que un Guardia Gris, semblante serio, pose cansada y muy … ¿atractivo?

Amara, está confundida, está nerviosa, pero al ver a su asignación, algo ha cambiado en su tono de alerta.

No es un viejo custodio, ni un rudo Guardia Gris, ni alguien detestable a primera vista.

Lo que Amara ve, es un alma agotada y rota, es un muchacho joven y fuerte, pero parece aliviado al estar en esas cuatro paredes, donde nadie ve, nadie oye, nadie sabe lo que pasa.

Sus ojos son de color grisáceo y su rostro es pálido, pero con formas marcadas, es un hombre apuesto en el que, sin ninguna duda, ella misma se hubiera fijado si estuviese fuera del Internado.

Pero, aunque a primera vista, la situación no sea tan desagradable como ella esperaba, sigue nerviosa y con todos sus miedos arremolinados en su cabeza, en realidad no sabe quién es ese hombre y se siente analizada.

Kael entra al cuarto nº4, siente alivio, se apoya en la puerta, de la misma manera que lo hizo Amara al entrar, suspira, y deja caer su capa al suelo.

Por algún motivo, ese lugar hace que se sienta un poquito más libre, como si allí no tuviese que ser el jefe de la Guardia Gris, como si no fuese el hijo de Vorak, allí el peso de la montaña no lo persigue y las decisiones que toma no afectarán la vida de nadie, o al menos eso cree.

Tras una pausa de transición, observa la reproductora asignada, parece muy joven, la analiza con su ojo clínico de vencedor de mil combates, como si estuviese de nuevo en el círculo de batalla del Pabellón de Acero.

Le llama la atención su larga trenza de color negro que le llega a la cintura, el camisón de las reproductoras se entreabre ligeramente en la parte delantera dejando al descubierto ligeramente uno de sus pechos.

En pocos segundos Kael empieza a olvidar todos los tormentos que le trajeron hasta aquí y comienza a sentirse más ligero.

Ella sigue parada en mitad de la habitación, quizás también le está analizando a él. Kael se va a empezar a desvestir cuando ella le interrumpe.

Amara: [apresurada] ¡espera! Esa es mi función, yo debo hacerlo.

Ella se acerca despacio, con candidez sinuosa.

Empieza a desabrochar los botones de la chaqueta del uniforme gris, es cuando ve las insignias, aunque no las reconoce.

Mientras le quita la chaqueta, él se fija en su cara, tiene un pequeño lunar bajo su ojo derecho, que hace que no pueda dejar de mirarla.

Tras quitarle la chaqueta, ella trata de desabrochar el botón el pantalón, pero es algo con lo que le falta práctica y no consigue hacerlo de manera sutil.

Kael: [más calmado] espera [pausa] ya termino yo, puedes ir a la cama si lo deseas.

El termina de quitarse la ropa, y se acerca a la cama donde ella le espera.

Amara, le observa mientras se acerca, ya no siente miedo, ahora…

esta impaciente. Desde la distancia aprecia el cuerpo de Kael, fuerte, musculado y bien alimentado.

No tiene nada que ver con lo que se ve en el Nivel II.

Para Amara, es como tener delante algo que jamás ha visto.

Kael se sienta junto a ella, solo es capaz de dejar de mirar sus ojos cuando presta atención a sus pechos, ahora ya nada existe fuera, solo está él con esta mujer y el mundo se para.

Amara, recuerda por un instante lo que le enseñó Nira, le decía que había dos formas de hacer esto, rápido, simplemente túmbate, abre las piernas y déjate hacer, o lento, y “¿cómo es lento?” preguntó, sencillo mi niña, bésalo.

Entonces la reproductora 007, eligió que método seguir, miró a los ojos a Kael, le tomó la cara suavemente y lo besó.

Nadie había besado jamás a aquel soldado, ni como niño, ni como muchacho ni como hombre.

En ese preciso momento, toda la piedra del pecho de Kael, ¡estalló en mil pedazos!

Su piel se erizó y no solo piel, toda la potencia que guardaba dentro se apresuraba por salir.

El cóctel de emociones que se peleaban en él por predominar, se puso de acuerdo en solo una cosa, disfrutar ese momento.

Tras un beso de Amara, venía otro, y luego otro, y otro en el cuello y otro más abajo, y Kael se iba fundiendo con ella en un solo ser, abrazados y sin darse cuenta…

desnudos. Se enroscaban como dos serpientes en aquella pequeña cama, hasta el punto de que se cayeron por un lateral al suelo de piedra.

Eso no les importó demasiado, ni siquiera lo sintieron, ellos no estaban ya en aquel cuarto, no estaban en la montaña, estaban más allá, en el cielo, flotando en una nube.

Él estaba duro como una roca, y no conseguía encontrar donde estaba la humedad que él necesitaba, ella le ayudó sutilmente, pero con cierto recelo. Era su primera vez, y temía que le doliese, o que no le gustase a él.

Amara: [susurra] por favor, despacio.

No hizo falta que ella dijese nada más, él entendió, y con un cuidado y mimo quiropráctico, fue poco a poco penetrando en su interior mientras que seguía besándola en el cuello, hasta que ya no notó más resistencia, ahora sí que se podía afirmar que eran un solo ser.

Juntos se gustaron hasta alcanzar el éxtasis, nunca en esas ruinas grises se podría haber encontrado nadie que fuese tan feliz como en ese momento.

Kael la miraba con detenimiento, tumbado junto a ella, esa mujer que le había formateado el cerebro en tan solo quince minutos, no había nada ya en su cabeza, solo estaban esos ojos que lo clavaban en aquel mohoso colchón.

Sentía su respiración como parte de él, su olor como una segunda piel y su sabor era ahora su nueva religión.

Amara se preguntaba donde se había metido ese hombre antes, porque su existencia había sido una miseria desde la muerte de sus padres hasta el mismísimo momento en el que estaba.

No podía ser todo tan injusto, la conexión era total, y ahora se preguntaba a sí misma, ¿cómo iba a compaginar su nueva vida con lo que estaba empezando a sentir?

¿Ahora él se iría y no lo volvería a ver más?

¿Cuántos pasarían antes de que él volviese?

Riiiiing

Toca la alarma, el tiempo había pasado demasiado rápido, y ellos ni se habían percatado. Las matronas tocaron la puerta con impertinencia.

POM POM POM...

Kael: [molesto] ¡tranquilas ya vamos!

Estaba profundamente molesto por la impertinencia de esa interrupción, es cierto que ya había terminado, pero hubiera estado allí tres horas más con esa mujer.

Amara, estaba jadeando, alterada, sonrojada, flotando, jamás imaginó que su primera asignación fuese a ser así.

Por otro lado, empezó a pensar que después de eso nada sería mejor, que todo sería peor, que, en circunstancias normales, ese hombre sería el hombre de su vida.

Había sentido química, se había sentido como parte de él, eso debía ser lo más parecido a lo que sus padres sentían cuando estaban juntos.

Y acababa de entender que eso es un lujo que ella nunca tendría.

Sin poder evitarlo, sin poder contener sus emociones tras ese momento en el que las dejó llevar por completo, Amara rompe a llorar.

Kael: [preocupado] ¿estás bien? ¿Te hice daño quizás? Lo lamento, lo hice lo mejor que pude, si te soy sincero, no tengo mucha experiencia.

Eso hizo enternecer más a Amara, e hizo que su corazón se encogiese un poco más.

Amara: [sollozando] no, todo fue perfecto, me ha encantado, ha sido… algo mágico. Es solo que para mí es mi primera vez y tenía mucho miedo y nervios, sé que no debo hablar así, lo siento

Kael: [sorprendido] ¿nunca has tenido otra asignación? ¿Yo soy el primero?