Capítulo 11. Hallazgo inesperado #5
Para Kael, este hallazgo fue un martillazo en su corazón, tallado en piedra durante años, lo único parecido a un amigo que tuvo en la montaña, fue Hamso.
Ese guardia degradado, por él mismo, al Pozo por asaltar el almacén general de la guardia y repartir objetos en el Nivel III.
Ese hombre al que Kael, sentenció enviándolo a la expedición 47, con la esperanza de volver a verlo.
Fue un acto cobarde, si pretendía salvarlo y del mismo modo si su objetivo era eliminarlo, él lo sabía y jamás se lo perdonó.
Ahora un año después de la sentencia, Kael veía como sus errores y fantasmas le perseguían, y por segunda vez en poco tiempo, vio su coraza de metal y roca querer partirse desde dentro hacia fuera.
Kael: [voz rota y con ira] ¿Quién demonios sois?
En ese momento la neblina se dispersó, lo suficiente para verse las caras, esto aterrorizó a Jassim, sería reconocido por Kael de inmediato, ¡cómo había sido tan estúpido! Se decía.
Pero algo despistó a Kael, que solo prestó atención sobre el pobre Alan, que quedó paralizado del mismo modo, esos ojos, nunca encontraron en todo este tiempo ojos similares a los que estaban contemplando.
Por un instante, Kael quedó confundido a la par de compungido, un sinfín de emociones recorrían su cuerpo. ¿Quién era ese hombre que lo miraba con su misma mirada?, se vio reflejado en él más fielmente que cuando se miró en el mejor espejo del mundo.
Jassim: [contestó apresurado con la cabeza agachada] extractores mi Lord, nos confundimos de túnel y acabamos aquí desorientados por el susurro.
Sin duda era la peor excusa del mundo, pero Kael parecía más desorientado que los propios supuestos extractores.
Como queriendo salir de aquella situación, se levantó y se erigió recto e imponente, Kael no podía permitirse el lujo de que unos vulgares extractores le viesen agachado y postrado frente a un cadáver, por lo que no quiso alargar más ese momento incómodo.
Se giró con desdén frente al cadáver de Hamso.
Kael: [con autoridad] Volved a vuestros puestos, aquí no se os ha perdido nada.
Kael debía reportar. EL protocolo era claro.
Descubrimiento de cadáver = reporte inmediato a Vorak.
Pero... había algo a modo de mensaje: Hamso, había dibujado algo en el barro, algo que solo Kael vio, y que solo había visto antes en las fotografías de su padre en sus aposentos, era un círculo, con rayas que salían de él.
No podía creerlo, pero Hamso jamás vio algo así antes, cómo sabría el… eso no podía ser otra cosa… era un Sol.
Kael, bloqueado, buscaba explicaciones que solo le iban conduciendo a contradicciones fundadas y más y más dudas.
Se marchó hacia su escolta desapareciendo en la neblina.
JASSIM: [apresurado] ¡Corre Alan! ¡Rápido tenemos que irnos!
Alan, volvió en sí, con la mirada de aquel muchacho grabado en su cabeza, se giró por última vez hacia Hamso y entonces...
¿Qué era eso? Hamso agarraba algo con fuerza en la mano que ocultaba bajo el barro, como si en el último instante se hubiese arrepentido de mostrarlo.
JASSIM. [corriendo hacia el interior del túnel] ¡Qué demonios haces Alan! Tenemos que marcharnos ya.
Alan, en un último acto de valentía del día más largo que podía recordar, se abalanzó sobre aquello que Hamso sujetaba con fuerza, lo tomó, y salió corriendo tras Jassim.
Jassim: [visiblemente molesto] ¡Te has vuelto loco, viejo chiflado! Casi nos pillan, ¿Qué pasará si se preguntan dónde estamos?, ¿qué te ha pasado?
Alan no pronunció palabra hasta llegar a su cámara secreta, y estar a salvo, la misión había sido un éxito, o eso pensaban.
Alan: [pensativo y jadeando] Jassim, ¿quién era ese muchacho?
Jassim: ¿Estás de broma? Es Kael, el jefe de la Guardia Gris por Dios, el hijo del maldito Vorak.
Alan palideció, no cabía otra opción, era él, esos ojos, eran sus ojos, era su hijo, el que Vorak le robó a la muerte de Illana, aquel por el que fue reprimido y finalmente castigado al Pozo... por fin lo había encontrado.
Alan: [llanto contenido] ese muchacho, ese… es mi hijo Jassim.
Entonces Jassim, fijó su mirada en las paredes de esa cámara secreta y lo entendió todo…los nombres que tenía escritos Alan por todas partes, Illana, Kael, era su familia, Alan era aquel profesor al que Vorak envió al infierno.
Ese capitán chiflado jamás le perdonó a Alan la muerte de Illana, a la cual pretendía desde el primer momento de su llegada al búnker.
Ahora le cuadraban las piezas.
Jassim: [tratando de consolar] Alan, ese muchacho ha sido criado a mano de hierro desde niño, a los cinco años ya recitaba el dogma del Orden, y los 20 años ya era el Jefe de la Guardia Gris.
Lo lamento mucho Alan, pero ese hombre es cualquier cosa menos tu hijo, ese niño se fue con tu mujer. El que has visto en el túnel, es ahora un autómata de Vorak.
Le he visto en acción y es una máquina perfecta, sin fisuras. Aunque tengo que confesarte que hoy me ha dejado bastante descolocado, pensé que acabaría con nosotros sin pensarlo.
Ambos sentados en la cámara de Alan, descansaron con las miradas perdidas, había sido un día demasiado intenso y ni siquiera había comenzado.
Entonces… sonó la bocina.