Capítulo 11. Hallazgo inesperado #3
Jassim: [contenido] Alan, lo que se nos plantea aquí es una misión suicida, es cuestión de horas que los guardias bajen al Pozo, no tenemos tanto tiempo para inspeccionar todas las cámaras desconocidas y encontrar cuales pueden conectar con el túnel 12, si nos encuentran...
Alan: [interrumpe] ¿Y si nos encuentran, qué?
¿Nos matarán? créeme, estoy harto de que no me toque a mí, ya no quiero contar más literas vacías, esa mujer no ha venido hasta aquí por cualquier cosa, y lo sabes.
Algo ha aparecido en el túnel 12, y ha venido desde afuera.
[entusiasmado] ¡Tenemos que encontrarlo antes que Kabil!
Jassim sabía de sobra que era una locura, pero hacía mucho tiempo que no se sentía vivo, con ganas de despertar al ingeniero curioso que llevaba dentro, y la determinación de aquel anciano le tenía atónito.
Jassim: [con aceptación] ¿Tienes idea de dónde buscar?
Alan sonrió.
Era una sonrisa terrible, mitad triunfo y mitad locura, tan frágil que dolía mirarla.
Alan: [asintiendo] Sí. Tengo idea exacta.
Alan se movió como si tuviera veinte años menos y cuarenta kilos más. Caminó hacia el túnel 4 con pasos rápidos que a Jassim le costaba seguir. Tomaron sus picos y sus palas y se apresuraron, no tenían mucho tiempo
Alan: [hablando mientras caminaba] Hay un lugar donde voy. Donde me escondo cuando necesito... desaparecer. Veinte minutos de soledad completa. Es un hueco en la pared del túnel 4, detrás de una roca suelta. Apenas lo suficiente para un hombre sentado.
Jassim: [siguiéndolo] ¿Una cámara secreta?
Alan: [mirando sobre hombro, sonrisa fantasma] Tú las diseñaste. Catorce espacios vacíos en excavación. Bolsas de aire. Errores de cálculo que decidiste dejar porque quitarlas costaría más que mantenerlas. Yo encontré una. La hice mía.
Entraron al túnel 4. La oscuridad se tragó la poca luz que venía de los braseros del Pozo, Jassim levantó la lámpara. La luz amarilla proyectó sombras que bailaban en las paredes de roca húmeda.
Doscientos metros adentro, Alan se detuvo frente a sección de pared que parecía exactamente igual a cualquier otra sección. Pero él la conocía, presionó una piedra específica y esta se movió, no mucho, cinco centímetros hacia adentro. Luego empujó lateralmente.
La roca, que no era roca sólida sino roca suelta cuidadosamente posicionada, se deslizó revelando una abertura de sesenta centímetros de ancho.
Alan: [con orgullo] Mi santuario.
Jassim: [impresionado] Veintidós años y nadie lo supo.
Alan: [encogiéndose de hombros] Los Guardias no buscan lo que no saben que falta. Y un hombre que desaparece veinte minutos mientras todos pican carbón... nadie nota. Especialmente si ese hombre es un fantasma que todos ignoran.
Se deslizó por la abertura y Jassim lo siguió, dentro de la cámara, el espacio era minúsculo.
Apenas suficiente para cuatro hombres de pie y apretados.
Las paredes eran roca natural, sin tallar, sin pulir.
Húmedas con condensación constante. Pero había algo más, marcas en las paredes.
Talladas con clavo o piedra afilada durante años.
Líneas verticales, miles de ellas, agrupadas en conjuntos de cinco con línea diagonal cruzando.
Días contados.
22 años = 8,030 días.
Las paredes estaban casi completamente cubiertas de marcas.
Y había más…Nombres de su familia perdida una y otra vez, dibujos toscos de un sol, un árbol, de caras… frases en diferentes idiomas hasta un calendario marcando estaciones que ya no existían.
Y en la pared este, escrito en letras grandes con carbón:
"ESTO NO ES NORMAL. HUBO TIEMPO ANTES. HAbrÁ TIEMPO DESPUÉS."
Jassim lo leyó y sintió algo apretarse en su garganta. Este era el espacio donde Alan había mantenido su cordura durante veintidós años.
Alan: Cuando vengo aquí... cuando cierro la roca detrás de mí y estoy completamente solo... a veces escucho cosas.
Jassim: [alerta] ¿Qué cosas?
Alan: [inclinando cabeza, escuchando] Susurros. Lamentos. Pensé durante años que era mi cabeza. Que finalmente me estaba volviendo loco. Que el aislamiento me hacía escuchar voces. Pero ahora...
Alan: [asintiendo] El túnel 12. El túnel del susurro. Si está al este de aquí... sí hay conexión a través de fisuras en la roca... el viento que circula por esas galerías podría llegar hasta aquí. [tocando pared este] Los susurros que escuchaba no eran mi locura. Eran el túnel respirando.
Jassim: [pragmático] ¿Desde qué dirección vienen los sonidos?
Alan cerró los ojos, inclinó la cabeza y escuchó durante treinta segundos de silencio donde los dos hombres apenas respiraban. Luego Alan abrió los ojos y señaló.
Alan: Ahí. Pared este. Abajo. Cerca del suelo.
Jassim se arrodilló, puso la mano contra la roca donde Alan señalaba.
Cerró los ojos, dejó que su cerebro de ingeniero procesara lo que sentía.
La temperatura, la roca estaba más fría aquí que en el resto de la cámara.
No mucho, dos, quizás tres grados, pero era suficiente.
Y había corriente de aire, minúscula., casi imperceptible.
Pero estaba ahí, tocando su palma como el aliento de un fantasma.
Jassim: [abriendo los ojos, mirando a Alan] Hay algo detrás de esta pared.
Alan: [sonrisa salvaje regresando] Lo sé.
Jassim: [poniéndose de pie, evaluando] La temperatura más fría sugiere que hay espacio al otro lado. Una cámara de aire, un túnel, o algo. Y la corriente…la corriente significa que ese espacio conecta con algo más grande. Algo donde el aire circula.
Alan: [sosteniendo el pico] ¿Cavamos?
Jassim: [asintiendo lentamente] Cavamos. Pero en silencio. Y rápido. Tenemos quizás tres horas antes de que el cambio de guardia traiga una inspección.
Cavaban con ritmo constante, con cada golpe iban quitando fragmentos de roca y revelando más de lo que estaba detrás. Alan usaba la pala para quitar escombros. Jassim cavaba con cada vez más interés, aquello había despertado todas sus ansias de investigación, era un reto mayúsculo.
El agujero crecía, cuarenta centímetros de profundidad, sesenta, ochenta y entonces:
CRAC
Y el sonido cambió, el pico atravesó algo, no golpeó roca sólida. Golpeó roca delgada que cedió y que se rompió revelando espacio detrás.
Jassim retiró el pico, lo que quedaba era un agujero irregular de treinta centímetros de ancho. Oscuridad absoluta del otro lado y entonces los dos lo sintieron.
AIRE.
No aire estancado de cámara cerrada, aire que se movía, que fluía.
Desde el agujero hacia la cámara, fresco, o al menos más fresco que el aire del Pozo. Sin el olor a carbón y sudor y desesperación. Aire que olía a… roca limpia. A humedad diferente. A distancia.
Alan: [susurro] Algo viene de ahí.
Jassim se arrodilló junto al agujero y acercó la lámpara.
La luz penetró treinta, cuarenta, cincuenta centímetros antes de ser tragada por oscuridad más profunda.
Pero en esos cincuenta centímetros visibles podía ver, un pasaje.
Descendiendo en ángulo de quince grados hacia el este, hacia donde estaba el túnel 12.
Y por ese pasaje fluía aire constante, como respiración, como si la montaña misma estuviera inhalando y exhalando, como si algo al final de ese pasaje estuviera vivo.
Jassim: [calculando distancias mentalmente] Si esto desciende quince grados...
y el túnel 12 está aproximadamente doscientos metros al este...
y ochenta metros más profundos... [procesando] este pasaje podría conectar.
No directamente. Pero si través de una red de fisuras naturales.
Como un sistema circulatorio. [mirando a Alan] Los susurros que escuchabas... eran el aire viajando por este sistema.
Alan: [sin apartar ojos del agujero, voz temblando] Durante veintidós años escuché este lugar respirar. Y pensé que era mi locura. [pausa, risa quebrada] Pero era la montaña diciéndome que había salida. Todo este tiempo. Respirando. Esperando.
Extendió la mano y la puso en el flujo de aire cerrando los ojos.
Alan: [susurro] Puedo sentirlo. Viene de lejos. De más allá de la roca. De más allá del sistema. De...de afuera.
Jassim: [pragmático, pero con emoción contenida] Tenemos que ensanchar el pasaje. Hacerlo suficientemente grande para que un hombre pueda entrar.
Alan: [abriendo ojos, mirándolo] ¿Cuánto tiempo?
Jassim: [evaluando] Dos horas. Quizás tres. Depende de qué tan dura sea la roca y qué tan silenciosos podamos ser.
Alan: [con fuego en los ojos] ¡Entonces cavemos!
Y CAVARON, pico y pala, pala y pico y el agujero crecía, centímetro a centímetro, fragmento a fragmento, y con cada golpe, el aire fluía más fuerte.
El susurro se volvía más claro, la respiración de la montaña más profunda.
Como si algo al otro lado supiera que estaban viniendo, esperando después de treinta años de silencio...
* * *
Finalmente, ambos amigos, que así se llamaban después ya de casi dos horas cavando, consiguieron abrir la brecha, Jassim notó que era el último palazo, el último golpe de pico y conteniéndose, le cedió ese lujo a Alan.
Este se lo agradeció, juntando su frente contra al pecho del ingeniero, era una victoria moral y física que Alan merecía.
Sacó fuerza desde lo más profundo de su corazón, como si la mismísima Illana estuviese empujando ese pico con la fuerza de treinta veranos perdidos y con la emoción de muchos días de Reyes no vividos.
Se abrió el túnel, una bocanada de aire fresco inundó los pulmones de los excavadores, a los que se les erizó el vello de todo el cuerpo.
Jassim, conocía ese lugar, había estado meses estudiándolo, era el túnel 12, el susurro, habían llegado a su destino.
Bajaron hacia él desde la boca que se había abierto y Jassim rápidamente lo iluminó con la lámpara, como si hubiese perdido algo, buscaba con celeridad una señal, algo que le sirviera como luz para saber dónde estaba.
Había marcado hasta el km 2 cada 20 metros de ese túnel, si encontraba una señal, estaría en su tramo, en la parte investigada, de no ser así, estarían más lejos, estarían más allá de lo conocido.