La Revolución Amarilla Capítulo 11. Hallazgo inesperado #2
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Capítulo 11. Hallazgo inesperado #2

El montacargas tocó fondo con golpe metálico. Oñara esperó. Contó hasta treinta. El mecanismo de poleas dejó de rechinar arriba.

Dante había soltado las cuerdas, era ahora o nunca.

El calor la golpeó primero.

38°C después de la relativa frescura de los niveles superiores (22°C en Nivel III) era como abrir un horno. El aire denso, húmedo, cargado de azufre y sudor y algo más oscuro, que Oñara había aprendido a identificar como desesperación condensada.

Luego el olor. Carbón. Sudor rancio. Los braseros eternos que nunca se apagaban. La Fosa Común en la pared este donde los muertos iban. Y debajo de todo, ese olor a humanidad concentrada en su punto de quiebre.

La oscuridad era casi total excepto por los cuatro braseros que brillaban en rojo, como los ojos de una bestia insomne. Proyectaban luz suficiente para ver siluetas, pero no detalles. Sombras enormes bailaban en las paredes cuando alguien se movía.

Veintisiete hombres dormían. O intentaban dormir en literas de piedra. En trapos que habían sido mantas, apilados como leña.

Oñara se deslizó del montacargas como una sombra. La manta envuelta alrededor del cuerpo, la hacía parecer un bulto más de trapo.

Nadie se movió.

Oñara pensaba que nadie la veía, por la oscuridad y por el silencio, pero lo que ella no contemplaba es que, en aquel vacío de luz, los habitantes del Pozo eran como gatos en la noche, tenían visión casi infrarroja.

Jassim y Alan se habían percatado de lo ocurrido y paralizados esperaban que pudiera traer aquel espectro en la noche.

Jassim no estaba exactamente donde Oñara había calculado, pero ella sabía que estaba despierto, los novatos en el Pozo no duermen.

Así que se dirigió cerca de uno de los braseros encendidos para que pudiese divisarla.

Jassim levantó la vista cuando la sombra de Oñara bloqueó la luz del brasero.

No dijo nada.

Solo la miró con esa expresión de quien ya no se sorprende de nada porque todo lo sorprendente posible ya ocurrió.

Oñara se sentó y Jassim supo que tenía que ir a su encuentro.

Alan, mientras tanto, miraba a su alrededor, como si tratase de cubrir las espaldas a Jassim, sabía que aquello era trágico, que ese ser, fuera quien fuese, se la estaba jugando y que esa conversación no debería estar produciéndose.

Oñara: [susurrando] Pensé que estarías dormido, mago.

Jassim: Los magos no duermen en el infierno. Solo... esperan el amanecer que no llega.

Oñara: [sonrisa en la oscuridad] Poético. El sufrimiento te hace poeta. Interesante transformación.

Jassim: ¿Qué haces aquí, Oñara? ¿Cómo...? ... ¿cómo bajaste?

Oñara: Los ciegos tienen maneras. Y los Guardias tienen hermanas. Y las hermanas tienen destinos. Y los destinos se compran con información. Todo fluye, mago. Incluyéndome a mí, hacia abajo cuando es necesario.

Jassim: ¿Por qué es necesario?

Oñara: [ajustando la manta, acomodándose] Porque algo ocurrió. Y nadie más sabe todavía. Y tú necesitas saberlo primero.

Jassim: [con amargura] ¿Qué importa lo que sepa? Estoy aquí. En el fondo. Ya no puedo hacer nada con información. Ya no soy...

Oñara: [interrumpiendo, voz más firme] Ya no eres Custodio. Ya no eres el mago del brujo. Ya no tienes poder oficial. Pero sigues siendo el único hombre en esta montaña que entiende cómo funciona cada mecanismo. Y eso, mago, es poder de otro tipo.

Jassim: [negando con la cabeza] No entiendes. Kabil me quitó todo. Acceso, autoridad, herramientas...

Oñara: [interrumpiendo de nuevo] Kabil te quitó las llaves. No te quitó el conocimiento de dónde están las cerraduras. Y ahora, mago dormido que acaba de despertar, te voy a contar algo que convertirá ese conocimiento en fuego.

Jassim la miró. Las gafas todavía en su mano, sin ponérselas, como si no ver con claridad fuera preferible a ver con claridad el lugar donde estaba.

Jassim: [resignado] Habla.

Oñara: [bajando la voz aún más, casi susurro] Esta noche, a las 22:30, algo apareció en el túnel 12. El túnel del susurro. El que investigabas.

Jassim se tensó visiblemente.

Jassim: [alertado] ¿Algo? ¿Qué algo?

Oñara: [pausa larga] No lo sé exactamente. Mi fuente, una Recolectora que estaba cerca, dice que escuchó sonido. Diferente a los susurros usuales. Más... mecánico. Como engranajes. O puertas. O algo moviéndose después de treinta años quieto.

Jassim: [procesando rápido, cerebro de ingeniero activándose] El túnel 12 va hacia el este. Dos kilómetros horizontales. Yo teoricé que era túnel de evacuación del búnker original. Que termina en...

Oñara: [completando] En el otro lado de la montaña. En el exterior. En el mundo de afuera que quizás ya no es tan tóxico como el brujo quiere que creamos.

Silencio. El peso de esa implicación cayó como piedra en agua profunda.

Jassim: [muy bajo] Si el túnel 12 se abrió... si algo salió de él... o si algo puede entrar por él...

Oñara: [asintiendo] Entonces hay salida. Y el brujo ha mentido treinta años sobre la inhabitabilidad del exterior. Y toda su estructura de poder se basa en que no hay alternativa a su sistema.

Jassim: [mirándola fijamente] ¿Por qué me cuentas esto? ¿Qué esperas que haga? Estoy en el Pozo. No puedo subir a investigar el túnel 12. No puedo hacer nada.

Oñara: [sonrisa en la oscuridad] ¿No tienes curiosidad por saber qué ha aparecido allí? ¿No te gustaría saberlo antes que los guardias grises?

Jassim: [comprendiendo lentamente] Estás... ¿estás sugiriendo que...?

Oñara: [acomodándose junto al brasero] No estoy sugiriendo nada.

Los ciegos no sugieren. Solo llevan agua.

Y esta agua dice que el túnel 12 tiene algo.

Los Guardias no lo saben todavía. Tardarán días en descubrirlo porque nadie patrulla túneles clausurados.

[pausa] Tienes una ventana, pequeña, pero la tienes.

Jassim: [procesando] Aunque supiera qué hacer con esa información... aunque pudiera de alguna manera investigar... ¿cómo? Estoy vigilado. El Pozo está sellado. Hay una compuerta arriba con Guardias.

Oñara: [levantándose, preparándose para irse] El Pozo está sellado desde arriba, mago.

Pero alguien me contó hace años, que hay catorce cámaras secretas en los niveles profundos.

Catorce espacios que no están en los mapas oficiales del brujo.

Y el túnel 12 podría conectar con al menos tres de esas cámaras, ¿no es así?

Jassim la miró con algo parecido a asombro.

Jassim: ¿Cómo sabes...?

Oñara: [ya caminando hacia el montacargas] Porque llevo treinta años escuchando a los magos hablar cuando creen que los ciegos no escuchan nada importante. Y porque alguien tiene que mover las piezas en el tablero, mago.

Y tú acabas de volverte pieza muy interesante.

Jassim: [levantándose,] Oñara. Espera. ¿Por qué haces esto? ¿Qué ganas tú con arriesgarte a bajar aquí?

Oñara se detuvo.

Se volteó hacia él.

Los ojos blanquecinos lo miraron sin verlo, pero viéndolo todo.

Oñara: Hace veintiséis años, el sistema me quitó algo.

No voy a decir qué, porque no importa. Pero me quitó la razón para vivir.

Y desde entonces, he vivido, porque morirse requiere más energía que seguir.

Pero si hay oportunidad, pequeña, casi imposible, de que este sistema se agriete...

sí hay oportunidad de que el brujo que diseñó mi sufrimiento tenga que mirar su obra destruirse...

entonces vale la pena arriesgar estos cuarenta y dos kilos de huesos viejos.

Jassim: [comprendiendo] Venganza.

Oñara: [negando] No es venganza. La venganza es caliente. Esto es frío. Esto es... ...justicia. O lo más cercano a la justicia que esta montaña permite.

Jassim se quedó de pie junto al brasero durante cinco minutos completos sin moverse.

Recordó, en la oscuridad del Pozo, la historia de Oñara.

Ella era una hermosa mujer cuando entraron al búnker.

Vivía en el Nivel I, no por su utilidad médica o científica, ni por haberlo pagado con dinero; estaba allí, simplemente, por su belleza.

Pero en un mundo horrible, en un desierto gris, esa rareza podía ser una ventaja social o una desgracia. Lamentablemente, fue lo segundo.

Durante la primera revolución de la colonia, el caos se adueñó de la montaña. Entre el desorden y la locura, la belleza de Oñara fue ultrajada por hombres que, tras perder la cordura, la convirtieron en el desahogo de sus deseos.

Cuando la rebelión fue aplacada, Oñara había sido violada y golpeada hasta perder la visión de un ojo.

Dejó de ser un objeto atractivo para el Nivel I; como si de un jarrón roto se tratase, pasó del recibidor a la trastienda.

Pero lo peor no fue eso: lo terrible aconteció cuando Kabil decidió que abortase, tratando al feto que portaba como un simple símbolo del caos.

Ahora Jassim entendía qué movía a aquella anciana a empujarle a la revolución.

Jassim empezó a procesar… El túnel 12. Algo se movió. Salida potencial. Catorce cámaras secretas.

Él tenía el mapa del Pozo y del túnel 12 en su cabeza, pero no conseguía encajar el rompecabezas, es cierto que había cámaras secretas en el Pozo, pero él no las conocía, no llevaba tanto tiempo allí y tampoco había tenido ninguna motivación.

Entonces, notó una presencia, acechándole en la oscuridad, Jassim se giró bruscamente, y allí estaba, esos ojos grises fantasmagóricos, que lo clavaban físicamente.

Como si de un tigre hambriento se tratase, había despertado de un letargo ancestral y se sentía vivo por primera vez en quince años.

Había aprendido a ver en la nada, a escuchar en el vacío, no había nada que se le escapase en el Pozo y esto, en lo que había centrado más que sus cinco sentidos, no iba ser una excepción.

Alan: [con determinación] Sé quién es ella, la conocí. No te hace falta ningún mapa, tú creaste todo lo que hay encima de nosotros, pero yo inventé la vida aquí. Conozco cada centímetro del Pozo, y sé dónde tenemos que ir.

Jassim no podía entender cómo de repente aquel fantasma que deambulaba por la oscuridad se había llenado de vida y de inquietud. Se sentía asustado y emocionado.