Capítulo 8. Nivel III La Sabana #5
Tienen una viga de madera cruzada en horizontal a la altura del pecho, sujeta con alambre a los bordes de la boca, con un cartel metálico oxidado que en el Año 8 decía ACCESO PROHIBIDO y que ahora, después de veintidós años de humedad y carbón, dice algo más parecido a tres letras ilegibles y un símbolo que podría ser una calavera o podría ser simplemente el óxido comiendo el metal con su propia caligrafía.
Nadie entra en ellos oficialmente.
Torbe pasó toda la mañana sentado en una roca, semi escondido, observando a su alrededor, aquel páramo tenía muchas más cosas que ofrecer que las que mostraba, los ratoncitos corrían de arriba abajo, trayendo información a la parte trasera de la Despensa.
Todo tipo de chismes, desde acusaciones y chivatazos a simplemente comentarios de hartazgo por el día a día.
Pero hay otro tipo de información que Fodos necesita para mantenerse en su postura, no se trata solo de los chismes de los ratoncitos, necesita alguien que sepa leer otro lenguaje, que pueda interpretar otros símbolos.
Oñara es una recolectora de agua, parcialmente ciega, aunque lo finge en su totalidad.
Le gusta relatar todo tipo de cosas sin sentido, como si fuese lanzando acertijos cada vez que habla.
Trabaja para Fodos recolectando otro tipo de agua, recolecta información, no esa información que le consiguen sus ratoncitos, no, es información del poder.
Ella ha vivido con los Custodios, sabe cómo se mueven, los conoce y entiende cómo se comportan.
La información que tiene Oñara es de otro calado, es el flujo del poder del Orden y tiene un valor brutal para Fodos.
Se fueron apagando las luces del Nivel III, con los extractores en sus nichos, la calma se hizo cuando los guardias también relajaron su presencia.
Y Torbe decidió hacer lo que mejor sabía hacer, se disfrazó de sombra, y como si estuviese pegado a la oscuridad de la penumbra se acercó hacia la parte, que todavía estaba despierta.
La lámpara de la parte trasera de la Despensa no había parpadeado esa noche.
Fodos estaba solo en su rincón trasero, comiendo directamente del cajón inferior, un pedazo de rata seca que masticaba con la boca abierta, el sonido húmedo resonando en el espacio pequeño, cuando escuchó el golpe suave en las estanterías metálicas.
Tres golpes. Pausa. Dos golpes.
El código.
Fodos dejó de masticar. Tragó sin terminar de masticar Se limpió la grasa de los dedos en la túnica. Se levantó con el gruñido habitual.
Empujó la estantería móvil. Oñara estaba del otro lado. Ella entró sin esperar invitación porque ella nunca esperaba. Era una de las tres personas en toda la montaña que entraban al rincón de Fodos sin pedir permiso. Las otras dos eran Kabil y los Guardias cuando traían entregas.
Oñara caminó directamente hacia la silla de madera, la que no tenía brazos, y se sentó con ese movimiento fluido de quien conoce perfectamente el espacio a pesar de los ojos ciegos.
O supuestamente ciegos.
Fodos: [cerrando la estantería detrás de ella, sin candado] No esperaba visita esta noche.
Su voz salió más irritada de lo pretendido. Había planeado terminar su rata, quizás dormir temprano, quizás no. Ahora tendría que lidiar con ella.
Oñara: [acomodándose en la silla] Las visitas no esperadas son las que traen mejor agua, cerdo. Deberías saberlo.
Nadie más lo llamaba "cerdo" a la cara, nadie excepto ella.
Fodos había intentado corregirla en el Año 22, cuando empezó su arreglo.
Le había dicho que su nombre era Fodos, que "cerdo" era ofensivo, que esperaba respeto.
Ella se había reído, esa risa suave, casi musical, completamente incongruente con lo que decía, y había respondido: "Los cerdos no eligen llamarse cerdos, cerdo.
Simplemente lo son. Y tú eres lo que eres. "
Desde entonces, Fodos había dejado de corregirla, porque Oñara era útil y lo útil se perdona.
Fodos: [volviendo a sentarse] ¿Qué agua traes?
No perdía tiempo con cortesías ya que ella no las esperaba, y él nunca se las ofrecía.
Oñara: Agua de arriba. Del segundo nivel. Donde el mago solía construir sus jaulas invisibles.
Fodos: [dejando de masticar la rata que había retomado] ¿Jassim?
El nombre salió con algo parecido a interés. Jassim había estado en los túneles meses. Nadie del Nivel III lo había visto. Rumores decían que seguía vivo pero ocupado con los túneles misteriosos. Otros rumores decían que había muerto y Kabil lo ocultaba.
Oñara: El mismo. El que construye con números y olvida que los números sangran.
Fodos: [impaciente] Habla claro, vieja. No tengo tiempo para tus acertijos esta noche.
Oñara: [sonrisa mínima, como si el insulto la divirtiera] ¿No tienes tiempo? ¿O no tuviste ratoncitos que vinieran a visitarte? Pobre cerdo. Debe ser solitario cuando la lámpara no parpadea.
Fodos apretó la mandíbula. Sus dedos gordos se cerraron alrededor del pedazo de rata que sostenía, estrujándolo ligeramente.
Fodos: Cuidado, Oñara. Eres útil, pero no eres insustituible.
Oñara: [sin perder la sonrisa] Mentira. Soy absolutamente insustituible. Porque tus ratoncitos te traen chismes de quién robó un hongo o quién planea esconder tubérculos. Yo te traigo movimientos del Orden. Y esta noche, cerdo, el Orden se movió.
Fodos dejó la rata sobre el escritorio. Se inclinó hacia adelante, los codos sobre la superficie pegajosa, las manos entrelazadas bajo su barbilla incipiente.
Fodos: [centrando su mirada] Te escucho.
La anciana se acomodaba en la silla, cruzando las manos sobre el regazo con esa calma de quien sabe que tiene información valiosa y puede tomarse su tiempo.
Oñara: [con misterio] El mago salió de los túneles esta tarde. No lo vi, claro, mis ojos no ven nada, pero lo sentí pasar cuando recolectaba agua en el Nivel II. Caminaba diferente ahora. Más lento, como si cargara con algo pesado que no es físico.
Fodos: [indiferente] ¿Y?
Oñara: [subiendo ligeramente el tono] Y fue directo a ver al brujo. No pasó por sus aposentos. No se limpió. Fue directo desde los túneles, con el polvo de carbón todavía en la ropa, a las oficinas del Nivel 0. Urgente. Muy urgente.
Fodos: [procesando] Jassim fue a ver a Kabil. Eso no es inusual. Reporta al brujo constantemente.
Oñara: [negando con la cabeza lentamente] No fue a reportar, cerdo.
Fue a confrontar. La diferencia está en los pasos.
Cuando reportas, caminas con cadencia de subordinado.
Pasos medidos, pausados, respetuosos. Cuando confrontas ...
pisas fuerte. Como si quisieras que la montaña entera escuche que estás llegando.
Fodos la miró durante cinco segundos completos.
Fodos: [incrédulo] ¿Me estás diciendo que distingues intención por el sonido de los pasos?
Oñara: [sonrisa más amplia] Llevo treinta años sin ver, cerdo. Mis oídos escuchan lo que tus ojos nunca verán. Y te digo, el mago fue a enfrentar al brujo. Y cuando salió...
Fodos: [inclinándose más] ¿Qué?
Oñara pausó su tempo y su tono, no por dramatismo sino porque genuinamente la información valía un susurro.
Oñara: [susurro] Cuando salió, tres horas después, caminaba como un hombre muerto. Pasos de quien sabe que ya no tiene futuro. He escuchado esos pasos antes. En el Año 7, cuando degradaron a cinco hombres al Pozo. En el Año 15, cuando ejecutaron a los tres del motín. Pasos de condenado.
Silencio. Solo el goteo constante de la filtración en el techo. Ploc. Ploc. Ploc
Fodos: [procesando] ¿Está segura?
Oñara: Nunca estoy segura de nada, cerdo. Solo reporto lo que el agua me cuenta. Y el agua dice que el mago confrontó al brujo. Que perdió. Y que ahora baja.
Fodos: Si Jassim baja al Pozo... eso es... ...inusual.
Oñara: [risa suave] ¿Inusual? Es imposible. El mago es una columna. Los magos no caen. Cuando un mago cae, significa que el edificio está agrietándose.
Fodos: [reclinándose en la silla] O significa que el mago se volvió grieta.
Oñara: [inclinando la cabeza, considerando] Perspicaz. Sí. Quizás el mago se volvió grieta. Y el sistema no tolera grietas. Interesante...
Oñara se quedó callada un momento, los ojos blanquecinos mirando a ninguna parte, como si estuviera escuchando algo lejano.
Oñara: [continuando] Hay más.
Fodos: [con interés renovado] ¿Qué más?
Oñara: Antes de ir al brujo, el mago caminó por el Nivel II. Por el asentamiento. Por los invernaderos. Como si estuviera... ¿cómo decirlo? ...como si estuviera viendo por primera vez. Como si hubiera estado dormido treinta años y acabara de despertar.
Fodos: [intrigado] ¿Qué vio?
Oñara: [encogiéndose de hombros] No puedo saber qué vio. Solo sé dónde estuvo. Pasó veinte minutos frente al módulo del brujo. El Internado blanco, donde las niñas van a ser envases.