Capítulo 5. El descenso del mago #5
Al verme pasar, con la escolta y mi bata blanca, las personas se iban recluyendo, escondiendo, ocultando como gatos en la oscuridad. Sentí que me temían, los niños corrían y se apartaban de mi camino y las mujeres mayores se inclinaban como suplicando clemencia.
No entendía nada, hasta que vi aquel lugar, era un búnker incrustado en la roca, no recordaba haber diseñado esto, se imponía al resto de la arquitectura del Nivel II, sobrio y rural, era como si una nave extraterrestre hubiese aterrizado allí para imponer su orden.
Me acerqué a los guardias del portón y pregunté qué era aquello.
—Es el módulo de control reproductivo, ¡señor! —me indicó el Guardia Gris con firmeza.
¿Qué demonios era esto?
Claro que conocía el proyecto de control de natalidad, pero esto me parecía más una cárcel que un lugar en el que se cuidase a las mujeres embarazadas, no se parecía a un hospital ni de lejos.
Y obviamente no me dejaron entrar…
Fue entonces, cuando me acerqué a asearme un poco a las fuentes comunes de agua que goteaba de la montaña y que los extractores recogían en barreños para almacenarla en los depósitos de agua común.
Allí me encontré con ella, hacía muchos años que no la veía, la recordaba hermosa, y aún lo era, pero el peso de esta montaña le había caído como una losa de cemento.
Envejecida antes de tiempo, pelo blanco desordenado, belleza melancólica en su rostro. Ojos casi ciegos que parecen ver más allá de lo físico. Su voz era más un susurro que apenas se escucha.
Oñara: [con ironía] Vaya, vaya. ¡Pensé que jamás volverías a venir por aquí! El gran mago viendo su creación. ¿Estás satisfecho?
Jassim: [sorprendido] ¿Oñara? ¿Eres tú? [pausa] Han pasado muchos años; apenas te reconocía. ¿Qué tal estás?
Me sentí entre incómodo y arrepentido por pararme allí, ver a esa mujer era para mí como ver un espectro del pasado, ella conoció a Malik y me conoció a mí antes de que todo el sistema estuviese funcionando, era de las pocas personas allá que podía juzgarme a parte de mí mismo.
Oñara: [condescendiente] Pues estoy, que no es poco.
Sigo haciendo mis funciones de recolectora de agua, aunque mis ojos ya no me ayuden.
Me conozco el camino desde la fuente hasta el depósito, y te reconocí al acercarte al Internado.
Estás de visita; ¿has venido a mejorar este sitio?
Por aquí se sigue hablando del mago y de cuándo volverá, pero estas pobres gentes deben haberte confundido con el brujo y prefieren esconderse.
Jassim: ¿Del brujo? ¿Te refieres a Kabil? ¿Qué es el Internado?
Sentí ser maleducado, pero tenía prisa por salir de allí, y por otro lado aquella mujer tenía el extraño arte de mantener el interés en lo que a ella le interesaba. Yo lo sabía, pero no podía escapar de su juego.
Oñara: [mirándole con su ojo bueno] ¿Acaso conoces a más brujos? Él viene aquí, selecciona el ganado, lo marca y, con el tiempo, embarazada, se pone hermoso y, un día, desaparece.
Igual que cuando riegas una planta, la abonas, crece y cuando da su fruto, lo recoges.
Jassim: [acercándose] ¿Qué es el Internado? No conozco este lugar. ¿Por qué no me dejan entrar?
Oñara: [bajando la voz] Haces preguntas sobre magia a una simple recolectora de agua ciega. ¿Acaso no quieres preguntarte a ti mismo? ¿O es que no quieres conocer tus respuestas, Jassim? Llevas mucho tiempo huyendo, pero no eres etéreo, aún no.
Entendí que mi conversación con aquella mujer no iría a ningún punto más, ella sabía mucho más de lo que contaba y a mí me urgía partir más que escucharla.
Claro que podía intuir lo que había dentro de ese módulo, conocía a Kabil, sabía dónde podrían llegar sus experimentos y lo que le gusta el control, el Orden.
Marché de aquel lugar, que solo me traía malos designios; con la sensación de un niño que vuelve el viernes a casa con deberes.
Oñara: [sentándose en la fuente] Adiós, mago. Nos veremos muy pronto…
Jassim y Kabil — laboratorio de Kabil, Nivel 0, Año 29 Septiembre
La puerta del despacho estaba entreabierta cuando Jassim llegó.
No era habitual. Kabil siempre trabajaba con la puerta cerrada, con esa necesidad de privacidad absoluta que había desarrollado durante treinta años de construir sistemas que preferían la oscuridad a la luz.
Pero esta vez la puerta estaba abierta cinco centímetros, lo suficiente para que Jassim pudiera ver el resplandor azulado de las pantallas de ordenador reflejándose en las gafas de Kabil.
Jassim empujó la puerta sin llamar.
Kabil no levantó la vista.
Jassim: [con firmeza] Necesitamos hablar.
Su voz salió más firme de lo que esperaba. Llevaba tres días preparando esta conversación en su cabeza mientras recorría los túneles, mientras veía el asentamiento miserable del Nivel III, mientras las palabras de Oñara resonaban en su mente como el susurro del túnel 12.
Kabil siguió tecleando durante cinco segundos completos antes de responder. Era un gesto calculado. Jassim lo conocía desde los siete años y sabía reconocer cada uno de sus trucos: hacer esperar era establecer jerarquía.
Kabil: [sin levantar la vista de la pantalla] ¿Terminaste el informe de los túneles?
Jassim: [tono brusco] Al demonio con el informe de los túneles.
Ahora sí, Kabil detuvo las manos sobre el teclado.
Levantó la vista con esa lentitud deliberada de quien controla cada músculo de su cuerpo.
Detrás de las gafas, los ojos marrones, más oscuros de lo que Jassim recordaba, o quizás solo más fríos, lo evaluaban como a un problema de ingeniería que necesitaba recalibración.
Kabil: [tono neutro, casi clínico] Interesante elección de prioridades. ¿Vienes directamente de los túneles?
Jassim: [apoyando sus manos en el escritorio] Vengo del Nivel III. Y del Nivel II. Y de ver con mis propios ojos lo que hemos creado.
Jassim dejó caer una carpeta sobre el escritorio con más fuerza de la necesaria. Papeles sueltos, diagramas, notas manuscritas en su letra todavía ordenada a pesar del carbón bajo las uñas.
Jassim: [continuando] Y no se parece en nada, en nada, a lo que diseñamos.
Kabil cogió la carpeta, la abrió, pasó las páginas con dedos metódicos. No leía realmente. Solo estaba dando tiempo a que Jassim se calmara. Otro truco viejo.
Kabil: [cruzando las piernas en la silla] Los diseños iniciales eran... optimistas. Tuvimos que hacer ajustes basados en la realidad operativa. Tú lo sabes. Estuviste en esas reuniones.
La actitud de Kabil iba exasperando cada vez más a Jassim, él sabía cómo provocarlo.
Jassim: [alterándose cada vez más] ¿Ajustes?
[la voz subiendo medio tono] Kabil, el asentamiento del Nivel III era un sistema de calles organizadas con viviendas de dos por dos metros.
Con una plaza central. Con espacio para vivir.
Lo que hay ahora son nichos. Literalmente nichos donde la gente se mete a dormir como animales en corrales.
Kabil: [cerrando la carpeta con precisión] El espacio es un recurso finito. Cada metro cuadrado dedicado a "plazas centrales" es un metro cuadrado que no está produciendo comida o extrayendo carbón. Hicimos la elección correcta.
Jassim: ¿La elección correcta? ¡La elección eficiente, querrás decir! Que no es lo mismo que correcta.
Se hizo un silencio tenso, Kabil se quitó las gafas, ese gesto que hacía cuando necesitaba ganar tres segundos para reorganizar una respuesta, y las limpió con un paño que sacó del cajón superior.
Kabil: [mientras limpia las gafas, sin mirar a Jassim] ¿Viniste aquí a darme una lección de semántica o tienes algo concreto que reportar?
Jassim: Vine a preguntarte por el Internado.
Las manos de Kabil se detuvieron, solo medio segundo, pero Jassim lo vio.
Kabil: [volviendo a ponerse las gafas] El Módulo de Continuidad Genética está funcionando dentro de parámetros aceptables. Los números de natalidad son estables. La mortalidad infantil está controlada. ¿Qué más necesitas saber?
Jassim: [con tono subiendo] Necesito saber qué demonios ocurre dentro de ese edificio que tiene guardias armados en la entrada y que ni siquiera yo puedo entrar a inspeccionar.
Kabil: [cruzando las manos] Es un espacio médico sensible. Requiere protocolos de higiene estrictos. Tu presencia no era necesaria.
Jassim: [elevando la voz] ¡Diseñé la mitad de esta montaña! ¡No hay un conducto de ventilación que no conozca! ¿Y ahora resulta que hay un edificio entero donde no puedo entrar?
Entonces Kabil se levantó, caminando hacia la ventana que da a la vista del Nivel Inferior.
Kabil: [pausado] No quieres entrar, Jassim, créeme. Es mejor que mantengas tu... idealismo intacto.
Jassim: [siguiéndolo] Hablé con Oñara.
Kabil se tensó, fue sutil, solo el cambio en cómo sostenía los hombros, pero Jassim lo captó.
Kabil: Oñara está medio ciega y completamente loca. ¿Desde cuándo tomamos decisiones basadas en los delirios de recolectoras de agua?
Jassim: Me habló de selección, de marcaje, de "ganado" que se engorda y desaparece.
Kabil: [volteándose bruscamente] ¿Y tú le creíste? A una mujer que habla en acertijos y que finge ser vidente porque es la única forma de mantener relevancia en su casta.
Jassim: La creí porque tiene sentido. Porque he visto a las niñas de ocho años siendo "evaluadas". Porque he leído los informes de continuidad genética que produces cada trimestre y que nunca explicas en detalle. Porque conozco cómo piensas, Kabil. Te conozco desde que teníamos siete años.
Kabil: [sonrisa fría] Entonces deberías saber que no hago nada sin razón.
Jassim: ¡Exacto! Y por eso estoy aquí. ¿Cuál es la razón para tener a mujeres encerradas en ese módulo? ¿Cuál es la razón para el "control genético"?
Kabil caminó de vuelta a su escritorio, se sentó, entrelazó los dedos sobre la superficie con esa precisión geométrica que siempre había tenido. Cuando habló, su voz era la de un profesor explicando un concepto básico a un estudiante lento.
Kabil: La humanidad casi se extinguió, Jassim. Sobrevivimos por pura casualidad. Dos mil quinientas personas son todo lo que queda. ¿Sabes lo que eso significa genéticamente?