La Revolución Amarilla Capítulo 5. El descenso del mago #6
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Capítulo 5. El descenso del mago #6

Jassim: [cauteloso] Endogamia. Deriva genética. Lo sé.

Kabil: Entonces sabes que, si dejamos la reproducción al azar, en tres generaciones tendremos una población plagada de enfermedades hereditarias, hemofilia, fibrosis quística, distrofia muscular, defectos cardíacos congénitos… ¿quieres que siga? La lista es interminable.

Jassim: [lentamente] Así que estás... seleccionando.

Kabil: Estoy optimizando. Evaluamos factores genéticos e identificamos portadores de rasgos deseables. Organizamos emparejamientos que maximicen la diversidad genética mientras minimizamos la expresión de genes deletéreos.

Jassim: ¿Organizas emparejamientos? [la voz subiendo] Kabil, eso es... eso es eugenesia.

Kabil: [sin alterarse] Esa palabra tiene connotaciones históricas desafortunadas. Prefiero llamarlo "gestión de recursos genéticos".

Jassim: ¡Llámalo como quieras! ¡Sigue siendo selección artificial de humanos!

Kabil: ¿Y qué alternativa propones? ¿Dejar que la gente se reproduzca libremente hasta que la siguiente generación nazca con tantas malformaciones que no pueda sobrevivir? ¿Eso es más ético?

Jassim abrió la boca, y la cerró casi sin tener nada que reprochar. Abrió las manos y las cerró en puños.

Jassim: [más bajo, controlado] Hay una diferencia entre gestionar la salud genética y.… lo que sea que estés haciendo en ese Internado. Las niñas están marcadas desde los nueve años…

Kabil: [suspiro de impaciencia] Las marcas identificatorias son protocolo médico estándar. Facilitan el seguimiento de historiales.

Jassim: Las marcas en el ganado también son protocolo estándar.

Kabil: No son ganado, son unidades reproductivas y tienen una función específica en el ecosistema de la montaña.

Jassim: [incrédulo] ¿Unidades reproductivas? Kabil, escúchate. ¡Son niñas! ¡Son personas!

Kabil se hartó de repente de la moralidad de Jassim y levantándose bruscamente, golpeó el escritorio con la palma de su mano derecha.

Kabil: [subiendo el tono] ¡No tenemos el lujo de sentimentalismos! ¡Cada decisión que tomamos es entre supervivencia y extinción! ¿Crees que disfruto diseñando estos sistemas?

Jassim: ¡Creo que te has convencido de que son necesarios para justificar hacerlos!

Silencio. Los dos hombres se miraron a través del escritorio, treinta años de historia entre ellos, treinta años de amistad convertida en otra cosa. Algo más frío. Más quebradizo.

Kabil: [más controlado] ¿Sabes cuál es tu problema, Jassim? Siempre ha sido el mismo. Desde que teníamos siete años.

Jassim: [cauteloso] ¿Qué problema?

Kabil: Que eres débil, emocionalmente débil. Te dejas contaminar por sentimientos que nublan el juicio. Te pasó con Malik y te está pasando ahora.

El nombre cayó entre ellos como un cristal rompiéndose, jamás habían hablado de este tema, aunque ambos conocían el pensamiento del otro, y eran conscientes del impacto que tuvo en el principio del fin de su amistad.

Jassim: [tenso] No metas a Malik en esto.

Kabil: [avanzando alrededor del escritorio] ¿Por qué no? Es relevante. Es el origen de todo esto. El momento en que decidiste que las emociones importaban más que la lógica. Que el afecto personal podía justificar alejarte de lo que era correcto.

Jassim: [retrocediendo un paso] Malik no tiene nada que ver con…

Kabil: [interrumpiendo] ¡Lo tiene todo que ver!

Eras brillante, Jassim. Éramos un equipo perfecto.

Dos cerebros funcionando en sincronía absoluta.

Y entonces ella apareció y te convertiste en.

… eso. [gesto despectivo] Alguien que construye casas en árboles para impresionar a mediocres.

Alguien que desperdicia tiempo en fiestas y música y todas esas distracciones que los seres humanos medios necesitan porque no tienen suficiente sustancia interior.

Jassim: [rabia contenida] Malik era mi esposa. La amaba.

Kabil: ¡Exactamente! ¡Amabas! Como si el amor fuera razón suficiente para algo. Como si los sentimientos pudieran construir sistemas que funcionen. Como si la humanidad importara más que la funcionalidad.

Jassim: [casi gritando] ¡La humanidad es el punto! ¡Si perdemos eso, ¿qué estamos salvando?

Kabil: [gritando de vuelta] ¡Estamos salvando la especie! ¡Eso es lo que importa! ¡No los sentimientos individuales! ¡No la comodidad! ¡No las grietas que personas como tú introducen en sistemas perfectamente diseñados!

Jassim: [más bajo, pero con intensidad] ¿Grietas?

Kabil: [recomponiendo la compostura] Sí, grietas, fallos en el código, errores de programación, elementos que introducen caos en el orden.

Se dio la vuelta, caminó hacia la ventana, habló con la espalda hacia Jassim.

Kabil: [continuando] Fuiste mi grieta, Jassim. Mi único fallo de cálculo. Pensé que éramos iguales. Que compartíamos la misma claridad de pensamiento. Pero entonces elegiste a ella sobre nuestro trabajo. Elegiste construir casitas azules en lugar de sistemas reales. Elegiste ser normal.

Jassim: [quebrándose] ¿Y eso es imperdonable? ¿Querer una vida? ¿Querer amor?

Kabil: [volteándose] Es desperdicio de potencial, de capacidad, de todo lo que podríamos haber logrado si no te hubieras... infectado con esa necesidad de conexión humana.

Jassim: [avanzando un paso] Entonces, ¿qué? ¿Decidiste que, si no podías tenerme como compañero en tus experimentos, te asegurarías de que nadie más pudiera? ¿Por eso me enviaste a los túneles durante meses? ¿Para mantenerme alejado mientras construías tu... tu fábrica de humanos controlados?

Kabil: Te envié a los túneles porque eres el único lo suficientemente competente para mapearlos. Y porque sabía que te distraerían de hacer preguntas incómodas sobre aspectos del sistema que no necesitabas supervisar.

Jassim: Aspectos como el Internado.

Kabil: [pausando] Sí.

Jassim: Aspectos como niñas de catorce años siendo asignadas a hombres del Nivel I.

Kabil: [sin emoción] La reproducción dirigida requiere protocolos específicos.

Jassim: [horrorizado] ¿Protocolos? Kabil, estás... estás prostituyendo niñas.

Kabil: [cortante] Estoy gestionando la continuidad genética con los recursos disponibles. Los Custodios tienen genética e inteligencia superiores. Las Reproductoras seleccionadas tienen características físicas óptimas. El emparejamiento es lógico.

Jassim: ¡El emparejamiento es violación institucionalizada!

Kabil: [elevando la voz de nuevo] ¡Es supervivencia! ¿Cómo no lo entiendes? Sin control genético, esta población colapsará en dos generaciones. Con control, podemos crear una especie humana mejorada. Más fuerte, más inteligente y sin las debilidades que casi nos destruyeron.

Jassim: [negando con la cabeza] No. No, Kabil, esto no es mejora, es... es monstruoso.

Kabil: [sonrisa fría] Interesante. Cuando diseñabas los sistemas de ventilación que mantenían vivas a esas mismas personas, ¿eras monstruoso?

Cuando calculabas las raciones óptimas de proteína para maximizar la productividad, ¿eras monstruoso?

¿O solo soy monstruoso yo cuando hago exactamente lo mismo, pero con reproducción en lugar de con tuberías?

Jassim: [buscando palabras] Eso... eso era diferente...

Kabil: ¿Diferente cómo? Explícamelo. ¿Dónde está la línea moral que separa optimizar el consumo de oxígeno de optimizar la transmisión genética? Ambos son sistemas biológicos, ambos requieren gestión y ambos son necesarios para la supervivencia.

Jassim: [casi susurrando] La diferencia es el consentimiento.

Kabil: [risa seca] ¿Consentimiento? Nadie aquí consintió estar en esta montaña. Nadie consintió la Erupción. Nadie consintió el fin del mundo. El consentimiento es un lujo de sociedades con opciones. Nosotros no tenemos opciones. Solo tenemos supervivencia o muerte.

Jassim: Siempre hay opciones.

Kabil, que notaba a su amigo casi vencido, se acercó a él bajando la voz a un tono casi íntimo, casi triste.

Kabil: [susurrando] No, no las hay, y en el fondo, lo sabes.

Por eso estuviste de acuerdo con el sistema de castas.

Por eso diseñaste el Pozo. Por eso calculaste exactamente cuántas calorías necesita un Extractor para trabajar doce horas sin morir demasiado rápido.

Porque entiendes la aritmética brutal de la supervivencia tanto como yo.

Jassim: [retrocediendo] No. No hice esas cosas pensando en...

Kabil: [interrumpiendo] ¿En qué? ¿En que serían usadas exactamente como las estoy usando? ¿En qué cada sistema que diseñaste sería empleado para su propósito más eficiente? Jassim, fuiste cómplice desde el principio. La única diferencia es que yo acepto lo que somos y tú te mientes a ti mismo.

Jassim: No. No soy como tú.

Kabil: [suavemente, casi con ternura] Pero lo fuiste. Durante treinta años lo fuiste, mi mago, mi ingeniero. El hombre que podía construir cualquier cosa que yo diseñara. Funcionábamos perfectamente hasta que ella te infectó con esa necesidad de ser amado, de ser humano.

Se acercó más, hasta estar a centímetros de Jassim.

Kabil: [continuando] Y ahora vienes aquí con tu indignación moral recién descubierta, treinta años tarde, como si no hubieras pasado tres décadas construyendo el andamiaje exacto que yo necesitaba para implementar todo esto. ¿Sabes qué es lo más gracioso?

Jassim: [mirando al suelo] ¿Qué?

Kabil: [mirándolo a los ojos] Que, sin ti, nada de esto habría funcionado.

Los sistemas de ventilación que permiten que mil personas vivan en espacios diseñados para cien.

Los invernaderos que producen suficiente proteína.

Los conductos de agua, todo. Cada mecanismo que hace posible mi control fue diseñado por ti.

Dejó que eso penetrara durante tres segundos de silencio absoluto.

Kabil: [continuando] Así que cuando mires a esas niñas marcadas en el Internado, cuando veas a los Extractores muriendo en el Pozo, cuando observes el sistema perfecto de sufrimiento organizado que es esta montaña... recuerda que tú lo construiste. Yo solo le di propósito.

Jassim: [levantando la vista, lágrimas en los ojos] No, no lo acepto, puedo... puedo deshacerlo. Puedo mejorarlo. Puedo…