La Revolución Amarilla Capítulo 5. El descenso del mago #2
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Capítulo 5. El descenso del mago #2

De hecho, Kabil se negó a participar en el proyecto Blue como así lo llamó Jassim, que no era otro que la construcción de su casa árbol, con lo que pretendía acercarse al resto de sus compañeros y, claro, a Malik.

Kabil, enfurruñado, miraba desde su ventana cómo Jassim construía todo aquello y corregía visualmente todo lo que, a su parecer, su vecino erraba en el proyecto.

Al mismo tiempo, ideaba planes siniestros para destruir aquello y sabotear la fiesta de Jassim.

No lo hacía porque no quisiera a Jassim: simplemente no entendía por qué necesitaba a alguien más que a él y a su mundo.

Pero a pesar de todo el proyecto Blue fue un éxito:

El 70 % de la construcción descansaba en el jardín trasero de sus padres, sobre cuatro pilares de madera tratada hundidos en hormigón (que Jassim había calculado hasta el último centímetro cúbico necesario para soportar 400 kilos de carga).

Los pilares formaban un cuadrado perfecto de 3×3 metros, nivelados con precisión obsesiva usando un nivel láser que había pedido prestado del taller de su padre.

La plataforma base era contrachapado de 18mm con vigas de refuerzo cada 40 centímetros siguiendo un patrón que Jassim había copiado de un manual de construcción de puentes. Podía soportar a ocho personas adultas simultáneamente, aunque nunca hubiera más de cuatro adolescentes ahí al mismo tiempo.

Consiguió crear una conexión con el roble del fondo del jardín que tenía,30 años y 8 metros de altura, que formaba el 30 % restante, con una extensión voladiza que emergía de la plataforma principal y se sujetaba al tronco mediante un sistema de abrazaderas metálicas forradas con goma para no dañar la corteza.

La sección del árbol era más pequeña, un balcón de 1.5×2 metros, pero estratégicamente importante porque era la parte que se veía desde la calle. La parte que hacía que los vecinos dijeran "mira, Jassim construyó una casa en el árbol" en lugar de "mira, Jassim construyó una caseta en su jardín".

Las paredes de madera contrachapada pintadas de azul, tres marcos de ventana rescatados de una demolición que Jassim había restaurado, con vidrio auténtico y bisagras que funcionaban.

Una ventana daba al jardín, otra a la calle, la tercera (la del balcón del árbol) miraba hacia las ramas superiores.

El techo era su orgullo: estructura a dos aguas con listones de madera cubiertos de láminas de policarbonato transparente que dejaban pasar la luz, pero no la lluvia.

Tenía canalones improvisados hechos con canaletas de PVC que dirigían el agua de lluvia a un barril de 50 litros en la esquina ("sistema de recolección de aguas pluviales" lo llamaba Jassim; "un barril" lo llamaban todos los demás).

Pero todo eso, lo podría haber construido cualquiera, para que eso tuviese el sello de Jassim, necesitaba algo más, un sistema de poleas: en el balcón del árbol, una polea fijada a una rama superior permitía subir/bajar una cesta.

Jassim la usaba para subir libros, comida, o cualquier cosa que no quisiera llevar por la escalera.

Sus amigos la usaban para subir refrescos y patatas fritas.

Todos sus compañeros fueron invitados a conocer el proyecto Blue. Él no incluyó este nombre en su invitación, claro: solo les dijo que viniesen a ver algo divertido y que habría comida, bebida y música. Por supuesto, invitó a Malik y sus amigas.

Kabil, no quiso saber nada de todo esto en las semanas en la que se desarrolló el evento, convencido de que todo saldría mal y que su amigo vendría de nuevo a su sótano a experimentar con el orden biológico de las ratas y su comportamiento conductivo, algo que volvía loco a Kabil ya que lo asemejaba al mundo que le rodeaba.

Le sorprendía lo sencillo que era controlar todos los comportamientos de los seres vivos; eso sí, él no participaba de su propio experimento.

Todo era lógica y razonamiento interior.

Para él, las relaciones personales eran —o deberían ser— algo pautado, como en sus estudios con las ratas.

No entendía por qué se dejaba margen a la improvisación y, sobre todo, al error: detestaba el error.

La música comenzó a sonar en el jardín de Jassim, desde su palco preferencial, Kabil desarrollaba todas sus teorías sobre la conducta humana, tenía etiquetados a todos los personajes, los del equipo de fútbol, las chicas de baile, los del club de debate, los de música…

todos se comportaban según él predecía, todos salvo uno, no entendía qué hacía Jassim, se salía por completo de sus estudios y le obligaba a escribir de nuevo sobre el papel.

No se comportaba con actitud predominante, siendo su casa, su proyecto, debía imponer sus normas y sus gustos, pero la comida no era la que le gusta, la música ni de lejos y hablaba con todo tipo de gente con quien jamás él lo habría relacionado.

¿Qué demonios le estaba explicando al capitán del equipo de fútbol sobre el sistema de poleas?

¿O de qué hablaba de música con esa gente?

¿Y, lo más extraño, por qué parecía tropezarse con todo cada vez que se acercaba a Malik?

Sea como fuere, la fiesta de Jassim y su proyecto Blue fue un éxito rotundo y, desde ese día, los vecinos se distanciaron hasta el punto en que, al llegar el verano, Jassim se fue a veranear con la familia de Malik y, al volver, Kabil había pedido el traslado a un instituto de alto rendimiento para chicos con altas capacidades.

Ambos no hicieron demasiado por volverse a ver.

Si bien es cierto que Jassim escribía a Kabil de vez en cuando, dejó de hacerlo ya que notó que él detestaba que le enviase fotos de su verano o de sus lugares favoritos con Malik.

Con el tiempo, Jassim se fue centrando más en su carrera y su vida que en conocer qué ocurría en la cabeza de su amigo.

Mientras que Kabil fue atesorando una mezcolanza de sentimientos rancios hacia el mundo con la sensación de sentirse todavía más superior que cualquier otro ser.

Catalogó lo ocurrido a Jassim como un virus, un error de código, una grieta del sistema, que puede ocurrir a los seres humanos y que debería reprogramarse.

Con esta obsesión, se especializó en ingeniería genética y biología, llegando a convertirse en una eminencia a su edad y a viajar por todo el mundo dando conferencias y alimentando su ego.

Jassim, sin embargo, se hizo ingeniero industrial y trabajó en diversos proyectos, siempre de la mano de su esposa, Malik, de la que resultó ser inseparable.

Pero las normas que rigen el universo son perfectas, y en su perfección crean el caos.

Ocurrió algo terrible, y el mundo colapsó, no de tal modo que la sociedad, los ciudadanos normales, pudiesen predecir tan bruscamente. Pero sí de tal manera que la gente como Kabil pudiese anticipar.

Dos años antes de la gran erupción, Kabil decidió trabajar en el proyecto CUBO, no tenía otra ambición que gestionar una red de búnkeres creados por la OTAN para la protección y mantenimiento de personal cualificado y líderes políticos, en un caso de extrema urgencia.

Era un proyecto apasionante para él, ya que concebía la idea de que algo terrible ocurriese y que todas esas grietas de la sociedad se taparan como si de una selección natural se tratase, y claro, después estaría él, para dar orden a todo ese perfecto caos.

Lo que Kabil no podía predecir era el futuro, aunque tuviese varias teorías formuladas al respecto, y todo ocurrió de repente: todo fue mucho más rápido y atroz de lo que cualquier modelo pudiese predecir.

De ese modo, un quince de marzo, un capitán de tierra encargado del mantenimiento de las instalaciones donde Kabil se encuentra trabajando, decide cerrar las puertas del búnker.

Junto a él, un grupo de personas, todas aquellas que le han desembolsado todo lo que tienen a cambio de un billete sin retorno, de un refugio al horror.

La lluvia de ceniza incandescente ha llegado por fin, y todo el mundo se ha sumido en el caos.

Lo que este hombre no ha contemplado es que no solo le han seguido las élites adineradas de la ciudad, sino también todo aquel que ha visto el convoy de vehículos militares y, como zombis desesperados, se han subido a los carros, a los coches y a cualquier vehículo con dirección al refugio, cuya ubicación era clasificada.

A su paso, los militares de la OTAN ya no ayudan a nadie: no indican qué camino tomar, no se detienen; están en alerta máxima, están en retirada.

Hacen acopio de todo aquello que les puede servir, víveres, combustibles, grupos electrógenos, material de primeros auxilios, medicamentos, mantas, agua potable… rapiñan con todo.

La gente adinerada se acomoda en los vehículos de rescate mientras el mundo colapsa ante sus ojos. No hay sitio para todos, solo los que puedan pagar lo suficiente, solo aquellos previamente elegidos para este proyecto pueden acompañar al convoy.

Pero claro, toda la ciudad en destrucción, y las personas que corren como cuando pateas un hormiguero, con sus niños en brazos, con sus mayores abandonados a su suerte, corriendo por salvar sus vidas y por mantenerse un día más en este mundo que desaparece.

Y lo único que mantiene una esperanza a su alrededor es aquel grupo de militares con órdenes precisas y objetivos siniestros, liderados por un capitán convertido en semidios, que de repente se siente como nacido para ese momento, como si nada de lo que ha hecho en su vida hubiese servido para nada hasta este preciso instante.

Miles de personas seguían al séquito hasta el búnker, y el capitán Nelson Vorak, directamente, ha cerrado la compuerta del búnker, la ha sellado, dejando pasar únicamente a un grupo de unas dos mil personas. Fuera el horror, dentro la desolación.