La Revolución Amarilla Capítulo 2. Nivel I Sector de los Custodios
6%

Capítulo 2. Nivel I Sector de los Custodios

Nivel I: Sector de los Custodios

Vorak descendió por las escaleras de caracol talladas en la roca que comunicaban sus módulos con el Nivel I, en realidad no era algo habitual que él descendiese de sus alturas para mezclarse con las gentes que habitaban el resto de la colonia, de hecho, nunca pasaba de este nivel.

Allí, le esperaba su escolta privada, dos guardias de élite, seleccionados personalmente por él, para recibirle y acompañarle hasta el gran salón, donde tendría lugar el Consejo.

El Gran Salón de los Custodios o del Consejo era el edificio más singular del Nivel I. Fue edificado en simbiosis entre la roca y el módulo de metal. Era la obra maestra de Magnus, el Primer Custodio.

Se accedía por una puerta doble de acero. Tres metros de altura. Pintada de verde oliva descolorido que ya no podía apreciarse, directamente era gris.

Dos Guardias flanqueaban la entrada. Siempre. Turnos de seis horas. No para evitar intrusión, ¿quién se atrevería?, sino como ritual. Como demostración de que este espacio era diferente.

Sagrado, o lo más cercano a sagrado que existía en la montaña.

Estaba distribuido en doce metros de diámetro con forma circular, aprovechando la cueva natural detrás del búnker. El suelo era de baldosas industriales, gris oscuro, rescatadas del búnker. Instaladas en patrón de espiral que comenzaba en el centro y se expandía hacia afuera.

Pero sin duda, algo que costó terriblemente construir, pero que para Magnus era fundamental, era el techo.

Abovedado con seis metros en el punto más alto (centro), era una bóveda mitad diseñada, mitad accidental.

Un resultado asimétrico que parecía estar a punto de colapsar, pero que había permanecido estable durante treinta años.

En el interior, ya estaban los Custodios recitando el Dogma del Acero, cuando Vorak accedió y su presencia colapsó el ritual.

Magnus estaba arrodillado, mirando hacia la abertura de la cúpula, lanzando sus plegarias a un mundo exterior muerto, esperando que algo superior los vigilase y cuidase.

Los Custodios son los supervivientes originales que acompañaron a Vorak en los primeros días tras la Erupción. Militares de alto rango, políticos, científicos de élite que demostraron "lealtad inquebrantable" durante el descenso a la montaña.

Son ellos los encargados de impartir el pensamiento y el orden moral de la montaña. Son ellos los que tienen el poder para impartir la justicia y velar por la salud de la sociedad creada por su gran líder Vorak.

Vestidos todos ellos de manera escrupulosamente similar: túnica negra impecable, cosida una Insignia del Ojo Negro en el pecho, sandalias, para tratar de aparentar humildad, aunque todos provienen de élites adineradas que pagaron su billete a Vorak para entrar en el búnker.

Se ceñían un cinturón negro, con una hebilla grabada con su nombre y su número de custodio.

Cabe destacar que los Custodios solo pueden ser 50, ya que es el número de personas que Vorak necesitó para gobernar por mayoría en los primeros días de la entrada en la montaña, cuando se originó la revolución de los necios.

Y por supuesto, su capucha para ceremonias, sin duda el símbolo que más les caracteriza, les tapa el rostro para que no puedan rendir cuentas a nadie sobre sus decisiones.

Los Custodios no tienen permitido tener familia, como el 90% de la población de la montaña, pero sus descendientes sí son tratados con privilegios de ración y salud.

Excluidos de las labores de extracción, normalmente forman parte de la Guardia Gris y son los únicos que pueden ser Custodios en un futuro.

A medida que Vorak fue acercándose con paso firme y decidido, los Custodios se giraban e inclinaban ligeramente su cabeza en señal de reconocimiento.

Mientras avanzaba, la iluminación del Gran Salón iba alternando luces y sombras entre luz artificial de las LED y la incandescencia de las velas en soportes de piedra, dispuestas en círculo, siguiendo el perímetro del Salón.

La iluminación era dual y contradictoria. Perfecta representación de lo que era el Salón. Las velas solo se encendían durante ceremonias, durante la recitación del Dogma del Acero, durante decisiones importantes del Consejo.

La luz de las velas en roca húmeda creaba sombras que bailaban, reflejos en agua acumulada, sensación de movimiento, aunque todo estuviera quieto cuando las LED estaban apagadas y solo las velas ardían...

El Gran Salón se transformaba de búnker a catedral, de funcional a ritual, de espacio a lugar.

Vorak llegó hasta el lugar donde le esperaba el Primer Custodio, que le saludó tomándole las manos, y juntos se giraron hacia el Blasón que había sobre la pared del fondo y que portaba el emblema de los Custodios.

Un gran triángulo equilátero, gris, con bordes negros gruesos. En el centro del triángulo, un gran ojo con un círculo negro para el iris, sin pupila visible, solo negro sólido. Alrededor del círculo, líneas radiantes como pestañas, simulaban rayos con diez líneas simétricas.

El ojo que todo lo ve, el ojo del orden, el ojo que nunca parpadea.

Debajo del blasón, tallado en la pared de hormigón:

" ORDO AB CHAO "

Orden desde el caos.

Nadie recordaba exactamente quién había diseñado el blasón. Algunos decían que había sido Magnus en los primeros años. Otros decían que Vorak lo había traído conceptualmente y alguien más lo había ejecutado.

Pero ahora era símbolo omnipresente. Repetido en todo aquel lugar de la montaña donde se pudiera grabar, en las puertas del Internado, en la entrada a la Despensa, en los uniformes de Guardias (parche en hombro izquierdo), en todos los documentos oficiales… el triángulo gris con ojo negro.

Mirando. Siempre mirando.

* * *

Debajo del Blasón, en un altar de piedra, se leía:

Del Primer Decreto de Vorak, Año 0 de la Nueva Era

"La Erupción no fue un accidente. Fue el castigo divino por nuestra arrogancia.

La humanidad se creyó libre, y esa libertad destruyó el mundo.

Aquí, en las entrañas de la Montaña Sagrada, construiremos una nueva civilización basada en la única verdad que importa: EL ORDEN NOS SALVA.

Cada hombre, mujer y niño cumplirá su función.

No habrá preguntas. No habrá dudas. Solo obediencia.

Y en esa obediencia encontraremos la supervivencia. "

El sol murió por nuestra libertad.

La ceremonia, liderada por Magnus, el primer custodio, prosiguió con la recitación del Dogma del Acero.

EL DOGMA DEL ACERO (fragmento):

Texto Sagrado Primario (recitado diariamente por Custodios)

"En el principio, hubo Caos.

El hombre fue libre, y en su libertad, destruyó el Edén.

El sol ardió por nuestra arrogancia.

La tierra lloró cenizas por nuestros pecados.

Y en ese infierno de fuego y oscuridad, solo los Fuertes permanecieron.

Solo los que comprendieron la Verdad Suprema:

La Libertad es Muerte. El Orden es Vida.

Nosotros, los Primeros, los que descendimos con Vorak el Salvador,

Portamos el Legado del Acero.

Somos los Guardianes de la Última Humanidad.

Somos los Arquitectos del Mañana.

Somos el Muro entre la Supervivencia y la Extinción.

Este es nuestro Peso. Esta es nuestra Gloria.

El Orden nos salva. El pensamiento es traición. La obediencia es vida.

Así fue. Así es. Así será. Por siempre.

El hombre fue libre, y en su libertad, destruyó el Edén.

Era una psicofonía que se transmitía por los altavoces de la montaña a todos los niveles de la colonia y con la que se daba por comenzado el día.

Vorak odiaba terriblemente esta solemnidad.

Nunca fue un hombre religioso, y siempre se dejó guiar más por el pragmatismo que por la fe.

Pero, en un lugar donde la esperanza es lo único que sirve para mantener las mentes vivas sin que sean destruidas por sus recuerdos, la fe cobraba importancia, y eso Magnus lo sabía y lo supo explotar.

Al fin y al cabo, el Nivel I era la parte de la colonia que aún mantenía más esencia o memoria sobre el mundo anterior, y aún, era la base del poder legislativo en esta sociedad. Vorak los necesitaba y reconocía su importancia.

Cuando llegaron al búnker, el Nivel I era la parte baja del mismo: un espacio abierto en la montaña, ganado a la roca, y que servía para instalaciones experimentales y para mantener módulos de habitabilidad.

Este nivel estaba orientado al trabajo de los científicos destinados en el búnker y al almacenaje de materiales de todo tipo, desde armamento hasta víveres y material médico.

El sitio ideal para asentar la parte noble de la colonia.

Médicos, ingenieros, profesores y personal cualificado fueron reubicados a este sector.

Se trató de conseguir por todos los medios posibles que aquel lugar fuese algo familiar para esas gentes.

Se posicionaron módulos de habitabilidad en filas, tratando de emular un poblado, todos ubicados en dirección a un foro pegado a la pared de la Montaña, donde una cueva natural sería aprovechada para anexar a un antiguo barracón del ejército y construir aquello que llamaron el Gran Salón de los Custodios.

Era lo más cercano a “normal” que existía en la montaña y, precisamente por eso, era lo más perturbador: porque normalizaba lo imposible. Pero lo que más imponía del Nivel I no era el orden de sus calles, que contrastaba con el albedrío de la cueva… no; era su imponente torre.

Se elevaba en la esquina noroeste del Gran Salón del Consejo.

No era una torre en sentido tradicional, no había exterior que ver, no había cielo contra el cual siluetearse, pero dentro de la caverna del Nivel I, la estructura de cuatro pisos dominaba el espacio con su presencia, mitad búnker militar, mitad catedral grotesca.

Las gentes que habitaban la colonia eran gentes destruidas moralmente, habían perdido su vida, sus recuerdos, sus seres queridos y su esperanza. Necesitaban símbolos, algo que les recordara lo que eran aún.