La Revolución Amarilla Prólogo. El último kilómetro
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Prólogo. El último kilómetro

Prólogo

El último kilómetro

Una sombra avanza con desigual proporción de determinación y coraje que de vida en su cuerpo. Lo hace porque necesita llegar, porque lo que ha descubierto tiene que ser transmitido.

Pisada tras pisada, fuerza a su cuerpo a hacer lo que dicta su cabeza, algo que está muy lejos de conseguir.

Las palabras de Jassim —“no trates de subir a la montaña; rodéala y encontrarás la bocana del túnel”— resuenan en su cabeza una y otra vez.

El túnel es largo, más de lo que se imaginó, o puede que no, pero ahora mismo cualquier distancia le parece un horizonte.

Su cuerpo, agotado por la inhalación, quemado por la radiación, y con los pulmones a punto de colapsar bajo el polvo gris volcánico, trata de seguir hasta encontrar la luz.

Y recuerda aquellas veces que le contaron que la mente es capaz de alcanzar metas imposibles; recuerda a los amigos que dejó y por los que tiene que volver.

Solo puede pensar en mostrar las maravillas que lleva, enrolladas en un pequeño paño de cuero, el cual agarra como si del diario del fin del mundo se tratase.

No podía evitar acordarse de los compañeros que dejó atrás, caídos, a los que no pudo ayudar.

Han sido tres días interminables desde que dio por finalizada la expedición y decidió volver por la obligación de ser el único superviviente.

Ahora solo corre porque nota que se le apaga el aliento; se zarandea y choca con las paredes del túnel. No le queda mucho tiempo: en su mente solo está la idea de volver, de contar, de llevar las pruebas de lo que ha visto.

Las pisadas en la oscuridad del túnel son irregulares y asimétricas, se paran y siguen sin ritmo definido, hasta que la temperatura empieza a cambiar, casi cálida, vuelve a sentir ese olor a tumba cerrada que ahora mismo le resulta familiar y anhela.

Por fin… una luz tenue al fondo. Entonces sonríe, pero nota que se va, se vuelve volátil. Se nota flotar.

“No, todavía no”, se dice, pero sabe que la expedición ha terminado.

Y solo puede gritar con su último hilo de voz, pensando con rabia en todo lo que siente en ese último momento:

¡VORAK!

Y sus labios tratan de vocalizar una última palabra que no llega a salir… Sol.