La respuesta (Dirty Diana 3) 15 #3
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Me quito el vestido por la cabeza y lo dejo en la arena.

Me siento joven y fuerte. Como si pudiera volver a nado hasta Malibú si quisiera.

Y cuando veo cómo me miran Jasper y Oliver, me entran ganas de quitarme más ropa.

Juego con la fina tira del sujetador, provocando.

Oliver exhala con suavidad. Me desabrocho el sujetador y lo dejo caer en la arena.

Mis pechos están a la vista, el aire frío hace que los pezones se me pongan duros.

De pronto echo de menos Texas. Las noches de pleno verano en las que el aire es como un abrazo cálido.

Me inclino y me quito las bragas, de manera que estoy completamente desnuda a la luz de la luna.

—¿Venís? —les pregunto.

Sin vacilar, Oliver se desabrocha la camisa, se libra del pantalón vaquero y me sigue al agua como si no quisiera perderse la diversión.

La impresión del agua fría es como darse un baño helado.

Me sumerjo y cuando subo a la superficie veo que Oliver está a mi lado.

Sus fuertes brazos me estrechan. Noto lo excitado que está.

—¿Cómo es posible que seas tan sexy? —pregunta.

Le rodeo la cintura con las piernas y pego mi pecho al suyo.

—Dame calor. —«Nadie se dará cuenta», pienso, «si bajo la pelvis para recibirlo. Nadie se dará cuenta».

—¿Cómo está el agua? —inquiere Jasper.

—Ven a averiguarlo —contesto.

Jasper sacude la cabeza, bañado por la luz de la luna, y empieza a desvestirse. Sus hombros son anchos y perfectamente definidos. Mientras viene hacia nosotros dando zancadas, moviendo los poderosos brazos, Oliver se vuelve hacia mí y musita:

—¿Qué está pasando?

—¿Es que importa?

—No.

Jasper se mete bajo el agua y viene hacia nosotros.

Se detiene cerca. Tiene las pestañas y el pelo negros y mojados.

Nadie habla, pero oigo la respiración de los tres.

El deseo me arrolla. Una sensación de plenitud entre las piernas.

Cojo la mano de Jasper y lo atraigo hacia mí y hacia Oliver, el calor que desprende su cuerpo nos calienta como si fuese el sol.

Después beso a Oliver. Sus manos todavía me sujetan las caderas.

Nuestro beso es intenso inmediatamente, el beso urgente de dos personas que se están despojando de las que eran antes.

Me vuelvo hacia Jasper, con aire vacilante... Uno de ellos me parará los pies si he ido demasiado lejos. Sin embargo, recibe mi beso con tal pasión que veo colores. Vivas explosiones rojas y anaranjadas aparecen ante mis ojos cerrados.

Luego beso a Oliver. De nuevo a Jasper. Hay tan poco espacio entre nuestros labios que los besos se funden, se convierten en un beso prolongado, y solo los distingo por la incipiente barba y el ligero sabor a whisky en los labios de Jasper.

La sensación es de vértigo y mareo, caminamos por una línea que antes era recta y ahora se curva. El agua salada moja nuestros labios.

Empujo a Jasper y a Oliver hacia el otro.

Su nariz se roza. Sus labios están tan cerca que respiran el mismo aire.

Entonces Jasper ladea con suavidad la barbilla de Oliver hacia su boca y lo besa.

El beso empieza con delicadeza y se torna poco a poco algo más urgente, su lengua se entrelaza con deseo.

Nunca he estado más excitada. Después de un largo minuto se separan; en sus ojos, una expresión desenfrenada, a la espera de la siguiente orden.

—Vamos al hotel —propongo.

Nos vestimos en silencio en la playa, la ropa se pega a nuestro cuerpo mojado.

Hacemos el camino de vuelta al hotel sin hablar.

Dejamos atrás a parejas jóvenes que salen de los bares y recogevasos que cuentan las propinas.

Cuando llegamos a nuestra habitación, Oliver abre y entro.

La acaban de limpiar y la cama está hecha perfecta.

Jasper se detiene en el umbral. El corazón me late con fuerza de la expectación, y pensar en el rumbo que podría tomar esta noche hace que me sienta aturdida. Entonces Oliver abre más la puerta despacio, a modo de invitación. Jasper va directo al minibar.

—¿Qué queréis tomar? Tengo Crown o vodka.

Brindamos con las botellitas de alcohol y nos las bebemos. El whisky me abrasa la garganta. Me imagino flotando sobre nosotros tres como un fantasma. Oliver y Jasper se miran, expectantes, pero todavía no se mueven.

Me subo el vestido despacio, dejando a la vista mis bragas de encaje, aún mojadas tras bañarnos en el mar. Me siento en el borde de la cama y abro las piernas, desafiando a que uno de los dos me toque. Oliver se mueve primero, los ojos rebosantes de deseo.

—Me estás matando.

Me quita el vestido por la cabeza, me baja las bragas de encaje y las lanza a la maleta abierta.

Se arrodilla delante de mí y mis piernas abiertas comienzan a temblar.

Oliver tiene el control absoluto. Me atrae tanto su seguridad que casi se me olvida que Jasper está en la habitación.

Pero entonces noto un aliento cálido en la nuca.

Jasper me está besando tiernamente el lóbulo de la oreja, luego lo succiona de ese modo que sabe que me vuelve loca.

—Estás tan mojada... —dice Oliver.

Lanzo un suspiro de placer cuando Jasper ocupa la posición de Oliver entre mis piernas y me las abre más todavía.

Me tiendo en la cama, con Jasper entre mis piernas y Oliver mirando.

Cuando noto el aliento tibio de Jasper en la cara interior del muslo, cierro las piernas instintivamente.

Las pequeñas dudas vuelven. Hemos ido demasiado lejos. Después no habrá vuelta atrás. «Sucia.»

Pero cuando miro a Oliver, la expresión de sus ojos no es dura.

Me pasa una mano por el pecho, me baja el sujetador, me estruja el pecho al descubierto y después masajea entre sus dedos el pezón.

Siento una oleada de excitación: mi marido da permiso a mi amante para que me satisfaga.

Las dudas se desvanecen y mi cuerpo se abre como una flor.

Jasper me mete la caliente lengua y yo gimo de placer.

Me da lo mismo si despierto a los otros huéspedes.

—¿Te gusta eso? —me pregunta Oliver, sin apartar ni un segundo la vista de la boca de Jasper.

—Sí —contesto, desesperada por sentir más la lengua de Jasper dentro de mí, el suave raspar de su incipiente barba entre mis piernas.

Oliver se inclina hacia delante, la boca relajada, y mira mientras Jasper me lame de arriba abajo con toda la lengua. Con una mano, toco la erección de Oliver a través del pantalón vaquero; con la otra le paso los dedos por el pelo mojado a Jasper, sonriendo mientras él me devora.

—Díselo. Dile que te gusta —pide Oliver con voz bronca.

—Me gusta —admito. Jasper mira a Oliver, tiene los labios mojados.

Oliver alarga un brazo por encima de mi cuerpo y me separa más las piernas para que Jasper me pueda tomar entera en su boca.

Cuando lo hace, es Oliver quien gime. Mis ojos escudriñan su cara.

Tiene las mejillas rojas, el sudor le perla la frente—.

¿Quieres que me corra? —le pregunto, sin aliento.

—Mucho... —afirma.

Oliver se inclina sobre mí y me besa mientras Jasper me masajea, metiendo y sacando los dedos de mi sexo rítmicamente.

Siempre ha sabido cómo tocarme. Es su superpoder desde que nos conocimos.

Un conocimiento innato de cómo funcionaba mi cuerpo.

Mi espalda empieza a arquearse y ponerse rígida mientras mi orgasmo va tomando forma poco a poco, más intenso que nunca, pero no puedo permitir que la noche termine. Necesito más.

—Quiero follar a mi marido, ahora —les digo, y me arrodillo en la cama. Oliver se quita los vaqueros, ocupa mi lugar en la cama y se tumba—. Y quiero que tú también te quites la ropa —le digo a Jasper.

Jasper obedece, se quita la sudadera y tira el pantalón encima de la ropa que se ha quitado Oliver. Sonrío al ver el montón de prendas, enmarañadas en el suelo de la habitación de hotel.